sábado, 21 de noviembre de 2009

Phom Penh


Atrás quedaba Angkor y en un vetusto bus nos dirijíamos al sur para llegar a Phom Penh, capital de Cambodia. Un viaje somnoliento por el cansancio y el calor, aderezado con los constantes bocinazos de nuestro chofer para apartar del camino a personas, bicicletas, carretas, animales y otros vehículos. Cruzábamos enormes campos de arroz salpicados con chozas construidas sobre pilotes que aparecían por aquí y por acá, interrumpidas por canchas de volley y carteles proselitistas de apoyo al actual (y corrupto) gobierno. Finalmente, agotados, llegamos a nuestro destino. La ciudad es un caos repleto de motos y tuk-tuks que circulan por cualquier lado (muchas veces contra el tránsito, como pude comprobarlo más tarde), construcciones de todo tipo y muchas veces a medio construir. Peatones andrajosos se mezclan con Lexus del año sin apenas mirarse mientras aparecen más y más motos tocando sus bocinas, como es habitual por estas latitudes, para avisar su paso por alguna esquina o luz roja.

La suerte nos volvió a llamar. Apenas decendidos de nuestro bus se nos acerca un chofer de tuk-tuk para llevarnos a nuestro guesthouse. Se presenta como"Peter", habla un inglés fluido y está siempre sonriente. Me cuenta que es chofer de día y estudiante de turismo e inglés de noche. "Sé que mi país es conocido solo por cosas malas, quiero que Uds conozcan la parte buena de mi país porque es la única forma de superar la pobreza" me dice, y estoy al borde de las lágrimas, más que por sus valiosas palabras sino debido al aspecto de nuestro guestohuse. A pesar de estar ubicado en el barrio de las embajadas, el Sunday era simplemente deprimente. Bueno, habrá que soportarlo por algunos días pienso, mientras nos dirijimos a la embajada de Vietnam para sacar, en un cortísimo trámite, nuestras visas a Vietnam.

Peter, nuestro amable y honesto chofer.

Y empieza nuestra visita a la ciudad. Primero visitamos el Palacio Real (hace poco se reinstauró la monarquía constitucional) y la llamada Silver Pagoda. Ésta última es famosa por tener el piso construido en plata y tener en su interior un Buda de oro puro de 90 kgs y con más de 2.000 diamantes. Continuamos recorriendo hasta que el hambre pudo más y descubrimos cerca un pequeño y muy buen restaurante llamado Khmer Saravan, donde entre las paredes cubiertas de saludos encontramos una en español con una bandera tricolor y estrella solitaria dibujada. Con el estómago lleno fuimos a un night market en el sector "bonito" de la ciudad, un mercado tranquilo donde, a pesar de ser casi los únicos occidentales, nadie se extrañó de nuestra presencia. Lo mejor del mercado además de sus precios era la cantidad de puestos de comida existentes, los cuales formaban un semicírculo donde al medio se extendían variadas alfombras donde los parroquianos se sentaban a comer, beber, socializar y enamorarse. Lejos debe ser el mejor "food market" que he visto en mi vida. Luego de comprar un extraño charqui de búfalo, dulce y picante a la vez, fuimos al sector de bares internacionales a beber algunas cervezas mientras trataba de borrar mentalmente la larga fila de niños y discapacitados pidiendo limosnas.


Durante ese día me llevé una buena impresión de la gente: amables, sencillos, honestos y siempre sonrientes, a pesar de la pobreza reinante. Y ya en mi cuarto de hotel pensaba como fue posible de que gente tan humilde y amable hubiese surgido aquella abominación llamada Khmer Rouge.

El 17 de abril de 1975, la guerrilla maoísta del Khmer Rouge hace ingreso en Phom Penh, poniendo fin a la guerra civil y tomando el control del país. Inmediatamente, Pol Pot y los demás líderes guerrilleros ponen en marcha su plan de convertir a Cambodia en una utopía maoísta: declaran que desde ese momento es el Año Cero, el inicio de una nueva sociedad estrictamente agraria y campesina, por lo que todo lo que representa el pasado debe ser destruido. Intelectuales, artistas, monjes y diplomáticos son ejecutados sumariamente. Paradojalmente, para alcanzar su utopía de una sociedad de iguales el Khmer Rouge divide a la población en dos grupos: los llamados "old people" y los "new people". Los primeros son los dóciles e ignorantes campesinos que habían sido "liberados" antes de la caída de la capital. Según el nuevo orden, ellos son personas puras, aptas para convertirse en ciudadanos revolucionarios. Los segundos fueron los habitantes de las ciudades, impuros, sosepechosos de ser enemigos, desprovistos de todos sus derechos y considerados de segunda clase. También eran llamados "gente del 17 de abril".

Las ciudades fueron desalojadas a la fuerza para relocalizar a la población en centros de trabajo. Hombres, mujeres, niños y ancianos fueron obligados a realizar una larga marcha hacia estos centros. Los enfermos eran dejados a su suerte en los hospitales, las mujeres daban a luz en los caminos, los niños fallecían en las orillas de los caminos. Dos millones de personas fueron movilizadas, alejadas de sus hogares mientras las familias eran deliberadamente separadas ya que este concepto debía desaparecer para la construcción de una nueva sociedad. Padres, madres e hijos eran enviados a campos de trabajos ubicados en posiciones geográficamente opuestas para separarlas de por vida. Toda la vida se hizo comunitaria, se prohibió todo tipo de cantos o arte anterior a la toma de poder. El matrimonio se transformó en un rito meramente legal cuyo fin era el procrear nuevos revolucionarios.

Pronto empezó la persecución hacia el "enemigo interno". Se establecieron los llamados "killing fields", como el que pude conocer a las afueras de Phom Penh. Al entrar, una stupa conmemorativa que guarda los cráneos de 8 mil personas te da la bienvenida, dejándome shockeado. Un carte invita a rezar por los muertos y a meditar por unos minutos. Una muestra fotográfica y un corto video me dejan con un nudo en la garganta: el nivel de crueldad alcanzada no tuvo límites. Los líderes del Khmer Rouge, a pesar de todos contar con estudios universitarios en el extranjero, hicieron matar a todas las personas que tuviesen un nivel cultural superior, como profesionales y monjes. Parte de su paranoide política fue la de eliminar no sólo al supuesto "enemigo", sino que a toda su familia para evitar retaliaciones futuras.
Stupa (monumento budista) con 8 mil cráneos de víctimas. Killing Field.

Los prisioneros que llegaban a los campos de exterminios, luego de haber sobrevivido a la tortura, eran ejecutados a palos o con instrumentos de labranza transformados en armas, lanzados a fosas comunes y degollados. No había diferencias: se han encontrado restos de mujeres embarazadas y niños pequeños. Los bebés eran azotados contra el tronco de un árbol hasta la muerte. Miles de restos han sido encontrados por todo el país.

Antes de ser enviados a estos campos de la muerte, los prisioneros de la capital pasaban al centro conocido como "S-21" (actual Museo del Genocidio"), un antiguo colegio transformado en centro de detención y tortura, donde las salas de clases fueron transformadas en lugares de interrogación, separadas por tabiques donde en diminutas celdas los prisioneros esperaban su fatal destino. Ellos eran mantenidos encadenados al piso, y muchas veces encadenados entre ellos para evitar cualquier movimiento. Un cartel muestra la feroz reglamentación del centro, donde los prisioneros estaban a la completa merced de sus verdugos, sin ningún tipo de derechos, dando lo mismo si eras mujer o un simple niño. Fotos de los prisioneros con sus rostros emanando terror son exhibidas: bajo el régimen de Pol Pot cualquiera podía ser enemigo. Pasé minutos observando una enorme foto sacada de los archivos del centro donde una mujer, con su rostro aterrorizado, sostiene entre sus brazos a su pequeño bebé. Una lágrima cae por su mejilla. No dejo de pensar que para las mismas fechas compatriotas míos sufrieron vejámenes parecidos en mi país, y de la importancia de no olvidar para que esto no se vuelva a repetir.

Cualquiera podía ser catalogado de enemigo del estado. La imagen de la mujer y su bebé me conmovió completamente.

En otras salas se muestra la historia del Khmer Rouge, testimonios de los sobrevivientes y de una delegación sueca que, de visita en los 70s, encontraron (o quisieron encontrar, o los hicieron encontrar, osea, tontos útiles) todo perfecto y en orden. Herramientas de tortura y cuadros pintados por alguno de los 7 sobrevivientes ( de los 20.000 que pasaron por sus celdas) del centro mostrando el horror vivido me dejan profundamente conmovido.

Los Khmeres iniciaron una serie de obras para aumentar la producción de arroz en los convertidos campos comunitarios de trabajo. El sistema fracasó y el hambre se extendió por todo el país, sumado a la inexistencia de transporte público, hospitales y profesionales de la salud significó el hambre para miles. Pronto el "enemigo" fue interno y se iniciaron purgas, donde incluso cercanos a Pol Pot fueron ejecutados. Siempre en busca de enemigos, las próximas víctimas fueron vietnamitas o cualquiera que tuviese alguna relación con ellos, incluso saber el idioma vietnamita fue motivo para ser ejecutado. Una incursión militar a territorio de Vietnam donde se masacró a una aldea de campesino significó la invasión de éste en 1979 y el derrocamiento del régimen, que pasó a ser una guerrilla nuevamente.

El ejército vietnamita encontró un país desolado y una población completamente traumatizada. Se estima que unas dos millones de personas murieron durante los 4 años de terror, un 30% de la población, entre ejecuciones, desplazamientos forzados, hambre y enfermedades. Increíblemente, el nuevo régimen impuesto por los vietnamitas no fue reconocido por la comunidad internacional, quien también hizo oídos sordos a las historias de sufrimiento y a la sed de justicia de los sobrevivientes. Y la justicia tardó en llegar, lamentablemente no para Pol Pot y otros genocidas, quienes murieron antes de ser enjuiciados por un tribunal internacional.

Así dejo Phom Penh una calurosa tarde y, nuevamente en bus, tomamos dirección sur hacia un lugar del cual no teníamos casi nada de información: Sikhanouville.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Siem Reap

Puede resultar extraño que una de tus primeras conversaciones en Cambodia esa en español, pero ahí estaba yo ingresando al Babel Siem Reap Guesthouse, administrado por Juan, un español que por esas cosas de la vida decidió que su lugar en el mundo era Cambodia. Era de noche y como de costumbre el calor y la humedad hacían sentirme pegajoso, mientras me aplicaba repelente para que los mosquito no festinaran con mi sangre. Cansado luego del largo viaje, las habitaciones e instalaciones del guesthoause resultaron de lo más agradable.

El viaje fue duro. El destartalado autobús no era gran la comodidad, carecía de aire acondicionado y realmente ir a su baño era, por así decirlo, una experiencia. Y una inesperada parada cerca de la frontera para almorzar y entregar una "comisión" para agilizar las visas condimentaron el viaje. Y así fuimos dejando atrás Tailandia hasta llegar a la frontera, un lugar repleto de vehículos y personas moviéndose de un lado a otro. Con la mochila al hombro hicimos la fila para salir de Tailandia y recorrer a pie los 100 metros de "tierra de nadie" entre ambos países, un lugar extraño repleto de casinos donde los cambodianos no pueden ingresar porque los juegos de azar están prohibidos. Luego de sacar la visa correspondiente nos cambiamos de bus y como una cachetada me percaté de que estaba en otro país. Las fronteras tienen ese efecto extraño de ser un cambio radical de ambiente, de sonidos y olores, de todo. En apenas 100 metros todo cambió, y como un puñetazo ves una pobreza que en Tailandia no viste, los rostros, el idioma y el alfabeto cambian y en apenas un par de segundos tu mente empieza a digerir la marea de información nueva. Nuevos transbordos y continuamos nuestro camino, una parada a descansar y con sorpresa niños se te acercan a conversar o jugar con una inocencia increíble. Con razón hay tantos letreros en el camino pidiendo "proteger a la infancia", con la inocencia de estos niños un pedófilo puede hacer lo que quiera. Y los niños te regalan sonrisas y alegran la tarde que ya se va.
En mi mente me imaginé a Siem Reap como un pueblo medio perdido en la selva, pero estaba completamente equivocado. Enormes hoteles se han levantado en los últimos años, repletos de japoneses, chinos y coreanos que vienen de vacaciones a ver la gran atracción del lugar: Angkor. Las calles están repletas de tuk tuks y motos. La gente es amable, ríe permanentemente y hablan muy suave, tanto que parece que grito a cada segundo. Muchas calles son de tierra, y en medio de un pasaje repleto de otros hostales llegamos a nuestro destino.

¿Como podría describir Angkor en palabras? ¿Sería posible que en mi ultra amateur estilo pudiese describir tamaña maravilla? Desde los 15 años uno de mis sueños fue conocer Angkor y sus enormes templos y palacios ricamente decorados. Y ahí estaba yo, estoico a pesar del insufrible calor y tratando de esquivar al ejército de niños que intentan venderte algo que no necesitas ( o si, en el caso de unas buenas botellas de agua) y que son capaces de seguire a donde sea, solo para insultarte cuando se convences que no comprarás las postales de Angkor.


Y ahí están las imponentes ruinas del que una vez fue un poderoso imperio, el Khmer, que impuso su dominio en buena parte del sudeste asiático y que fue en su esplendor la ciudad más grande del mundo, cuando las urbes europeas eran meras villas. Dedicado a Vishnu e iniciado por Suryavarman II, rey-dios, el lugar es un enorme complejo de templos y palacios que puden tomar días recorrer. Lamentablemente yo solo contaba con un día, así que mi recorrido fue maratónico-extenuante. La entrada por un día sale US$20, un tuk-tuk por el día (para que no tengas que caminar tanto) sale por US$15. La felicidad y asombro es simplemente infinita. Y me asombro de cada construicción, de cada tallado o bajorrelieve, de los enormes rostros de piedra de los reyes, de Angkor Wat y Angkor Thom, de Bayón y de la Terraza de los Elefantes, de Preah Ko y Preah Rup, de la niña que vende pañuelos y que se sabe todas las capitales del mundo, de las raíces invadiendo lo que alguna vez fuera una esplendorosa ciudad levantando hacia el cielo enormes ramas que cubren el infinito cielo azul, del enorme Buda recostado semidestruido. Y es tanta la maravilla y tantos los detalles que no sabes donde mirar, tu mente está saturada de imágines y sensaciones, y en un momento solo quiero volver al hostal y descansar, extasiado y feliz, feliz de haber cumplido uno de mis sueños.




sábado, 7 de noviembre de 2009

Bangkok 4

Bangkok está atravesada por múltiples canales que le dieron el apelativo de "Venecia del este", por donde surcan botes de diversos tamaños. Y uno de los usos más llamativos que le dan a los canales es el de ocuparlos para vender productos de diferente índole formando pintorescos y coloridos mercados que son un imperdible de la ciudad. Y para allá se dirijieron mis pasos, en busca de los mercados flotantes. Luego de una hora y media de bus pudimos llegar a Damnoen Saduk, uno de los mercados flotantes más conocidos de la ciudad. Nuestro bus nos dejó afuera de unas casas a las que había que hacer ingreso para llegar a uno de los canales, donde una señora dirijía el largo y angosto bote camino al mercado, pasando por fuera de las casas del poblado y observando las atividades cotidianas de sus habitantes: lavando ropa, cocinando, conversando con los vecinos, etc. Luego de un par de vueltas por los canales se hace ingreso al corazón del mercado, un lugar repleto de botes de diferente embergadura todos, completamente todos, repletos de turistas.

Escenas del mercado flotante: locatarios y la nuestra señora conductora del bote.

Un poco de desazón sentí al ver un mercado en teoría tan típico pero al mismo tiempo tan hecho a la medida del turista. Decenas de botes se nos acercaban a ofrecernos frutas, artesanías o souvenirs de diversos precios; en otros, parrillas y cocinillas ad-hoc preparaban diversos manjares. En las orillas otras tiendas ofrecían sus productos o algunos snacks y bebestibles para campear el fuerte sol que nos golpeaba.


El mercado es bonito, a pesar de las hordas de turistas, es un momento grato el observar todo el barullo sentado en tu bote vanvaleándose suavemente al comás de las olitas que formaban los otros botes, sacando las mismas fotos que tu has sacado y comprando, al igual que tu, algunas rodajas de dulce mango. Es hora de recorrer el mercado a pie, a sentir un poco más de cerca el lugar.


Hace mucho tiempo atrás hablé del durian. Si, ese mismo con el que me encontré anteriormente en Singapur, Malasia o Tailandia y del que siempre dije: mi destino es comerte. Y el destino golpeó la puerta al pasar por un puesto de frutas. Sentí su fuerte olor, su forma redondeada con puntas siendo ofrecido y consumido por los tailandeses como si de una de nuestras suaves uvas se tratase. Respiré profundo, le paso la cámara a Jose para que inmortalizara este momento, compro un trozo de pulpa blanca y maloliente y con un tenedorcito de plástico saco un bocado.......
Si el durian huele mal, definitivamente sabe peor. Su pulpa blanquecina es pastosa, el olor se incrementa y definitivamente sabe a algo en descomposición. Mi cara se arruga y apenas puedo tragar, pero ya estoy en esto, saco otro bocado más mientras algunos locatarios no pueden contener su risa al ver a este extranjero tragando a duras penas algo que ellos consideran un manjar. Jose decide probar un poco y su reacción fue la misma: asco. Boto lo que queda de durian y solo me queda decir: lo hice, comí durian, primera y última vez.

No quise colocar mi expresión post-durian........ acá armándome de valor.

Menos mal que me pasaron un rambután para pasar el sabor descompuesto del durian. El rambután es un fruto popular en sudeste asiático, tiene una cáscara dura color rojo con pelos, pero es fácil de pelar y dentro es como una gran uva, fresca y dulce. Continuamos nuestro camino hasta encontrarnos con una simpática y sonriente anciana que sobre un bote ofrece unas masas rellenas con pescado, ¡¡¡ delicioso!!!! Ni idea de que era en realidad, pero rico estaba.

La señora de las masitas de pescado envueltas en hojas.

Partimos de regreso a Bangkok, a retirar nuestras ansiadas visas a Myanmar. Caminamos por los barrios de Silom y Patong, y ya es el turno de conocer China Town. ¿Porqué Santiago no tendrá un Chinatown? siempre han sido lugares donde se ven cosas sorprendentes, muchísima actividad comercial, y magníficos olores de comida, lugares imperdibles en casi todas las ciudades por mi recorridas en estos meses. En el caso de Bangkok está ubicado en el barrio de Yawarat y consta de una calle principal rodeada de muchos pequeños pasajes donde se vende ropa, telas, comida, té, especias , incienso, ofrendas, muñecos de Doraemon y cosas así. En las esquinas destacan tiendas de joyerías, principalmente oro. Y claro está, las carnicerías con sus animales colgando a la intemperie sin ningún tipo de cadena de frío. Empieza a oscurecer y nos dirijimos, luego de mi insistencia de todos los días, a la esquina de Surawong Rd con Patpong: el barrio rojo.
Las guías de turismo indican que existen múltiples barrios rojos en Bangkok. Como he explicado anteriormente, la prostitución no es algo mal visto en Tailandia, sino como una forma normal de salir de la pobreza especialmente para jóvenes venidas desde pequelas aldeas del interior. Esto se remonta a la práctica de la poligamia, recién derogada a principios del siglo XX y al carácter relajado de los tailandeses en ese sentido. También es importante cosiderar que la mayoría de los clientes son tailandeses y no occidentales, a pesar de que muchos de ellos se dedican a buscar amante, novia o incluso esposa a este país. Y este barrio rojo es uno considerado "para turistas", con espectáculos eróticos donde resalta a todas luces el "ping-pong show", espectáculo erótico cuya descripción se la dejaré a su imaginación. Para bien o para mal mis amigos hicieron presión sicológoca para no entrar a ninguno de los locales así que me perdí de otro imperdible de la ciudad (pero otros amigos, en otra ocación si entraron, y por eso sé de que se tratan los shows, es en serio, no miento!!!).

Chinatown

Última noche en Bangkok, adiós Hostal Udee. Tempranísimo tomamos un roñoso y destartalado bus para nuestra próxima aventura: llegar a Siem Riep, Cambodia, por tierra.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Bangkok 3

Si uno lanzase la hipótesis de que los países son como sus embajadas, al contemplar la embajada de Myanmar en Bangkok uno podría hasta cierto punto validarla, pero eso sería adelantarme un par de semanas de viaje. Sólo diré que el piso era pegajoso, había que llenar un par de burocráticos papeles, los baños eran un asco y uno que otro turista estaba en lo mismo que uno, pagando y haciendo la fila para obtener la mentada visa. Lo bueno es que entre conversa y conversa salieron datos que sirvieron para el resto del viaje.

La entrada pasada hablé algo sobre el rey de Tailandia y sobre cómo los tailandeses profesan un culto alrededor de él. Y bueno, si es alguien tan importante y distinguido debe tener un palacio acorde con su posición, así que hacia allá dirigimos nuestros pasos. Tomamos un bote, nos bajamos en una de las estaciones que daba a un pequeño mercado repleto de cosas deshidratadas y nos encontramos con unas inmensas murallas: el Prha Borom Maha Ratcha Wang, mejor conocido como Grand Palace, residencia tradicional de los reyes tailandeses. Hay que tener cuidado ya que son famosas las estafas a turistas en este lugar, estafas realizadas principalemente por los choferes de tuk-tuk que "gentilmente" te compran la entrada para terminar quizás en que tienda de souvenirs o simplemente desaparecen con tu dinero, lo cual es fácilemente evitable entrando por la entrada principal, la cual es bastante más grande que las entradas "pequeñas". Y ahí estaba yo poniéndome unos pantalones calurosos y ridículos porque está prohibido entrar con pantalones cortos. Describir el palacio es bastante complicado: está lleno de estatuas enormes, pagodas recubiertas de oro, templos, un buda de jade verde, murales, etc. A pesar del fuerte calor ( y mis pantalones) pude recorrerlo completo incluyendo Phra Siti Rattana Chedi (pagoda cubierta de oro), Prasat Phra Thap Bidon (palacio de la coronación, con su trono de oro) y Chakri Mahaprasat Hall. Con razón, un par de meses después, contemplando el palacio de Buckingham en Londres lo encontré sin gracia, porque este sí que es un Grand Palace.
Nuestra segunda visita cultural del día fue el enorme Buda recostado, como no de oro con pies de madreperla.....realmente enorme. El calor y el hambre ya estaban haciendo estragos (el tentenpié de anticucho de cerdo ya era historia) así que comimos en un carrito en la calle una arroz delicioso. Es que la comida tai es tema aparte: es increíble como mezclan sabores, uno es capaz de sentir el sabor picante, agridulce y salado perfectamente en un bocado, ningún sabor enmascara a otro y se mezclan de forma mágica en la boca; la comida es algo importante y la gente la prepara con dedicación y cariño, aunque sea en un humilde carrito callejero.






De vuelta en Khao San para ver los pasajes a Siem Riep, y de ahí a ver otro de los imperdibles de Bangkok: Muai Thai, conocido como boxeo tailandés o kick boxing, pasión de los tailandeses y un espectáculo que de verdad hay que ver. Más que por las peleas (me hubiera sentido estafado dado el precio de las entradas para extranjeros) lo que rodea al espectáculo es lo interesante. Primero los peleadores salen al ring, uno con pantaloncillos color rojo, el otro de color azul. Realizan todo un ritual, rezan con un collar de flores en su cuello, dan vueltas en círculos muy concentrados, se arrodillan, todo mientras una pequeña banda toca música tradicional lo que da un toque místico al asunto. Suena la campanilla, primer round de cinco, se mueven, se estudian, un golpe loco por ahí, una patada por allá, el público en silencio observa. Fin del primer round, un descanso, empieza el segundo y ahora hay más golpes y movimientos. El público empieza a levantarse de su asiento. Fin de segundo round y el gimnasio estalla: todos se paran, gritan y hacen raros movimientos con sus manos, es la hora de apostar y todos buscan con quién. Algunos pasan con billetes en su mano llamandose mutuamente y moviendo sus dedos, hablando por celular y gritando quizás que cosa. Llegamos al último round, es hora de pagar las apuestas y los peleadores, delgados pero ágiles y musculosos se saludan y se van conversando a pesar de las patadas a la cara y los puñetes recibidos.

Y así hasta que nos aburrimos a la sexta pelea (memorable, un chico que parecía tener todas las de perder entregó un huracán de golpes de puños a su flaco y alto contrincante, ídolo) y regresamos al hotel ya que al día siguiente nos embarcábamos en otro de los imperdibles de Bangkok: los mercados flotantes.

(Fotos del Muai Thai no tengo lamentablemente, se me acabó la batería justo !!!)

martes, 27 de octubre de 2009

Bangkok 2

Dejamos atrás el Chatuchak Market y tomamos el metro que pasa en sus cercanías. Luego de algunas estaciones nos bajamos y caminamos algunas cuadras hasta toparnos con un canal, llamado Klong Sam Rap,rodeado de casas hasta sus bordes, donde algunos colegiales esperaban el paso del bote para llevarlos a sus hogares. A pesar de los nauseabundo que olía el canal en cuestión, decidimos tomarlo ya que es considerado uno de los "imperdibles" de Bangkok. Luego de algunos calurosos y hediondos minutos se acerca un largo bote que lejanamente nos recordó el querido Citycat de Brisbane, aunque éste era bastante más rústico y humilde. Ya sentados y pensando que haría si me saltaba una gota de agua en la boca el bote inició su marcha a través del canal, pasando muy cerca de las casas donde los tailandeses realizan sus actividades cotidianas. Luego un giro y llegamos al Chao Phraya River, el río que atraviesa la ciudad. Una magnífica vista de los altos edificios, barrios, mercados, casas, autopistas y templos se puede observar mientras el bote recoge niños, adultos, monjes y turistas en las numeradas estaciones, confirmando mi gusto por las ciudades cruzadas por ríos, lástima que en Chile sean tan pocas, destacándose Valdivia en ese sentido (no me vengan a decir que el Mapocho es un río, menos que es bonito).
Servicio de botes por el río Chao Phraya y sus canales.

Nos bajamos en una de las estaciones y llegamos al Golden Mouthen, un complejo de templos localizado sobre una pequeña colina artificial coronada con una gran cúpula dorada y rodeada de hermosos jardines que llaman a la meditación y reflexión en medio de esta siempre ajetreada urbe. A pesar del calor, humedad y del miedo constante de estar deshidratados subimos , encontrándonos con antiguas estatuas, campanas de oración y muchos monjes rezando, tanto como las estatuas doradas de Buda. En uno de los costados de la colina un gran Buda dorado en actitud de meditar, rodeado de flores, incienso y ofrendas nos sorprende.


Imágenes de Golden Mouthen

Satisfechos con nuestra visita espiritual del día bajamos y nos topamos con The City Parapet Phrakan Fortress, que mucho la atención no nos llamó. Caminamos por una amplia avenida que estaba completamente repleta de gigantografías de la reina, ya que su cumpleaños es justamente en agosto y la ciudad se estaba preparando para tan especial fecha. Nos topamos prontamente con oto complejo de templos, llamado Loha Prasat, con construcciones hermosas pero para nuestro pesar se encontraban cerradas. Siguiendo por la avenida nos encontramos con el enorme Monumento a la Democracia, cosa singular en un país donde el rey tiene tanto poder y se han sucedido régimenes militares y golpes de estado.
Loha Prasat

Un par de cuadras más allá el orden simétrico del Monumento a la Democracia se desvanece al ingresar a Khao San Road, la meca del mochilero. Una calle repleta de tiendas de ropa, convenience stores, artesanías, restoranes y bares, gente de todo el mundo paseando y comprando chucherías, preparándose para otros viajes o solo disfrutando de los días en Bangkok. Esta calle concentra buena parte de hoteles, hostales y backpackers de la ciudad, por lo que es un sector bullicioso, siempre repleto de gente y actividad. Infaltables son las vendedoras de "ranas", un ejército de mujeres vestida con un traje típico que venden unas ranas de madera hueca que, al pasar un palo por su espalda, provocan un sonido idéntico al de una rana. Novedoso, si es que yo no lo hubiese comprado meses atrás en Phuket, y simpático si no fuese porque la jauría de vendedoras de rana se te acercan cada 5 minutos haciendo el famoso sonido hasta que quedas completamente hastiado de ellas. En esta calle y en las adyacentes se pueden realizar buenas compras, siempre regateando (pero no tanto) especialmente poleras que sabes que destruirás en las próximas semanas, y otras chucherías como imanes o gorros. Oscurece y el hambre ataca, nos metemos por un estrecho pasaje para decubrir el "De Hippie" restorán, agradable rincón donde comí una exquisita y picante costilla de cerdo con arroz (como no). Para bajar semejante manjar, nada mejor que tomar una refrescante cerveza. Nos atiende una sonriente y guapísima chica tai enfundada en un diminuto y apretado traje que provoca que mi sudoración aumentase. El mini traje de la chica corresponde a una marca de cerveza, así que adivinando un poco el cuento me hago el lindo y le pido la marca que ella promociona. Y acerté, dado que a las chicas les dan una comisión por cerveza vendida de la marca impresa en su ropa, así que te atienden de lo mejor, lo cual siempre es grato considerando la sensualidad exótica que emanan estas chicas a cada segundo. No me malentiendan, esto no es Phuket y su ejército de prostitutas, sino simples bares (algunos instalados a la mala en plena vereda, ¡¡y hasta con música en vivo !!!) donde se preocupan de atender bien al cliente, y bueno, si pasa algo más ya será cosa de cada uno. Yo por mi parte me retiré al hostal ya que mañana teníamos una "misión imposible" que cumplir: sacar nuestras visas a Myanmar.


Khao San Road y las deliciosas costilitas

lunes, 19 de octubre de 2009

Bangkok

Nuestro primer destino en nuestro viaje fue Bangkok, capital de Tailandia. Luego de un largo viaje (incluyendo un largo retraso en Kuala Lumpur) pudimos arribar al enorme y moderno aeropuerto de Suvarnabhumi, que se distingue por su moderna arquitectura y por su intenso tráfico que se refleja en decenas de aviones procedentes de todo el mundo. Como era cerca de la medianoche tomamos un taxi para llegar a nuestro hostal, el que resultó una agradable sorpresa. A pesar de estar alejado de Khao San Road, la meca del mochilero y donde se concentran la mayoría de backpackers y hoteles, el Udee Bangkok es un pequeño rincón de tranquilidad en medio de las ajetreadas y siempre bulliciosas calles de la ciudad. Con no más de cuatro meses de funcionamiento y atendido por sus dueños, permite una estadía tranquila, barata y acogedora en sus instalaciones, además de proporcionar abundante y confiable información sobre la ciudad. Lo bueno de su ubicación es que se encuentra bastante cerca del Chatuchak Market, uno de los mercados más grandes del mundo que funciona solo los fines de semana.

Y hacia allá dirigimos nuestros pasos a la mañana siguiente. Con casi 5 mil puestos, es posible encontrar desde de chucherías a artesanía de calidad, desde ropa de segunda mano a poleras con diseño, discos, antigüedades y plantas son ofrecidos en los distintos pasillos. Buenos precios y el omnipresente regateo dan vida a este mercado. Variados puestos de comida Thai permiten una alimentación deliciosa por no más de US$3 (incluyendo cerveza local, llámese Chang o Singha). Por su enormidad y variedad es mejor pensar bien que quiere ver o comprar, o se corre el riesgo de perderse infinitamente por sus largos pasillos. Porque muy interesante será, pero Bangkok ofrece un sinnúmero de atracciones para recorrer y vivir.

Algunas imágenes del Chatuchak Weekend Market

Los 8 millones de habitantes de la ciudad realizan buena parte de su existencia en las calles. Cada cuadra y cada esquina esconden alguna sorpresa, porque si hay algo que me sorprendió de la ciudad es la extraña cohabitación de lo sagrado y mundano. Así, los templos conviven con vendedores ambulantes o prostitutas mientras los monjes recorren la ciudad hablando por celular, todo bajo la omnipresente mirada de Bhumibol Adulyadej, Rama IX, soberano constitucional de Tailandia. Gigantografías del rey o de la familia real adornan las calles y es común encontrarse con la cara del rey en tiendas, kioskos o incluso al interior de los hogares. Bueno, y si metes tus manos al bolsillo también lo verás, ya que la figura del rey aparece en todas las monedas y billetes. El pueblo profesa un verdadero culto a la familia real y la considera semi-divina, lo que provoca que, a pesar de ser Tailandia una monarquía constitucional el rey tenga un poder político y social considerable. Perder el favor del rey puede hacer caer un gobierno, como sucedió algunos años atrás cuando se produjo un golpe de estado y el pueblo lo apoyó dado que tenía la venia del rey. Es tanto el culto que existen tiendas dedicadas exclusivamente a vender imágenes del rey y de la familia real. El origen de esto debe, según yo, a que Tailandia jamás fue colonizado por potencia occidental alguna (aunque sí recibió influencia) en buena medida gracias a las maniobras políticas de los monarcas de la dinastía Chakri. Mientras sus vecinos se transformaban en meras colonias inglesas o francesas, los tailandeses siguieron siendo una nación independiente, cosa que hasta el día de hoy los llena de orgullo.

Imágenes como ésta, el rey saludando a su pueblo, son comúnes en las calles de Tailandia.

Esto es importante a la hora de viajar por tierras tailandesas. Famoso es el caso del turista suizo que en medio de una borrachera se le ocurrió pintarle bigotes a una imagen real. El resultado: 10 años de cárcel (aunque fue perdonado). Criticar a la monarquía tiene una pena máxima de 15 años de cárcel, así que es mejor tratar con respeto las infinitas imágenes del rey y alabarlo cuando se habla con los tailandeses, así se evitan problemas mayores. Y como la imagen del rey aparece en los billetes, es mejor no tenerlos arrugados ni sucios si se quiere evitar miradas de reprobación por parte de los tailandeses. Porque el dinero es tema: cuando se compra se debe pasar el dinero con las dos manos, y sonriendo, de lo contrario puede entenderse como un signo de desprecio. Y por supuesto, saludar y dar gracias en tai siempre será bienvenido y ayuda a tener un buen recibimiento por parte de los siempre sonrientes tailandeses. Sawadee-krab (para los hombres) y sawadee-ka (si quien lo dice es mujer) son los saludos corrientes en el país, así como jhop kum krab y jhop kum ka son las formas de decir gracias (para hombres y mujeres, respectivamente).

Como pueden darse cuenta, las normas de protocolo son un tanto diferentes a las que uno está acostumbrado, y es de suma importancia tratar de aprender algunas de ellas antes de viajar para tener un pasar mejor en el país. Los tailandeses me parecieron gente bastante amable que sonríe permanentemente, aunque como en casi todos los países asiáticos la sonrisa no significa necesariamente que estén felices. La sonrisa es una forma de ocultar las verdaderas emociones que siente la persona, ya que manifestarla puede significar una pérdida de “face”, o sea, la posición que tiene esa persona con respecto a los demás, o la forma cómo los demás te ven en cuanto a respeto y prestigio. La palabra face es de idioma inglés y significa prestigio o apariencia, y es la que comúnmente se utiliza para describir esta forma de encarar las relaciones personales. Perder face es algo que siempre se querrá evitar, y las emociones expresadas libremente pueden acarrear una pérdida del equilibrio en las relaciones interpersonales y la pérdida de prestigio. Esto se traduce a que alguien puede estar enojado contigo pero te seguirá sonriendo, todo para mantener el equilibrio social y evitar la pérdida del mentado face.

Muchas de estas formas de encarar la vida pueden resultar un tanto inexplicables o difíciles de entender para un latinoamericano, por lo que es mejor tener sensibilidad y tenerlas presentes a cada momento. Hay que dejar algunos de nuestros esquemas mentales y abrir la mente, aceptando que ya no estamos actuando bajo parámetros judeo-cristianos sino budistas, donde el significado de la existencia es diferente. Y bueno, también te das cuenta de eso cuando te topas con un calendario y ves que estás en el año 2552 y no en el 2009.

Pero es hora de dejar estos desvaríos interculturales y seguir la marcha. Una de las cosas que caracterizan a Bangkok es que está surcado por el río Chao Phraya y por múltiples canales, transformándose los paseos en bote por la ciudad en uno de los imperdibles que cualquier viajero/turista debe realizar. Y hacia allá encamino mis pasos, a tomar un bote en un canal medio maloliente, pero ese relato mejor lo dejo para la próxima ocasión.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La ruta del Mekong (¿O del banana pancake?)

Hacía tiempo ya que no me metía a mi blog. El proceso de cerrar la vida en Brisbane y preparar las cosas para el mes de agosto me consumió bastante tiempo y energía. Pero esa estapa de mi aventura ya se cerró definitivamente y fue así como desde el primero de agosto empecé lo que podría llamar la segunda etapa. En ese período, que cubrió todo ese mes, tuve la oportunidad de recorrer buena parte del Sudeste Asiático, una tierra que no hace mucho me parecía sumamente lejana y exótica y que ahora puedo ver con otros ojos. Fue un viaje alucinante por lugares que ni sabía que existían, observando y viviendo cosas que antes solo pude imaginar y que ahora poseen una valoración diferente, más cercana y al mismo tiempo repleta de interrogantes. A medida que viajaba mi cabeza se llenaba de ideas, imágines y preguntas; miles de cosas que traté de plasmar cada noche en una pequeña libreta a medio mal traer. Me preguntaba si sería capaz de plasmar todo eso después y compartirlo con Uds en este blog, porque me fui dando cuenta que me es imposible hablar de los lugares donde estuve sin nombrar el contexto histórico, social y político presente; de otra forma el relato sería solo una larga lista de anécdotas y pequeñas historias sin mayor contenido. ¿Podría hablar de Tailandia sin nombrar a Rama IX? ¿O de Cambodia sin señalar las secuelas que dejó el Khmer Rouge? ¿Quién es Aung San Suu Kyi?

Los países por mi visitados, a pesar de estar todos en una misma área geográfica llamada "Sudeste Asiático", son completamente diferentes entre sí. No solo cada uno de ellos tiene su propia idioma, sino que también su propio alfabeto y su propia identidad nacional, condimentada con variadas minorías étnicas y diferencias políticas e históricas que moldean la sociedad de cada país. Esta inmensa variedad hace que cada rincón posea sus maravillas y secretos que se reflejan en aspectos como la comida, el vestuario, las costumbres o la forma como ven la vida.

La primera parada del viaje fue la capital de Tailandia, Bangkok, urbe de calles electrizantes llenas de movimiento donde se mezclan sin prejuicios lo más sagrado y lo más profano, viviendo ambos juntos y revueltos sin mayor problema. De ahí inicié un largo camino por tierra hasta la ciudad de Siem Riep en Cambodia, para visitar las grandiosas ruinas de Angkor, antigua capital del imperio Khmer, un lugar mágico y sobrecogedor con sus enormes templos de piedra y maravillosa arquitectura. El viaje por tierra siguió hacia Phnom Penh, capital del país donde pude ser testigo de la tenebrosa huella dejada por el Khmer Rouge, y de la situación actual del país. Un descanso de templos e historia resultó ser Sihanoukville, ciudad puerto y balneario ubicada en el sur del país con hermosas playas y un ambiente de relajo increíble.

Cruzando montañas, campos de arroz y pequeñas villas llegué hasta la frontera con Vietnam, donde se inició una de las etapas más complicadas del viaje, en un largo y por momento desagradable viaje en moto y bus hacia Ho Chi Minh City, condimentado con los hermosos paisajes del delta del Mekong. Una vez en la ciudad fui testigo de las huellas de la guerra y de las afiebradas calles repletas de motos moviéndose en cualquier dirección todo el día. El viaje continuó, esta vez por aire, hacia Saigón, capital de país. Una ciudad hermosa, repleta de mercados donde pude conocer al famoso tío Ho. De ahí se inició un viaje por 3 días hacia Ha Long Bay, en el golfo de Tonkín, una maravilla natural y Patrimonio de la Humanidad repleta de rocosas islas que surgen de las aguas.

Ya era tiempo de dejar Vietnam y volar hacia Lao, un país casi completamente desconocido para mí y que se transformó en uno de mis lugares favoritos. Luangprabang fue la ciudad donde por cinco días me sentí viviendo en otro tiempo y ritmo, disfrutando de sus mercados coloridos y alegres, sus templos y monasterios repletos de monjes de todas las edades, y principalmente de su tímida y amable gente que hizo que la estadía fuera casi de ensueño. Pero el tiempo se iba acabando y era hora de volver a Tailandia, pero a Chiang Mai, ordenada y limpia ciudad ubicada en el norte donde fui testigo de su vibrante Sunday Market, de elefantes entrenados y de las exóticas mujeres Karen, quienes se someten a un proceso que les provoca un "alargamiento del cuello", cosa por el cual son conocidas como "Mujeres Jirafa". Un brevísimo paso por Bangkok y se inició el que creo fue la parte más alucinante del viaje: Myanmar. Un país en donde uno retrocede 30 años al pasado, donde entran pocos turistas y que es más famoso por ser gobernado por una despótica y corrupta dictadura militar que aplasta con violencia todo lo que enfrente a su tiranía, incluyendo gravísimas violaciones a los derechos humanos. En la capital Yangón pude conocer la opinión de algunos ciudadanos sobre el estado de su país, y también maravillarme en el hermoso complejo de templos conocido como Shwedagon, con su enorme estupa cubierta de oro. Ahí tuve la oportunidad de conversar con unos estudiantes de filosofía budista quienes me mostraron templos y ritos. El camino siguió hacia Bagán, con sus decenas de templos, pagodas y estupas construidas hace cientos de años, un lugar sencillamente sublime y difícil de describir. La última parada de la aventura birmana fue el lago Inle, lugar donde se pueden encontrar a pueblos que siguen viviendo en forma tradicional, incluyendo villas flotantes donde la gente cultiva tomates en islas artificiales.

Y luego el regreso a Bangkok y de ahí a Australia, donde inicié hace algunos días atrás la última etapa de mi viaje como parte de un Study Tour organizado por la University of Melbourne, viaje que será un tanto distinta a la anterior. Seguiré viajando y viviendo en forma itinerante, pero ahora el foco será más académico que aventurero. Conoceré y estudiaré por un par de semanas a los dos gigantes que moldean y moldearán de una u otra manera nuestra vida: India y China. De ahí, un largo camino de regreso a casa, a través de Japón, Inglaterra y España.

Es por eso que he decidido retomar mi blog una vez regresado a Chile. Ahí podré retomar mis notas, repasar fotos, documentarme y pensar con más calma sobre lo vivido estos meses. Así creo que podré entregarles de mejor manera mis vivencias, y también continuar con mi proceso de conocer y acercarme a un nuevo mundo. Por que siento que el viaje por algunos de los países que he conocido aún no termina.