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martes, 15 de junio de 2010

Madrid - The End




Madrid me dejó un sabor agradable. Un sabor a comida deliciosa, a cerveza, y por sobre todo, el sabor de los buenos amigos. Nada mejor que estar acompañado en los cortos tres días que estuve en la capital española por mis buenos amigos Francisco e Ivette, chilenos residentes desde hace algunos años por esos lares y amigos desde más años de los que queremos recordar. Y ahí la hospitalidad se manifestó de inmediato, obligándome a alojar con ellos y sirviendo de inmediato sendas botellas de cerveza, más quesos y jamones. Quesos y jamones que seguí viendo todos los días, más gambas, olivas, callos y lo que se me cruzara. Después de varios meses volvía a estar en un lugar donde todo el mundo hablaba español y mi cerebro aún no se acostumbraba: paso a llevar ligeramente a alguien con mi codo y se me sale un "sorry" automático. Claro, acá, igual que en mi país, nadie se anda disculpando por haberse toqueteado casualmente. ¿ Es que se me contagió lo polite en Australia? Bueno, también noto que en las calles de Madrid la gente habla fuerte, y algunos improperios se repiten constantemente en el habla de las personas, especialmente mayores. ¿Por qué será? Bueno, en mi angosta franja de tierra la gente también es un tanto ruda, aunque se acostumbra decir "por favor" de vez en cuando.

Es así como pasé un par de días caminando y caminando, mientras paraba cada cierto rato a refrescarme con una cerveza, cosa que me provocaba hambre, por lo que comía alguna cosa, y luego me daban ganas de ir al baño, por lo que tenía que entrar algún bar y pagar la cerveza correspondiente, y así sucesivamente. Si hay algo de lo cual debo felicitar a los españoles es lo exquisita de su comida y de su saludable sentido de disfrutar la vida, comiendo y tomando rico. Eso y su variedad en encurtidos, charcutería y otros, me hace pensar de que si viviese en Madrid pesaría bastante más kilos de los que mi figura hoy muestra.

Mi visita y paseos incluyó lo que yo creo son los lugares clásicos que un turista visita: Gran Vía y Calle de Alcalá, Plaza de Cibeles, Palacio Real y Catedral de Almudena, Plaza Mayor, parque del Retiro y feria El Rastro. Lo que lo hizo diferente, claro está, fue la compañía, lo cual me llevó por las calles y callejones, recordando añejísimas anécdotas de adolescencia mientras veía a la gente disfrutar del aire libre y de los bares y cafés de la ciudad. Diantres, si tuviese dinero viviría acá y me pasaría la vida entera disfrutando, me digo. Claro, no tengo el dinero, pero que grato eso de que los mejores bares sean los que más sucio estén y que la gente fume dentro, a veces pienso que tanta reglas y limpieza mata un poco la espontaneidad de las gentes y costumbres. Aunque claro, también son importantes la salud y respeto por el espacio de los demás, cosa tan pero tan importante en Australia. Imagínense la cara que puse cuando mi amigo prende con toda confianza su cigarro en una barra, mientras nos sirven unas gambas, ¡esa era una imagen completamente imposible en Oz ! Bueno, creo que esto hará que mi regreso a Chile no sea tan traumático, pienso en ese momento. Y capaz que haya sido un apronte, o algo así, no lo sé.


Y esos días pasaron rápido, muy rápido. Demasiado, me digo. Con algunos gramos de más en mi cuerpo (luego de mi paso por Tokio y Londres mi cuerpo al parecer se había adelgazado aún más). Pienso lo rápido que pasó el tiempo durante ese tiempo. Y ahora, meses después, mientras me pongo frente al fuego de la chimenea y veo algunos cerros nevados en la Cordillera de la Costa, me llego hasta a poner triste. Claro, pasé un año 2009 repleto de sensaciones, aventuras y descubrimientos casi diarios. De pasar a ver casi todos los días a las mismas personas en Chile a conocer todos los días personas completamente diferentes en Australia, de salir de un mundo seguro a un mundo lleno de incertidumbre, pero a la vez repleta de ganancias. Y ahora, escribiendo y releyendo algunas de las entradas de este humilde blog, me recuerdo de las personas que conocí, de Nicole, Ayleen, Mek o Miu, de Liem, Michael, Stephanie o Darren, de Natalyia, Cindy o Monobe, de Sunil, Amit o Jay, y de otros muchos con los cuales disfruté grandes o pequeños momentos. Y claro está, de las personas con las que me crucé en los diferentes viajes ¿Volveré a viajar tanto alguna vez en mi vida? Pareciese que fue hace siglos que salí de Chile y recalé en Auckland, que pasé el año nuevo en Sydney o que disfruté de la vida en Brisbane. Y recuerdo el crisol de caras, colores, lenguas y gestos que pasaron frente a mis ojos en los 15 países que conocí, y pienso que, en el fondo, todos los seres humanos somos más parecidos de lo que queremos creer.

FIN.

martes, 1 de junio de 2010

Londres




Londres, penúltima parada. Este blog ya se acaba.

Llegué luego de un larguísimo viaje de 14 horas desde Tokio. Como de costumbre dormir me costó una enormidad y traté de entretenerme mirando por la ventana las inmensas superficies de lo que supongo era Siberia. Me separo de mis amigos en Heatrow y parto solitario y con una inmensa maleta a buscar mi alojamiento hacia la estación Pimlico del intrincado sistema de metro de la ciudad. Estoy cansadísimo y con un jetlag de mierda, pero feliz de estar en una ciudad tan hermosa. Mis horarios de sueño y comida están cambiadísimos y, para rematar, hace frío. Y yo con un pantalón corto y chaqueta que me sindican como turista a kilómetros. Cuando logro llegar al hostal, luego de dar muchas vueltas sin sentido, estoy agotado y solo quiero dormir.

Me levanto al otro día temprano. Casi todo el hostal aún duerme y eso me permite ducharme y partir rápido. Tomo el metro y me bajo en Green Park. Me habían recomendado muchísimo los parques de la ciudad, pero el frío existente esa mañana (y mi ropa de verano) hacían difícil recostarse en el pasto. Compro un mapa de la ciudad frente a Trafalgar Square y me deleito con los edificios y con la ciudad que rápidamente despierta.

Estoy esperando a mi grupo para hacer mi city tour bajo el monumento a Wellington. No soy un gran fanático de los viajes guiados pero considerando el poco tiempo del que dispongo, un pequeño tour caminando por la City, a pie,en español, y además gratis, es algo que no se debe dejar pasar. La guía resulta ser chilena, y con un gran grupo nos va mostrando los diferentes parques, palacios y rincones de la ciudad, como el Hyde Park, el palacio de Buckingham (confieso que lo encontré bastante aburrido el famoso palacio, digo, me había acostumbrado a palacios con cúpulas de oro y pisos de plata), Trafalgar Square, Downing Street, y muchísimos otros. Me doy cuenta que el par de días que tengo se me harán poquísimo y que no alcanzaré a ver casi nada, y que tendré que priorizar. Mientras veo la abadía de Westminster y el Parlamento con su imponente Big Ben decido pagar ahora por un tour, de la misma empresa, para recorrer la City al día siguiente, confiando en que mejorará el tiempo. Empieza a llover y me refugio en el mejor lugar posible: National Gallery. No se pueden imaginar la felicidad de poder ingresar a un museo repleto de tantas obras de arte que solo había podido comtemplar a través del insípido papel. Y ahí estoy, viendo impresionado la Venus del Espejo de Velázquez y muchas más. La lluvia continúa y camino hacia Oxford Street donde quedo completamente empapado y, creo, con un aspecto de desamparo total. Como algo caliente y veo que la lluvia a parado: es hora de volver al Big Ben para una pequeña sesión de fotos nocturnas y un paseo por el Chinatown, lugar donde me perdí, dando vueltas en círculos mientras me decía ¿pero como diablos salgo de acá?


Buckimgham Palace, National Gallery, Big Ben, Abadía de Westminster, Chinatown y London Eye.

Al día siguiente decido, aprovechando el cielo despejado, no tomar el metro y caminar hacia la City. Me dirijo hacia el British Museum, que con sus 7 millones de muestras, es una proeza de consideraciones visitar. Son tantas las cosas que hay en exhibición permanente que solo me queda pensar ¡¡pero que manera de saquear estos ingleses!! Claro, por que ver un Moai a la entrada, o decenas de momias egipcias, o muestras de la cultura china, japonesa y coreana, da para pensar. Menos mal que la entrada es gratuita, si uno considera que todos estos monumentos se hicieron bajo una política colonialista y con una economía esclavista, es lo menos que deberían hacer estos ingleses por apropiarse de tantas cosas ajenas. Y claro, cuando pienso que ya lo he visto y que ya no quiero volver a ver algo arquelógico en mucho tiempo me topo de frontón con los mármoles del Partenón, o los bajorrelienves de Nínive, y ya estoy exhausto, demasiados estímulos para una mañana, demasiada información que no codifiqué, demasiadas imágenes que pronto olvidaré. Cuatro horas no son suficientes para recorrerlo como corresponde y pienso que podría pasar días enteros en este museo.



Luego, a mi tour por la City. Somos un pequeño grupo, nuevamente con guía chilena, quienes recorremos a pie las callejuelas de la parte más antigua de la ciudad, observando edificios como The Royal Courts of Justice, la Iglesia del Temple, las orillas del Thames, el puente de Londres, la Catedral de San Pablo, la Torre de Londres, etc. Sin embargo, quedo con una sensación de que, en realidad, no conocí nada de la ciudad, que no fui al al Modern Tate ni ha la feria de Camden, que no tomé chocolate caliente en Harrold's , no entré a la Torre de Londres ni me subí al London Eye, y que lo más inglés que hice fue comer un fish & chips y un desayuno inglés en el aeropuerto. Algún día volveré, me digo. Realmente hay demasiado que ver, y mi tiempo y presupuesto fueron escasos, tan escasos que vuelve a caer la noche y ya es tiempo de volver al hostal: es mi última noche, necesito descansar de tanto caminar, y levantarme temprano para tomar un vuelo a mi última escala del viaje: Madrid.





En una de las clásicas cabinas telefónicas: huelen a orines y están repletas de publicidad erótica. Catedral de San Pablo, el puente de la Torre y la famosa Torre (muy cara su entrada para mi presupuesto)

miércoles, 19 de mayo de 2010

Tokio




Los barrios y calles de Tokio se me hacían, por alguna razón, familiares. Como viviendo un deja-vú, parecía reconocer las callejuelas, las tiendas e incluso el rostro de las personas en la calle. Raro, siendo que al mismo tiempo me sentía como un extraterreste recién llegado a alguna civilización lejana, sintiendo que algo flotaba en el aire de la ciudad que la hacía extraña, inescrutable. Puede que mi exposición infantil a manga y animé haya influido en sentir todo relativamente familiar, o bien, que las seriales, películas y revistas que ví y leí cuando niño y adolescente retrataban demasiado bien la vida de este lugar.

Alojamos en el Khao San Ninka Tokio , un simpático y pequeño guesthouse donde uno dormía en una especie de camarote cerrado, dando algo de privacidad al piso compartido con 16 personas más. Es la forma más barata de dormir en un lugar como éste, conocida por ser una de las ciudades más caras del planeta, y vaya que lo es. El concepto es similar al de los "hoteles cápsula" donde cobran por hora, y es utilizada por muchos oficinistas al que se les fue el transporte público o que simplemente quieren dormir una pequeña siesta en medio de su fuerte estrés laboral. Una de las mayores atracciones del guesthouse eran los inodoros, con muchos botones que proporcionaban una tibia y muy limpia experiencia inodorística.

Super Inodoro, con funciones tales como : calentador de asiento y limpiador.

Moverse en Tokio requiere, para un extranjero, desembolsar no sólo una cantidad no despreciable de dinero sino también mucha paciencia. El metro de Tokio es uno de los más grandes del mundo, y es un enmarañado de líneas principales y secundarias que la convierten en un laberinto de proporciones. El problema, además de los nombres de las estaciones, es que las líneas son gestionadas por empresas diferentes, por lo que cambiar de línea también puede ser cambiar de empresa, lo cual sube aún más el valor del boleto. Además, las diferentes líneas confluyen formando enormes estaciones que más parecen ciudades subterráneas. Equivocarse de salida podría significar, literalmente, terminar a más de 10 cuadras de donde deberías llegar. Menos mal que el personal es amable y nos ayudó con indicaciones para poder llegar de la mejor manera a nuestro destino (y la suerte, también). Las personas al interior del metro se comportan de una manera, para mi, curiosa. Casi nadie habla, y si alguien lo hace, es en voz baja. El negro en la vestimenta es lo común. Casi todos leen o apretan casi compulsivamente algún dispositivo electrónico, llámese teléfono celular u otro. Nadie se mira y 5 chilenos hablando todos al mismo tiempo pareciese ser un disturbio al equilibrio existente. Nuevamente, me siento un extraterrestre.


Red del Metro de Tokio, y una de las enormes estaciones.

En la ciudad, modernísima y tecnológica, es posible encontrar remansos de la vida antigua de Japón como en el sector de Chiyoda-ku, lugar donde se encuentra el Palacio del Emperador y sus hermosos jardines. Lástima que no se pueda ingresar al área del palacio propiamente tal. Otro de los parques que pude conocer el Yoyogi Park, lugar donde se celebran tradicionales matrimonios y ceremonias, una ventanita pequeñita a el Japón más profundo y que se puede observar en los pueblos más pequeños. Las ceremonias nupciales son muy complicadas y sofisticadas, con una serie de ritos y trajes perfectos que hace parecer a los novios seres inmaculados y venidos de otra dimensión. Había visto un documental respecto de la vida afectiva de los japoneses durante un pequeño curso de "Negociando con japoneses" en Chile y bueno, me quedé con la impresión de que la vida para una mujer japonesa no es de las más felices, considerando el machismo de la sociedad y que muchos hombres prefieran su vida laboral a la vida familiar. Sin embargo, y aunque lo suponía, me sorprendí de lo morbosos que pueden ser los japoneses. Es cosa de abrir una revista en un minimarket al azar, y empezar a ver que hay noticias políticas, económicas, luego una mujer desnuda, luego noticias deportivas, una mujer disfrazada de colegias mostrando el trasero, luego una entrevista y adivinen, nuevamente una mujer desnuda a todo color. Al lado, una revista se especializa en fotos de modelos en ropas de colegial mostrando coquetamente su ropa interior. Y eso que era un vulgar y corriente minimarket, y no una de las tiendas donde venden revistas y películas XXX junto con manga y animé hentai.


Jardines del Palacio del Emperador.


Yoyogi Park.

Caminar por las calles de Tokio, especialmente en el área cercana a Shibuya, ese famosísimo cruce con paso de peatones enormes iluminado con decenas de enormes anuncios y donde se encuentra el monumento a Hachiko, el perro más famoso de Japón, es una experiencia a los sentidos. Esto dado a que pareciese que cada japonés viste a la moda, y a "su" moda. Contrastando con las hordas de oficinistas, todo vestidos de negro, muchos jóvenes visten de maneras sofisticadas y extravagantes, especialmente las chicas las cuales usan pequeñísimas faldas y extraños sombreros lo cual las hace ver particularmente atractivas. Así que era cosa de caminar y ver un verdadero desfile de modas.


Shibuya.

Pensé que me encontraría en algún momento con algún robot en la calle, o por último, con Ultraman o algo así, en el barrio de Asakusa, famoso por ser un centro de venta de tecnología, entre otras cosas. Afuera de los enormes centros comerciales donde sólo se venden artículos electrónicos o artículos de manga, cientos de jóvenes se reúnen pero no parecen interactuar entre ellos, sino con unas maquinitas portátiles las cuales, supongo, les permiten jugar en línea con otros participantes. A pesar de haber unas 50 personas nadie habla. Al interior de la enorme tienda se vende todo tipo de artículos, como teléfonos celulares con cámara con zoom y flash, cámaras fotográficas con fotos 3D, y muchos juguetes de Godzilla y otros héroes del animé.

Algunos de mis amigos insistían en comer sushi. Si, comer sushi en Japón es como comer pato en Beijing, casi una obligación para el visitante siempre y cuando lo vendieran en alguna parte. Claro, porque en esta parte del mundo te venden que comida japonesa= roll y no, créanme que no, encontrar donde vendan sushi en Japón no es tarea fácil. La gastronomía japonesa está dominada por los productos marinos y deliciosos guisos los cuales tuve oportunidad de degustar (a mi billetera no le gustó tanto). Pero al fin encontramos un kaiten zushi, un bar de sushi con las cintas moviéndose y uno sacando los platos correspondientes a lo que se pagó al entrar, más té verde a discreción. Rico, mucho más rico que los seudosushis a los que nos tienen acostumbrados. Claro, porque "sushi" se refiere a la forma en que está preparado el arroz, aunque extensivo a otras preparaciones (como bolsitas de nori rellenas con huevos de pescado, o tofu con anguila, etc). A pesar de ser solo 7 bocados, salí satisfecho y feliz.


Cenando real comida japonesa, compuesto de tofu, guisos, fideos, entre otros.

Llegué a Shinjuku pensando en encontrarme con geishas. En cambio, me encontré con miles de luces y pensé "esto ya lo he visto". Lost in Traslation. Camino entremedio de la multitud, veo las tiendas luminosas que ofrecen tecnología o shows eróticos, un grupo de jóvenes impecablemente vestidos y peinados (eran prostitutos) y algunas de las mujeres más hermosas que mis miopes ojos han visto.

Shinjuku.

Llueve. Visito Roppongi Hills donde ví TV 3D, conocí la famosa (y aburrida) Torre de Tokio, visité el Templo Zojoji en el barrio de Minato, un mojado y cortísimo paseo al puerto. Caminata por Ginza y sus calles repletas de tiendas de lujo. Estoy cansado, muy cansado. Hay mucho que ver y moverse de un lado a otro es caro. Estoy sorprendido y feliz, pero al mismo tiempo estoy perdido. Japón es una cultura de alto contexto, mucho más que la cultura latina. Hay normas no escritas que recorren las calles de la ciudad y las venas de las personas que marcan a fuego su forma de ser. Jerarquía y orgullo. Tradición y futuro. Ser en parte como occidentales, sin serlo realmente. El wa, el espíritu japonés, algo al parecer indescifrable. Eclecticismo por donde uno mire. Normas y reglas desconocidas para alguien que no nació acá, aunque hayas vivido 20 años acá (como la amable uruguaya que conocimos en una pizzería) y te sientas como japonés, jamás lo serás. A pesar de lo familiar que puede ser muchas cosas, otras son definitivamente de otro planeta, sacada de mentes que funcionan diferente a todo lo que he visto anteriormente. Y todo tiene un aire tan extraño que pienso que me gustaría conocer mucho más de este país, que el tiempo en que estuve fue demasiado corto (tan corto como mi presupuesto) y que definitivamente volvería. Porque es este otro mundo, es otro planeta, y yo estoy caminando entre la multitud pensando en lo fácil que es estar perdido en esta ciudad.

Templo Zozoji

Ginza

jueves, 29 de abril de 2010

Beijing - Parte 1




Yo pensé que lo de "ciudad" en "Ciudad Prohibida" era una exageración. Pero no, no lo es.

Había llegado a Beijing (o Pekín, si quieren seguir las recomendaciones de la RAE) una nublada y contaminada mañana, cruzando los cinco anillos de autopistas que rodean la ciudad y viendo pasar viejos y grises edificios, clásicos infaltables en los países comunistas, y otros de arquitectura imposible, como los headquarters de la CCTV.

Luego de acomodarnos en nuestro gris hotel fuimos cual ganado llevado a través de la extensa red de tren subterráneo de la ciudad a un pequeño teatro donde pude, al fin, ver en vivo a 15 delgadas chinas arriba de una bicicleta o a un montón de acróbatas retorciéndose mientras sostienen varillas con platos. Era el llamado Flying Acrobatic Show y era un muy buen espectáculo, sumamente profesional y entretenido, con excelente vestuario, iluminación y música. Una gran antesala a todo lo que vería en los días siguientes.


Uno de los trajes del show acrobático.

Lo de ser llevado como ganado en el tren subterráneo no es una exageración. La ciudad ebullía en un tránsito imparable de personas. La razón: se acercaba el 1 de octubre y con ello, la celebración de los 60 años de la proclamación de la República Popular China. Cientos de voluntarios y miembros del partido ayudaban a los miles de personas que no cesaban de llegar a la ciudad para ser parte de las celebraciones. Por varias partes de la ciudad, enbanderada y con sus jardines impecables, afiches de la última superproducción cinematográfica eran anunciados: a la izquierda y en colores claros Mao Ze Dong y sus comunistas; a la derecha y en colores oscuros, Chiang Kai Shek y sus nacionalistas. Se sentía un gran espíritu nacionalista y de orgullo por los grandes logros alcanzados por el país y en la televisión no cesaban de dar reportajes sobre la guerra civil o sobre la historia de la RPC, y películas, seriales, teleseries y lo inimaginable sobre Mao, cuyo espíritu pareciese impregnarlo todo.


Afiche de la superproducción "El Nacimiento de una Nación" (o algo así....)

Mao, el mismo responsable de la derrota de los nacionalistas luego de la Segunda Guerra Mundial, de enormes fracasos como fueron El Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, y de, en definitiva, la muerte de unas 30 millones de personas, vigila desde un gran retrato a la plaza Tiananmen. Y ahí estaba parado yo, observando los preparativos en la plaza para la gran celebración e ingresando a la llamada Ciudad Prohibida.

La Ciudad Prohibida está ubicada exactamente en el centro de la ciudad y fue el palacio imperial durante las dinastías Ming y Quing. Ocupa 0,72 km2 y posee alrededor de 800 edificios y más de 9.000 habitaciones. Tras cruzar un puente y el retrato de Mao se ingresa a un gran patio cruzado por un camino rodeado de árboles. Y uno dice guau ! esto es inmenso solo para darte cuenta que aún no has ingresado al palacio y que el enorme muro del fondo resulta ser la Puerta Sur, rodeada de guardias y boleterías. Y traspasando la puerta luego de pagar tu boleto estás realmente ingresando a la Ciudad Prohibida cruzando un, ahora sí, enorme patio cruzado por el Río de Aguas de Oro hacia la Suprema Puerta Imperial.



Ciudad Prohibida, Beijing: entrada frente a la plaza Tiananmen, Puerta Imperial, Palacio de la Armonía Suprema, muros interiores.

Acá todo es demasiado grande, demasiado ornamentado y demasiado lleno de turistas que sacan foto a todo. Son decenas, sino cientos, de salas y construcciones bellamente ornamentadas, a pesar de haber sido saqueadas una y otra vez, y con nombres tan extraños como "Recinto de la Armonía Suprema", "Recinto de la Armonía Protectora", "Palacio de la Tranquilidad Terrenal" y "Pozo de la Concubina Perlada". Todo es tan enorme que parece irreal y a pesar de las masas de turistas, en su gran mayoría chinos, pareciese que las grandes explanadas estuviesen siempre vacías. Y durante más de 4 horas prácticamente corro de un lado para otro observándo los animales mágicos, los dragones, los tronos, las exhibiciones y museos que aparecen como de la nada, los jardines y templos. Y así a pesar del gris día se ilumina el Muro de los Nueve Dragones, el Palacio de la Paz y la Longevidad, el Salón del Cultivo del Carácter, el Pavellón de las Melodías Alegres, el Salón de la Longevidad Feliz y su enorme escultura de jade, el Salón de la Unión y Paz y su enorme talla en puro mármol. He estado seriamente pensando en nombrar las habitaciones de mi casa con nombres como ésos, del tipo "Salón de la Nutrición Terrenal" (cocina), o "Templo de las Evacuaciones Celestiales" (baño) aunque mi idea no ha sido tan bien recibida como esperaba.


Ciudad Prohibida, Beijing: Muro de los 9 Dragones, Jardines Imperiales, Río de las Aguas de Oro, tallado de mármol, y vista desde la Puerta Sur hacia la plaza Tiananmen (en el edificio del fondo, mirando hacia el otro lado, está la famosa foto de Mao)

Exhaustos y hambrientos llegamos con mi grupo de turisteo ese día al Beihai Park, un hermoso parque con laguna y jardines coloridos, todo coronado con una enorme pagoda blanca sobre una colina. Decidimos almorzar en un restorán al lado del lago y, al ver el menú, percatarnos que todo valía el triple de lo que tenía que valer, nos salió lo latino de adentro y nos paramos saliendo indignados del restorán. Bastó hacer esto para todas las niñas que atendían sacaran mágicamente nuevos y casi idénticos menúes con los precios reales. Puede que a un europeo o gringo los engañen pero uno, acostumbrado a las pillerías y mañas, resulta ser un hueso bien duro de roer.


Parque Beihai y pagoda blanca.

Y claro que hay que ser un hueso duro de roer, especialmente si te aventuras en los increíbles mercados (en realidad son edificios de varios pisos con cientos de pequeñas tiendas) donde venden todo tipo de ropas, calzado, joyas, relojes y artesanías a precios más que convenientes, siempre y cuando sepas realizar el delicado arte de regatear. Arte para el cual no estamos nosotros, los chilenos, muy acostumbrados pero que en oriente es la regla para todo. Nada tiene el precio que aparece y todo está en ti y en la paciencia de la vendedora, las cuales frecuentemente se enojan y te lanzan una sarte de improperios en su idioma, o derechamente, en un español de extraño acento de dicen "tacaño" y te expulsan de sus locales. Yo conocí dos de estos mercados: el Pearl Market y el Silk Market, siendo este último mi favorito. Las vendedoras de alguna manera identifican en tu rostro tu idioma y se lanzan hacia ti diciendo jocosamente "acá todo balato amigo" o "tu compral acá todo balato para ti". Muchas de ellas derechamente te agarran del brazo y en un par de ocaciones literalmente me raptaron ( yo muy triste, por supuesto). Casi todo lo que se vende es de marcas occidentales pero cuestan con suerte un 10% de lo que valdrían ¿Falsificadas? Probablemente si, o bien, son "extensión de producción". Esto significa que, por ejemplo, si North Face manda fabricar 20 mil parkas, bueno, hagamos 25.ooo y la diferencia la vendemos en China, total, es el mismo material y le colocamos un cierre más malo y el logo medio chueco y listo, parka North Face por USD $20. Sí, lo reconozco, mis lindas zapatillas Adidas no son lo que parecen.

Yo me tomé todo esto con humor. Muchos terminan literalmente asqueados de tanto agarrón y que comprar una simple polera o calcetines termine siendo una discusión, pero yo me decidí a pasarla bien y a aprender a negociar con gentes para los cuales comerciar y regatear son parte de su código genético. Y en el par de tardes en las que cedí a la fiebre consumista terminaron algunas vendedoras reconociéndome y siendo objeto de conversación o derechamente de burla: como aquella que me increpó con un muy falso "you've broken my heart" por haber comprado un par de zapatillas a ella y luego otro par en otro local (luego descubrí que todos los locatarios de ese pasillo eran familiares), la que me encontró "gordo" o la que me empezó a buscar esposa para traérmela a Chile.

Y por un momento pensé que Beijing me cabría en una sola entrada en el blog me equivoqué. Por que no puede haber visita a la ciudad sin escaparse a la Gran Muralla China, al Palacio de Verano o el Templo del Cielo. Ahora recuerdo porqué quedé tan agotado.

P.D. Ya, lo reconozco, compré parka North Face, zapatillas Adidas y Puma, mucho té de diferente tipo, varias artesanías como tableros de ajedrez, cuadros y un gorro Mao y otras tonteras. Es que todo era tan barato............