miércoles 30 de diciembre de 2009

Myanmar: Yangon 2



Birmanos usando longyi caminando por la gran pagoda de Shwedagon

Una vez dejadas nuestras maletas en el hotel y depositado toda nuestra confianza y nuestros escasos dólares en las manos de Toe para que nos organice un viaje hacia Bagan e Inle Lake, éste nos lleva a almorzar a un lugar muy especial. Pasamos por fuera de la gran pagoda Shwedagon la cual luego visitaría y nos encaminamos a un pequeña calle donde entramos a un pequeño local , una verdadera "picada" con la comida con la mejor relación precio/calidad que he visto en mi vida. Lejos lo mejor de todo era un sabrosísimo estofado de cabra y un pote de maní con una especie de puré de hierbas bastante salado. Una maravilla a los sentidos, nuestra mesa quedó repleta de colores, olores, sabores y texturas nuevas para nosotros y que disfrutamos devorándolo todo.


Arriba, disfrutando de la gastronomía birmana. Abajo, imagen de la gran pagoda.

La gran pagoda Shwedagon es un enorme complejo de edificios dominado por la estupa Shwedagon Paya que con sus 100 metros de alto y completamente bañada en oro no deja indiferente a nadie. La leyenda indica que fue construida después de la muerte de Buda cuando dos hermanos llegan con ocho pelos de él como reliquia. Actualmente la estupa está rodeada de diferentes edificios y templos, todo ricamente decorado con cientos de esculturas, relieves y figuras. En la punta de la estupa un hti o corona, con diamantes y rubíes remata el conjunto.
Para entrar es obligatorio sacarse zapatos y calcetines, además de zafarse de los "guías oficiales" que gentilmente se te acercan. Digamos que ir a un baño público, en Myanmar, descalzo, es algo que podríamos considerar "una aventura", menos mal que hace calor y el contacto de la planta de mis pies con las baldosas calientes me dan una sensación de que mi piel se está esterilizando.

Pagoda Shwedagon y joven birmana rezando.

Entro y no alcanzo a maravillarme cuando suenan los truenos y se larga una lluvia de los mil demonios. Busco protección y un monje joven me hace señas y me invita a pasar a una sala abierta donde se realizan oraciones. Entramos Miguel y yo. Bueno, ese día solo estaba con él luego de que tratáramos de conseguir dólares infructuosamente en el único lugar en todo el país donde se puede utilizar una tarjeta de crédito y luego nos perdiéramos en los alrededores de la pagoda. Se nos acercan dos jóvenes quienes dicen ser estudiantes de filosofía budista, ¡suerte la mía! digo yo, por fin podré experimentar una "real buddhist experience" como corresponde, en un lugar no mancillado por la cultura occidental. Iluso. El monje y sus alumnos nos invitan a dar una vuelta siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj y nos explican la historia y nos hacen preguntas sobre Chile, su clima, las comidas, ¿hay budistas allá? y ese tipo de cosas. Los birmanos poco y nada saben sobre el resto del mundo y prácticamente toda su fuente de información son los pocos turistas que se arriesgan a venir por estos lares, así que recuerdo las palabras de Toe y hablo de la democracia que hay en Chile y que tenemos presidenta mujer y.....recuerdo que estoy en una dictadura, no sé con quien estoy hablando y temas como "democracia" y "Aung San Suu Kyi" puede significar que mi gentil estudiante de filosofía termine preso y/o torturado. Seguimos recorriendo, me hacen participar de algunos ritos (creo que soy budista sin darme cuenta) y finalmente me piden una "cooperación" para comprarle una nueva túnica al monje porque iba a un congreso budista a la India. Pago con dolor algunos kyat, esos largos y viejos billetes que afuera del país no vale absolutamente nada, y bueno.....luego de eso me doy cuenta de la cantidad de monjes y esudiantes de filosofía budista que dan vuelta, incluyendo a un viejito que me dijo que no confiara, que en ese país nada es lo que parece. Creo que lo más me dio pena es que los tipos en realidad eran simpáticos, no eran en lo absoluto tontos sino que eran muy curiosos, me hicieron preguntas muy interesantes, me contaron sobre su vida, de lo práctico que es usar longyi, de su interés en la filosofía, etc., y el gesto de pedir cooperación al final ensombreció algo que en un inicio pensé que era puro altruismo. Seguramente pequé de inocente, o quería creer que la gente de este país eran inmaculados. Entristecido porque sentía que la gente se acercaba a conversar solo para obtener dividendos económicos empiezo a recorrer los edificios exteriores solitariamente solo para encontrarme con Jose y Tere recorriendo la pagoda con "mis" estudiantes de filosofía.

Arriba, haciendo un ritual en el Buda que me corresponde por mi día de nacimiento. Abajo, mas escenas de la pagoda, Miguel y yo posando con nuestros amigos birmanos y una de las entradas al complejo de templos.

Advertidos del palo que se viene al final, los espero un largo rato a la salida mientras observo a los peregrinos y vendedores, creyentes y uno que otro turista (¿ese no venía en el avión con nosotros?) y la tarde se va lentamente, muy lentamente mientras el cielo se oscurece y solo brilla la estupa dorada sobre una oscura y ajetreada ciudad.


Myanmar : Yangon


¿Fue ético haber visitado a Myanmar? Esta pregunta se repitió en mi cabeza durante los días que visité el país y después de haberlo dejado siguió insistiendo en mi mente, ¿fue ético haber apoyado, aunque fuse involuntariamente, la situación política actual del país? ¿Hubiese sido mejor haber seguido las recomendaciones de los diferentes organismos internacionales que llaman a un boicot total contra la junta de gobierno, o Thaung y Toe tienen razón respecto de que cada turista es una esperanza para ellos? Aún hoy no lo sé. El viaje a través de Myanmar fue bastante más que un simple viaje de turismo, fue un viaje a través del tiempo, un viaje a través de la historia y también a través de las personas más hermosas y amables que jamás pensé en conocer. Creo que es imposible ir a Myanmar y que algo no cambie en ti, algo hace click en tu interior y descubres que los atardeceres de Bagán, la sonrisa de He-He, y la hospitalidad de Phyu no se te pueden borrar de la mente y pareciese que todo lo que viví nunca sucedió sino sólo en un sueño, en un largo y extraño sueño.

Ir a Myanmar es retroceder 30 años en el pasado. Si tuve antes esa sensación al observar el desamparo y retraso de Cambodia, ahora se hace más patente que nunca el sentir que he viajado en el tiempo. A pesar de la aparente modernidad que impregna el ocioso aeropuerto internacional de Yangon (construido como parte de una campaña para atraer 500.000 turistas, campaña que terminó en fracaso debido al boicot internacional) solo bastan unos segundos para percatarse que acabas de entrar en la dimesión desconocida. Pasados los controles de rigor aparece la clásica horda de taxistas, pero todos ellos llevan en vez de pantalones un sarong largo y ajustado, amarrado adelante, que denominan longyi. Aparece de la nada un mesón con un tipo con cara de funcionario burocrático para cambiar dinero y me percato que lo que nos dijieron es real y estoy en un apuro: en Myanmar no hay cajeros automáticos y si no tienes US dollars no tienes dinero simplemente......¿Sobreviviré todos estos días con apenas US$ 300?


Calles de Yangón, vistas desde mi hotel.

El azar nos llevó a él, el destino nos hizo confiar y nos recompensó con creces. En vez de seguir al taxista que nos ofrecía viaje gratis hasta un hotel determinado preferimos al tipo flaco y con dedos deformados que nos ofrecía llevarnos a cualquier hotel, pero no gratis. Resultó ser Toe quien trabaja junto a su socio Thaung manejando taxis y minibuses. Tranquilamente en el viaje Toe nos conversa, nos pregunta si conocemos la situación del país, de la pobreza de la gente, de la corrupción del gobierno, la represión a la disidencia política, de los abusos en contra de los derechos humanos, de los palacios de los militares y de la miseria de la gente común y corriente. Hasta que dice las palabras mágicas: ¿Conocen a la madame?

Aung San Suu Kyi, la "madame", es la indiscutida líder de la oposición birmana al autodenominado eufemísticamente "Consejo para la Paz y el Desarrollo del Estado", la junta militar dirijida por el general Than Shwe y que gobierna el país desde el año 1988. Hija del padre de la independencia del país, ella y su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ganaron las elecciones del año 1990 con una abrumadora mayoría pero los militares simplemente no reconocieron el resultado y declararon nulo el proceso, recluyéndola en prisión domiciliaria. Antes que partir al exilio, ella ha preferido mantenerse al lado del pueblo y ser testimonio viviente de la lucha pro democracia pacífica, basada en una moral inquebrantable basada en lel ideal del "bien y lo justo". Liberada brevemente el año 1995, prefirió no recibir el Premio Nobel de la Paz que había ganado el año 1991 ya que sabía que si salía del país no podría volver a él. El año 96 volvió a su reclusión domicilaria soportando la muerte de su marido inglés (a quien se le negó la visa para verla por última vez) o la separación de sus hijos.


Aung San Suu Kyi (foto sacada de google)

Actualmente sigue en reclusión domiciliaria, intentando dialogar con los militares, llamando a la participación de los ciudadanos y la protesta pacífica. Un inglés, supuestamente luego de un sueño premonitorio, cruzó el lago donde está ubicada la casa de Aung San Suu Kyi y entró furtivamente a su residencia, violando con esto la prohibición de la líder de tener contacto con extranjeros. El resultado fue una nueva condena de arresto, lo que le impide participar de las próximas (y seguramente fraudulentas) elecciones, donde se deberíá ratificar la nueva Constitución del país. ¿Curioso, no?

Toe nos contó que era un estudiante de la entonces llamada Universidad de Rangún para las protestas del año 88. Las razones por las cual ahora es un taxisa las desconozco. Nos pidió muy humildemente que no usáramos los servicios turísticos estatales y que nos llevaría a un hotel "independiente" que aún no es propiedad del gobierno, y que nos podía armar un tour sin necesidad de contratar alguna agencia estatal. Sospeché un poco ¿porqué nos hablaba tan suelto de lengua a un grupo de extranjeros de un país de un rincón perdido del mundo?¿no estará tratando de ver si somos activistas o periodistas?

Nos llevó al Yoma Yangon Hotel, humilde pero confortable hotel ubicado en el centro de la ciudad. Yangon era conocida antiguamente como Rangún y fue durante muchos años la capital del país hasta que la junta decidió, por razones que van desde lo táctico hasta lo superticioso, cambiar la capital a una pequeña villa en medio de la nada: Naypyidaw, un lugar que según muchos busca eternizar el régimen basado en "la geometría y la topografía". El régimen cambió también el nombre del país de Birmania o Burma a Myanmar, ya que los otros nombres son considerados "coloniales". La ciudad sigue siendo la ciudad más poblada y el centro comercial del país.

Casi todos los edificios son antiguos y de varios pisos, herencia del colonialismo inglés, y están a bastante mal traer. Se ve poca influencia extranjera y practicamente todo está escrito en su incomprensible alfabeto. Noto influencia india y también china en las calles, muchas de ellas a mal traer y llenas de baches y basura. Todos los hombres usan orgullosos sus longyis y las mujeres usan sus también ajustados sarongs junto a sus rostros pintados de amarillo lo que las hace lucir sumamente graciosas. Lo del color amarillo es por una crema que se obtiene de un árbol y se utiliza como maquillaje y protector solar. Todos los autos son viejos y en general la ciudad se ve descuidada, casi abandonada a su suerte, con antiguos edificios ministeriales con árboles creciendo de sus techos y una maravillosa catedral cercada y abandonada. Lo único que áun resplandece son las pagodas y templos y el carácter afable y sencillo de las personas que nos miran con curiosidad por las calles. Claro, ellos deben saber distinguir a un indio, a un chino o a un "gringo" pero a alguien como yo.....¡quizás que diablos debo parecer, un ser de raza indeterminada! Y la gente se da vueltas para mirarme especialmente las mujeres cosa que no sé si llenarme de orgullo o entristecerme.

Y recorriendo las calles recuerdo las historias que leí y escuché antes de llegar acá: los campos de trabajos forzados y "re-educación", represión a la disidencia política, torturas y muerte, la cleptocracia que hace que todo el dinero termine en manos de unos pocos mientras la población apenas subsiste, el abandono que sufrió la población cuando el ciclón Nargis arrasó con parte del país (se estima en más de 100.000 los muertos, el gobierno no permitió el ingreso de organizaciones de ayuda internacional, la poca ayuda que ingresó terminó en manos de los militares), y el acoso que sufren las minorías étnicas, aterrorizadas por los "ejércitos de violadores" que raptan mujeres de estas minorías las cuales son rifadas en los cuarteles para ser esclavas sexuales y sometidas a trabajos forzados y todo tipo de vejámenes, para luego ser ejecutadas o abandonadas. El ejército combate contra grupos insurgentes, utilizando a pobladores y campesinos como escudos ante ataques y ante la presencia de minas terrestres. Las violaciones y destrucción de poblados son comunes huyendo la población a países como Tailandia donde no siempre son considerados refugiados políticos. Muchas de las carreteras, hoteles y atracciones con que la junta quiere atraer más turistas son construidas con mano de obra esclava (prisioneros políticos) y se sabe que muchos de ellos mueren debido a los trabajos forzados. Enumerar el enorme listado de atrocidades es para deprimirse y perder toda confianza en los humanos como especie, pero ahí están figuras como las de Aung San Suu Kyi para recordarnos que ante las injusticias la fortaleza moral es más poderoso que cualquier ejército.

Y con estos pensamientos inicio mi viaje por el país, donde además de Yangón conocí Bagán, un lugar mágico y espiritual, y el lago Inle, donde retrocedí más que 30 años en el pasado.

Para que aprendamos algo , así se escribe Chile en birmano.

martes 22 de diciembre de 2009

Chiang Mai- Tailandia


Monumento a los Tres Reyes, Chiang Mai.

Ya estaba empezando a extrañar la mirada omnipresente de Rama IX. Nuevamente en Tailandia, es la tercera vez que entro a este país y las cosas que me sorprendieron la primera vez ya no me parecen tanto. Chiang Mai es la ciudad más grande e importante del norte de Tailandia, importante centro comercial y cultural del país y una ciudad que, a primera impresión, se nota más ordenada y limpia que las caóticas calles de Bangkok, pero también más pueblerina y menos cosmopolita. La ciudad también es conocida por las atracciones que existen a su alrededor y ser base para los grupos que viajan hasta el remoto, y a veces peligroso, triángulo dorado.
Por esas casualidades de la vida llegamos un domingo, justo el día del famosísimo Sunday Market. Luego de dejar nuestras cosas en el SK II Guesthouse caminamos algunas cuadras hasta toparnos con los locatarios que ya estaban colocando sus cosas en la calle y veredas. Estábamos en la parte antigua de la ciudad, la cual es un cuadrado rodeado por restos de una alta muralla y un foso de agua. El Sunday Market es una feria realmente enorme y diversa, donde uno es posible encontrar prácticamente de todo: una inmensa variedad de artesanías, ropa y poleras tan originales como mi estampado de "Dj Bruce Lee", deliciosa comida callejera que incluían cucarachas de 10 cms de largo y larvas de diverso tipo, etc. Son las 6 pm y el mercado ha empezado a hervir en actividad hasta que de un momento todo el mundo se detiene, el ruido desaparece en un instante y por los parlantes callejeros un himno empieza a sonar: es el himno real, que suena todos los días a las 6 pm y es escuchado con respeto por todos los ciudadanos. Luego me entero que sucede lo mismo en los cines, antes de iniciar una película suena el himno nacional y todos lo escuchan de pie. Lo mismo en la televisión, lo cual pude comprobar unos días después cuando ya de noche prendí el televisor y una canción cuyo coro decía "king of kings" resonaba mientras la pantalla mostraba diversas imágenes de la vida de Rama IX.

Sunday Market y algunos de sus "deliciosos" productos.

El market vuelve a su actividad normal, bulliciosa y sorprendente. Jóvenes se pasean abrazados, riéndose y sintiéndose seguros de si mismos como cualquier adolescente, siempre del mismo sexo ya que andar toqueteándose hombres y mujeres en público no es muy bien visto. No es que todos los jóvenes sean gays o lesbianas, pero existen ciertos pudores respecto al tema a pesar de lo relajados que son los tais en temas sexuales. Entremedio de los puestos relucen las puntas doradas de templos y pagodas que están por todos lados: Wat Chiang Man, Wat Phra Singh, Wat Suan Dok y otros más. Por ahí leo una placa conmemorativa de una visita real el año 2550 y recuerdo que estoy bajo otro calendario. Bienvenido nuevamente a Tailandia.


Diversos templos de Chiang Mai. El letrero comprueba que estuve en el futuro, incluso en la foto de abajo se puede observar un extraño rayo saliendo de la pagoda.

Luego de semanas de intenso viaje ya estabamos un poco exhaustos y a veces los ánimos se caldeaban en el grupo, cosa que se exacervaban con cosas como un viaje medio mula que consumió alguno de nuestros baths. Terminamos ese día, algunos más enojados que otros, en un lugar llamado Baan Tong Luang.

¿Se han sentido alguna vez estar dentro de un zoológico humano? Para bien o para mal, yo estuve en uno. La curiosidad ganó y entré a una villa donde, supuestamente, uno podía ver la forma de vida tradicional de una tribu de las montañas. Extrañamente, en ese lugar habían varias tribus juntas, cinco para ser exacto, como los Hmong, Lisu y Karen (o Kayan), ésta última la "guinda de la torta". Y así uno pasaba de cabaña en cabaña donde siempre sonrientes viejecillos te enseñaban a machacar unos granos, a hilar o a disparar con una flecha, siempre con sus ropajes tradicionales. Y de cabaña en cabaña era como pasar de jaula en jaula, y no podía dejar de pensar que estaba en un zoológico humano, donde estos remanentes de las tribus de las montañas exhibían su ancestral forma de vida como atracción a tontos turistas como yo. Pero, ¿cuál es la alternativa? , las montañas del norte de Tailandia son zonas peligrosas y pobres, con altos niveles de desnutrición y desamparo, y controlados por señores de la droga (si se pueden conseguir el documental "Buddha's Lost Children" tendrán una imagen de lo que hablo) y acá por lo menos viven seguros, ganan dinero y mantienen algo su cultura. Luego de pasar unos arrozales uno ingresa al "plato fuerte", a la tribu Karen y sus famosas "mujeres jirafas".

Miembros de diferentes tribus de las montañas. La niña insistía en quedarse con mi cámara.

Las mujeres ocupan pesadísimos collares con objeto de deformarles el cuerpo y hacer parecer que sus cuellos son más largos de lo normal ( en realidad aplastan los hombros). Y ahí están en unas chozas construidas ad-hoc donde hace algunas actividades diarias como hilar o criar a los hijos mientras uno las puede ver o sacarse fotos con ellas, sus largos cuellos y sus tristes sonrisas, condenadas a ser objetos en vitrinas. No dejo de sentirme mal, aunque luego, a los pies de una pequeña capilla católica, recuerdo la inscripción a la entrada y algo de la historia de la zona y me digo: frente a lo que han vivido, esto no es tan malo.

Mujeres Karen con sus "cuellos estirados".

Los Karen no son tailandeses, sino que provienen de Myanmar, específicamente en los estados de Shan y Kayah. El origen del uso de los collares proviene, según algunos, de una protección contra el ataque de tigres o para hacerlas menos apetecibles para los traficantes de esclavos birmanos. Sin embargo, al parecer solo tendría un fin estético y de estatus, además de restarles movilidad lo que hace que estén obligadas a permanecer en casa. A pesar de lo horroroso que puede ser ver a una mujer con su cuello muy estirado, varias de las muchachas poseían rostros verdaderamente hermosos. El grupo presente huyó desde Myanmar huyendo del acoso del gobierno y su política de birmanizar por completo del país a la fuerza, lo cual incluye prácticas francamente horrorosas que en mi vida pude haberme imaginado (me explayaré más sobre esto cuando relate mi visita a Myanmar). De ahí que sean cristianos, ya que odian a sus enemigos birmanos budistas. Existen varios grupos armados que tratan de protegerse del ejército birmano, como es el Ejército de Liberación Karenni y partidos como el Partido Nacional Progresista Karenni, que llevan luchando 40 años contra la agresión birmana en una guerra cruenta y despiadada. Muchos huyen al exilio en Tailandia donde no se les reconoce siempre su condición de refugiados, condenados por ende a la miseria y a la explotación. Frente a esto, el que las mujeres Karen sean exhibidas como animales no parece tan malo. Sin embargo, muchas de ellas viven abusos y bajo la constante humillación de ser tratadas como animales de circo más que como personas.

No me pueden negar que la mujer de la última foto no es una belleza, a pesar de su cuello.

Al día siguiente tomamos un tour hacia una reserva donde mantienen a un grupo de elefantes los cuales están amaestrados para hacer cosas como jugar fútbol o pintar un cuadro (cuadros que luego vendían bastante caros). El espectáculo continuaba con un paseo arriba de un elefante nuevamente y en una carreta, para después recorrer el río cuyo nombre no resgistré en una endeble balsa de juncos, almorzar rico y luego visitar un jardín de orquídeas, las cuales se dan como maleza en estos rincones del mundo.

Elefantes multiuso, pintan y transportan.

Y Tailandia quedaba nuevamente atrás con sus bellezas y contradicciones, y se iniciaba lo que considero fue la parte más hermosa y fuerte de este viaje: Myanmar.

Luangprabang 2 - Lao PDR


Amanece en Luangprabang. No son ni las 06:00 am y las calles ya están repletas de gente sentadas en las veredas con canastos esperando impacientes. Nos bajamos del tuk-tuk que el hostal nos había pedido y nos encontramos con una larga hilera anarajandada que serpentea por las calles. Son monjes, cientos de ellos caminando silenciosamente con una especie de olla colgando. Desfilan ordenadamente recibiendo puñados de arroz o algunos caramelos y chocolates y sonriendo mientras hacen caso omiso a algunos turistas que se acercan a fotografiarlos.

Es el Boun Khao Padabin, la ceremonia de entrega de limosnas, un espectáculo increíble que me hizo trasladarme a un espacio atemporal ignoto impregnado de un aire espiritual que jamás pensé que sentiría. Trato de seguir las reglas: no sacar fotos con flash ni acercarse a los monjes, no hablarles ni tocarlos, estar siempre en una posición más baja, no meter ruidos, mantener una conducta respetuosa. Esta es la única forma de que esta hermosísima ceremonia se mantenga en el tiempo y no se transforme en algo vacío sin sentido, o que simplemente los monjes dejen de realizarla perdiéndose un capital cultural de inmenso valor.

Ceremonia de entrega de limosnas, Luangprabang.

Es día de fiesta en Luangprabang, hoy es el festival anual de carreras de botes por el río Nam Khan y se respira en el aire un ambiente jolgorioso. Es mediodía y el calor es fuerte, fuertísimo, como pudimos nos cobijamos a la sombra de un gran árbol rodeados de matorrales donde pudimos observar los preparativos, las largas y coloridas balsas con 40 o 50 remeros cantando y remando al unísono, llevando a una "princesa" con ofrendas en su punta. La calle está repleta de gente y de vendedores mientras los pacíficos niños laosianos llevan en sus manos extraños juguetes: réplicas exactas de pistolas, rifles y escopetas que larzan postones plásticos haciendoles ver como pequeñas pandillas armadas hasta los diestes, una imagen rara en un lugar tan espiritual y de gente tan amable y pacífica. Empiezan las carreras y el río se llena de colores anaranjados, amarillos, azules, rojos, etc. La gente de las orillas apoya a sus equipos cantando y gritando mientras un bote más pequeño con gente disfrazada condimenta el ambiente. Todo increíble si no fuese por el fuerte calor y la larga espera entre carrera y carrera. Eso y mi tripa exigiendo alimento y una BeerLao helada dio por terminada la carrera antes de tiempo. Ni idea de quién ganó.

Carrera anual de botes, Luangprabang.

Creo que es momento de hablar de BeerLao, la cerveza nacional de Lao. Así como los tailandeses tienen a Chang y Singah, los camboyanos a Angkor y los vietnamitas a Bia Ha Noi, Lao tiene su propia cerveza. Y que cerveza my god, lejos la mejor cerveza que probé durante mi viaje. Una cerveza lager en base a arroz local y malta importada que es simplemente una delicia, ganadora de varios premios y medallas internacionales, cerveza que lamentablemente no llega a nuestras tierras. Háganse un favor y visiten www.beerlao.la y verán de que hablo.

BeerLao, la mejor cerveza del sudeste asiático !!

La calle principal está nuevamente repleta de artesanos que venden en forma directa, sin intermediarios, sus productos. Las veredas estallan en colores aunque, para ser honesto, luego de un rato los productos se ponen un tanto monótonos: todos tienden a hacer y vender lo mismo. Nuestros cuerpos exigen hidratación y le pedimos a un chofer de tuk-tuk que nos lleve a las famosas "waterfall" donde podríamos chapotear un rato entremedio de las montañas y bosques que rodean la ciudad. Llegamos por un camino de tierra hasta la orilla del río, donde una especie de "quinta de recreo" repleto de adolescentes comen y beben y nos miran con curiosidad. Un viaje en un endeble, muy endeble bote por el río y llegamos a unas hermosas caídas de agua entremedio de un verdísimo bosque. El agua cubre suavemente unas redondeadas y resbalosas formaciones rocosas y el lugar parece de ensueño. Notamos que somos los únicos extranjeros presentes, principalmente porque somos los únicos que nos sumergimos con traje de baño y no con ropa completa, como lo hace el resto. Un elefante chapotea un poco más allá. Refrescados retomamos el bote endeble junto a una pareja de tailandeses y volvemos a la "quinta de recreo". En una edificación cuadrada, abierta y techada una pequeña banda toca algunos temas sin que nadie les preste mayor atención hasta que repentinamente se inician unos acordes y de improviso todos los jóvenes laosianos saltan de sus asientos donde estaban bebiendo y se lanzan a un desenfrenado baile con mucho movimiento de caderas y todos cantan el coro que dice algo así como "ei-i-em-ci-ou- lalalalala" y nos quedamos sorprendidos y maravillados por alguna extraña razón. Nuestro chofer de tuk-tuk nos dice que es una canción de "T-pop", pop tailandés que es lo que la lleva por estos lados, ¡¡ es incluso más popular que el J-pop o el K-pop!!

Amanece. Es un nuevo día y nuevamente estoy levantado temprano. Ahora nos vamos en un tour hacia Pak Ou Caves, cuevas ubicadas a 25 kms de Luangprabang en una de las orillas del Mekong conocidas por tener en su interior miles de figuras de Buda. Cruzamos el Mekong en bote y subimos una larga escalinata para ingresar a una oscurísima cueva donde habían cientos de estatuillas de Buda, casi todas de solo centímetros de alto, lo cual fue un poco decepcionante. En la cueva más baja, Tham Ting está repleta de figuritas de Buda, muchas de ellas dañadas ya que la gente no las bota a la basura una vez que se han dañado sino que las lleva a la cueva. Nuestro viaje continuó hasta la aldea de Ban Xang Hai, villa dedicada a la artesanía donde uno puede ver a los artesanos en vivo y en directo, interesante aunque olía a preparado turístico y las artesanías, aunque hermosas, eran repetitivas y caras. Resaltaban algunas antigüedades hermosas que sospeché o no podría sacarlas del país o podría causar un daño en el patrimonio histórico, o bien eran falsificadas. Al lado, nuevamente vino de cobra, pero en este caso flotaba también algo que parecía una garra de oso.


Budas en Pak Ou Caves, y vendedora de telas.

Decidimos volver a las waterfall esa tarde, aunque para nuestra sorpresa terminamos en otra, más turística y con mejor infraestructura: la cascada Tat Kuang Si, de unos 60 metros de alto. Recordando mi infancia subí junto a Juan y Jose por un costado hasta alcanzar la parte más alta, donde nace la cascada y de ahí ver el paisaje. Mis crocs funcionaron a la perfección. Bajé por el otro costado para descubrir que había una escalera (plop!) y luego un chapuzón en alguna de las heladas y turquesas pozas que se forman.

Tat Kuang Si

Un ( o algo así) se llama nuestro amigo monje budista. Lo conocimos por casualidad mientras explorábamos un templo. Sentado en una mesa, nos invitó a sentarnos y compartir un fruto amarillo y ácido, cortado en lonjas, dispuestos en un pequeño pote con ají en polvo, ají picante por cierto. En sus manos tenía un libro para aprender español, así que con una sonrisa de oreja a oreja conversó con nosotros y nos preguntó dudas. Llevaba años en el monasterio, dedicado a la meditación y el estudio. Entrar a un monasterio budista es como entrar a la universidad, es un período de tiempo donde los jóvenes aprender a dominar sus mentes, a forjar carácter, a meditar y estudiar. Todos tienen que aprender idiomas y nuestro amigo Un sabía laosiano, hmong y tailandés, más algo de inglés. Ahora iba por el español. Nos contó que todos los jóvenes pasan un período de tiempo en algún monasterio pero él siguió y esperaba estar unos cinco años más, ya que entrar y salir es completamente voluntario. Pronto una tropa de niños y jóvenes con túnicas anaranjadas nos rodeó con curiosidad, preguntándo nuestros nombres y riéndose pícaramente.

Nuestro amigo monje Un e imágines de un día normal en Luangprabang.

Debido a mi insistencia fuimos al Royal Museum, conocido como Ha Kham. Hasta antes del triunfo comunista Luangprabang era la capital del país, por ese entonces una monarquía cuya bandera incluía elefantes, y el museo era el palacio real. Sencillo, con grandes salones, colecciones de espadas y armas, hermosos murales, prendas de vestir, las piezas del rey y la reina y parte de la parafernalia de cualquier monarquía y un vistaso al Buda Pha Bang, escultura dorada entregada como obserquio en el siglo XIV para difundir en el país las enseñanzas del budismo Therevada y del cual deriva el nombre de la ciudad son razones suficientes para pagar la entrada y darse una vuelta por ahí (eso y protegerse de la fuerte e imprevista lluvia).



Antiguo palacio real y uno de la decenas de templos que hay en la ciudad.

Anochece. El night market está lleno de vida y colores nuevamente, pero todo tiene un aire de tranquilidad y relajo. Amanece. Nos vamos de Lao. Converso por última vez con el administrador del hotel, y le pregunto como fue que un japonés terminó en un lugar así. Llegué solamente, me dice, llegué y me enamoré. Formé una familia y siempre he estado en paz, ¿porque querría volver a Japón?

Me despido del personal del hotel y me despido del país. Me pregunto si volveré en algún momento de mi vida a sentirme tan relajado como estuve acá. Me pregunto si volveré a sentirme tan en paz. Me pregunto si volveré algún día a esta ciudad, a respirar su tranquilidad y sentir las plácidas sonrisas de las personas invitándote a dejar de preocuparte. Nuevamente un avión azul y blanco con hélices me espera y me lleva al próximo destino : Chiang Mai, Tailandia.

lunes 21 de diciembre de 2009

Luangprabang - Lao PDR



Sabaidee. Ésa es la palabra mágica en Lao, la que te abre a las siempre fáciles sonrisas de las personas. Sabaidee dices y todos sonríen tranquilamente, por que en ese lugar el tiempo transcurre a otra velocidad. O es posible que el tiempo ni siquiera transcurra sino que estás en un espacio atemporal, suspendido en el tiempo.

Thongbay Guesthouse es nuestra residencia, un conjunto de idílicas cabañas con vista al río Nan Khan donde terminas sin saber que día y hora es. Es caluroso y húmedo y los mosquitos hacen de las suyas en las noches, pero el ambiente es tan relajado que esas cosas no importan, los días pasan lentamente y el hecho de recostarse a ver pasar el río con sus botes y gentes mientras atardece ya es un espectáculo en sí. Y es tanto el relajo que a las 11 pm las calles de la ciudad ya están semidesiertas y solo un par de locales para extranjeros mantienen sus puertas abiertas.

Llegamos en tuk-tuk al centro de la ciudad donde las calles están repletas de vendedores que ofrecen cosas insólitas para nosotros. Mientras saco dinero de un cajero alguien me saca una foto: hacía solo minutos habían inaugurado la sucursal y era uno de los primeros clientes. Compro algunos dólares y me regalan una polera. "Tienes que usarla mañana"- me dicen-"mañana es la carrera anual de botes por el río, y esta es la polera oficial de nuestor equipo". La gente es amable, sonríe permanentemente y hablan bajito, muy bajito. Dan la impresión de ser tímidos en extremo hasta el punto de agacharse levemente cuando pasan entre dos personas que conversan. Salgo dispuesto a sorprenderme con la feria y solo pasan unos minutos para que suceda. Una amable anciana con una enorme sonrisa nos ofrece su mercancía: unos grandes escarabajos vivos. Mediante señas me enseña como abrirlos y comerlos, de lo cual me abstengo gentilmente. Pero solo metros más allá ya no pude contenerme. ¿Cómo resistirse a un buen plato de saltamontes fritos? Un pecado sería no hacerlo. Elijo el plato de los chicos y los pruebo. Ricos pero un tanto aceitosos, son un snack bastante bueno para esa calurosa mañana. Más allá, venden larvas y algo parecido a colmenas, además de zapatos y artesanías varias. Mientras bebo un jugo de aloe vera llego a la orilla del Mekong y de ahí a la calle principal de la ciudad, Sisavangvong. Personas venidas desde los alrededores vestidas con sus trajes típicos según su etnia (Lao, Hmong, Shan, Yao y otros) impregnan de colorido la calle junto con sus puestos de telas y artesanías de vívidos colores. Más allá nos encontramos con restaurantes mientras la calle está desierta: fácilmente hay 38 grados. Como un pescado de río frito francamente delicioso. Para bajar el almuerzo subimos al Phu Si, una colina con un templo en su parte superior donde es posible observar toda la ciudad, lo cual no es difícil considerando que tiene solo 40.000 habitantes.

Mercado callejero: la señora de los escarabajos, venta de larvas y los irresistibles saltamontes fritos.

Mientras recorro el templo sorprendo a un grupo de niños jugando con una batería antiaérea, en una mezcla extraña entre historia y presente. En sus inicios, Lao fue conocido como Lan Xang, "el país del millón de elefantes" y Luangprabang la capital de un imperio que se extendió por todo sudeste asiático. Pero pronto llegaron los colonialistas franceses a tomar control de la zona y el país, ya en siglo XX, quedó atrapada entre medio de las luchas independentistas y políticas que sacudieron este rincón del mundo. El Pathet Lao, la guerrilla comunista, apoyó al régimen de Vietnam del Norte y a la guerrilla del Vietcong en contra de los norteamericanos y el gobierno títere de Vietnam del Sur. El largo y estrecho territorio de Lao fue ocupado para el movimiento y aprovisionamiento de tropas. Los norteamericanos iniciarion lentonces la llamada "guerra secreta" para bombardear el denominado "sendero Ho Chi Minh": se arrojaron 260 millones de bombas de racimo en contra de la población sin distinción si eran civiles o no, lo cual transforma a Lao en el país más bombardeado de la historia en un crimen de guerra sin precedentes, con un número indeterminado de víctimas civiles indefensas. Zonas enteras del país fueron arrasadas, las montañas quedaron como queso y hasta el día de hoy los campesinos temen trabajar las tierras por temor a que una bomba sin explotar les quite la vida. Toda una cultura alrededor de las bombas se forjó, como pude ver mientras caminaba por el templo: los maceteros eran grandes casquetes de bombas. Lamentablemente, el país empezó a ser conocido como "el país del millón de prescindibles".

Phu Si. En la última foto, restos de una bomba usado como macetero.

Finalmente, el año 1975 se proclamó la Repúbica Popular de Laos (Lao PDR, nombre oficial del país. El término Laos es utilizado por los extranjeros, pero en realidad es Lao), suprimiendo la monarquía e iniciando la socialización del país, cosa que se relajó durante los ochentas imitando a los Vietnamitas, aunque sigue siendo uno de los países más pobres del mundo, con una economía cerrada, con fuerte presencia estatal, aunque miembro de la Asean.

Siguiendo el recorrido por la colina me encontré con la "wat tham phu si", una caverna con imágenes de Buda, y la "wat pha phutthabaht", ruinas donde se encuentra la "huella de Buda" (al parecer cada país tiene su huella de Buda, como semanas despúes descubrí). Bajamos de la colina para encontrarnos con un monasterio lleno de jóvenes novicios que nos miraban con picardía y despreocupadamente se cruzaban con el objetivo, supongo, de que les tomáramos fotografías. Los monjes son sumamente respetados y es normal enviar a los niños al monasterio durante una temporada o años ya que ahí reciben educación, además de forjar carácter. Hay que tratarlos con delicadeza, hablarles despacio, tratar de estar siempre al mismo o más bajo nivel, jamás por supuesto tocarles las cabezas y menos que una mujer los toque. Los dejamos atrás con sus anaranjadas vestimentas y sus tímidas miradas para entregarnos al consumo que significa un night market.

Un pequeño amigo monje y el colorido del night market.

Cansados regresamos a las cabañas. A la mañana siguiente habría que levantarse al alba para ver un espectáculo maravilloso: el Boun Khao Padabin, la ceremonia de entrega de limosnas.

domingo 20 de diciembre de 2009

Hanoi-Vietnam


La fama que tienen los taxistas del aeropuerto de Hanoi es bien cierta: son unos mafiosos. Con ese miedo llegamos a las 03:00 am y nos subimos a una van con un par de vietnamitas que parecían tan asustados como nosotros. Sin embargo, pudimos llegar a salvo al Old Quarter de la ciudad, al Phoenix Hanoi Hotel, un pequeño hotel que responde a las construcciones típicas que salpican el paisaje del país: un edificio de planta angosta, larga, y con varios pisos hacia arriba, lo que hacía que llegar a la habitación fuese todo un ejercicio.

Imágenes cotidianas en las calles del Old Quarter, Hanoi.

Hanoi es la capital de Vietnam, tiene algo más de 3 millones de habitantes y se encuentra a la orilla del río Rojo, llamado así por el color de sus aguas. El Old Quarter es un distrito bastante "tranquilo" si se compara con el bullicio de HCMC, con bastantes construcciones antiguas, muchas de ellas de corte europeo, repleto de restoranes, cafés, lagunas, tiendas de diseño y ropa. O sea, es un sector "con onda" que no deja de ser vietnamita: la gente hace prácticamente toda su vida en la calle. Así, caminar por sus veredas resulta toda una aventura, haciéndole el quite a las motos y a la gente que desayuna, almuerza o cena en la vía pública, sentados en sillas y mesas bajas. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad vietnamita y se puede observar especialmente en las tardes a familias completas compartiendo deliciosos platos en las veredas, o bien, lavando los platos en cuclillas frente a bandejas plásticas. Un night market cerca de nuestro hotel llena de vida la noche, mientras sentados en las pequeñas sillas en la vereda observamos el increíble (o caótico) tráfico de autos, motos y personas con una "Bia Ha Noi" en la mano, la cerveza local.


Más vistas de la ciudad y tomando una callejera cerveza.

El cansancio me pasó la cuenta y casi me quedo dormido para tomar el tour que nos llevaría a una de las grandes maravillas de este país: Ha Long Bay. Ubicada en la bahía de Tonkin, es Patrimonio de la Humanidad. Y vaya que lo es.

Una inmensa bahía salpicada de cientos de islas rocosas dominan el paisaje. Las islas se alzan hacia el cielo y pareciesen no tener fin . Asombrado las observo mientras nuestro barco, que será nuestra "casa" por un día, surca las aguas que cada diez minutos nos sorprenden con un nuevo espectáculo geológico. Desembarcamos en una de las islas para ingresar al "surprising cave", una enorme cueva repleta de estalactitas y estalagmitas ( y de turistas) donde, según nuestro guía, uno podía ver figuras de dragones y tortugas, lo cual requirió de toda mi imaginación. Luego, a pasear por los alrededores en kayak y observar los rincones de los islotes cercanos. Para finalizar, cumplir con el rito de saltar desde la parte más alta del barco (unos 10 metros) hacia el mar y terminar la noche con algunos karaokes y tragos, donde resaltó la suave voz de una japonesa.

Ha Long Bay y cuevas.

A la mañana siguiente nuestro barco se dirigió hacia la isla de Cát Bà ,un pequeño pueblo con algunas playas que poseen una hermosa vista, pero que están lamentablemente llenas de basura. Alojamos en un hotel cuya comida dejaba algo que desear (ni comparación con la cena del barco, que delicia my god!) y conocimos a un grupo simpatiquísimo: un matrimonio australiano de Sunshine Coast, una holandesa mística de metro noventa y una señora austríaca que era la más cuerda del grupo. Durante la tarde nos llevaron a la llamada "monkey island" (parece que todos los países por acá tienen su "monkey island") que fuera de su pequeña playa, la basura en algunos senderos y los clásicos monos ladrones no tenía mucho que ofrecer.


Ha Long Bay y Monkey Island

Pero todo tiene su final y ya de regreso a Hanoi para conocer al tío Ho. Ah! pero antes, en la mitad del camino de regreso pude observar el mayor "vino de cobra" que he visto. ¿Qué es el vino de cobra? me dirán Uds. Bueno, un licor con supuestas propiedades afrodisíacas y que es consumido por los vietnamitas y vendido en botellitas como souvenir. ¿De qué se trata? fácil, agarras una cobra y la metes a una botella con alcohol, y luego de un tiempo te la tomas. ¿Asqueroso? no po, si ésa es la forma sencilla, no ven que también le pueden poner un lagarto en la boca a la cobra, y un alacrán dando vuelta le da un toque aún más exótico. O mejor, no hacerlo en una botella sino que en un botellón enorme, poner decenas de serpientes, lagartos, alacranes y ....un pájaro!!!!. Bueno, toda esa mezcla es buena para los hombres, según me dijo un vietnamita. Bueno será para algunas cosas, pero para el estomago debe ser una bomba que te la encargo.

El único e irrepetible vino de cobra, acá en su versión más extrema.

Bueno, iba en lo del tío Ho. ¿Saben quién es el tío Ho? (que ando preguntón hoy) Bueno, es un poeta e intelectual, padre de la República Democrática de Vietnam. Su nombre completo es Hô Chí Minh y fue el lider de Vietnam del Norte durante la guerra contra Vietnam del Sur y los norteamericanos, guerra que terminó con la derrota del régimen apoyado por los gringos, 5 millones de muertos y la unificación del país bajo un gobierno comunista. A su muerte, en 1969, quiso ser cremado pero finalmente su cuerpo fue embalsamado y depositado en un enorme mausoleo. Y vaya que es enorme, la cola para entrar es larga y los estudiantes vietnamitas son tan pelusones como cualquier niño. El interior del mausoleo es frío, y el tío Ho está ahí, de color amarillo, impertérrito, flanqueado por cuatro guardias que ni siquiera pestañean. Solo unos segundos dura la visión, la fila avanza y avanza y más personas rinden su culto al padre de la nación. Su culto se observa en los billetes, donde su rostro me mira, en los cuadros y pancartas colgadas en diferenes puntos, y en el cambio del nombre de la ciudad de Saigón por Ho Chi Minh City. La entrada al mausoleo cuesta 15.000 dongs, más 500 por dejar tus pertenencias a salvo y otros 15.000 dongs por dar una vuelta por los jardines y palacios circundantes a la plaza Ba Dinh. A la salida nos volvemos a encontrar con nuestro amigo aussie de Ha Long Bay quien, como siempre, sonríe y lanza chistes.

Mausoleo de Ho Chi Minh y niños pelusones. No se puede sacar fotos al interior del mausoleo y menos al cuerpo embalsamado del tío Ho, so pena de pudrirse en una cárcel vietnamita.

Y dejamos Vietnam. Un pequeño avión azul y blanco con hélices nos espera para llevarnos a uno de los destinos más hermosos del viaje: Luangprabang.

viernes 11 de diciembre de 2009

Vietnam- Ho Chi Minh City



Motocicletas. Si hay algo que puede describir Vietnam, especialmente HCMC son las motocicletas. Cientos, miles de motos circulando en un torrente sin fin llenando el aire de un zumbido permanente, como una maquinal música ambiental que repleta todos los rincones de la ciudad y de tu mente. En moto crucé la frontera y en moto terminamos medio estafados: en vez de llevarnos a la estación de autobuses de Ha Tien, la ciudad ubicada a unos cuantos kilómetros del puesto fronterizo (donde tuvimos que pagar una pequeña coima al militar de turno) terminamos en una feria donde otros choferes, ahora vietnamitas, nos esperaban para llevarnos a otra ciudad donde sí o sí encontraríamos buses para HCMC. Y ahora voy yo, mi mochila y el chofer líder, un vietnamita flaco (como todos acá) con unos largos y gruesos pelos que la salen desde la garganta. Ya todo esto me huele a tongo, porque hay que pagarles nuevamente y el chofer no para de hablar por celular (con su señora, me dice él) y que se puede hacer, estás en un país donde no entiendes nada de nada porque hablan un idioma que parece lamento de gato y ni siquiera sé muy bien donde diablos estoy, geográficamente hablando. Prefiero, entonces, disfrutar el paisaje: me doy cuenta que estoy cruzando el delta del Mekong.

Hermosísimos arrozales y empinadas montañas al lado de un tranquilo mar, pequeños poblados sugen de la nada y hermosísimas escolares vestidas con prístinos trajes blancos que las hacen ver más estilizadas de lo que son salpican el camino mientras se dirigen a sus clases en bicicleta. El paisaje es de ensueño, cada color resalta en esa luminosa e incierta mañana hasta que llegamos a otra ciudad cuyo nombre no registré solo para comprobar que éramos víctimas de un tongo: nos dejaron en una choza donde un bus nos estaba "esperando", con una tarifa unos 200% superior a lo que nosotros sabíamos que debería ser. Terminamos tomando un minibus hacia otra ciudad, Rách Gía, la más grande en este rincón del mundo y donde terminamos siendo objeto de curiosas miradas, para tomar otro minibus hacia HCMC, lugar donde llegamos cansados, fastidiados y de madrugada al Distrito 1, donde alojamos en el Golden Hotel.

Motos, muchas motos. Hay dos cosas que son características de HCMC: sus millones de motos y las masas de cables en sus postes. Cruzar la calle puede ser toda una experiencia dado que, como podrán adivinar, nadie se detiene por un simple peatón. Así que la técnica es simple: ser parte del fluido. Simplemente llegar a una esquina y cruzar, ser uno con el fluido de vehículos y llegar hasta la otra acera mientras atrás siguen y siguen pasando motos y más motos. Pero nuestro viaje tení auna misión y hacia allá nos dirigimos al día siguiente: Cu Chi Tunnels.



Fue un viaje raro. Primero nos llevaron a una fábrica de artesanías donde los artesanos hacían cuadros con cáscaras de huevos, entre otras cosas. Luego el viaje continuó hacia unas de las cosas más raras que he visto en mi vida: el "Vaticano" de la religión Cao Dai, ubicado en la localidad de Tay Ninh, un extraño culto que mezcla cristianismo con budismo, taoísmo, confucianismo y una pizca de islam, con cuatro sesiones de culto diarios donde los feligreses se visten de blanco y realizan algunos ritos en su iglesia, que viene siendo como una iglesia católica pero con muchos, muchos dragones y ojos y otras figuras. El templo no posee sillas, hay zonas que solamente algunos pueden pisar, está lleno de figuras y cada pilar o figura en el piso tiene un significado espiritual. Los miembros del culto, que a nivel mundial llegan a unos 3 millones, son amables y te indican sonrientes donde puedes andar y donde no. Toda la ceremonia es alegrada con música en vivo y se elevan misteriosos cánticos al cielo. Si toda esta mezcla les parece rara, la cosa se retuerce más cuando descubres que uno de los tres santos más importantes de la religión es ¡¡¡ el escritor francés Víctor Hugo!!!.


Los túneles de Cu Chi son estrechos, oscuros y asfixiantes. Una inmensa red de más de 200 kms de túneles subterráneos ocupados durante los años de la Guerra de Vietnam por parte de la guerrilla para enfrentar a los gringos, una gran muestra de ingenio para sobrevivir y pasar desapercibidos bajo condiciones dificiles, soportando bombardeos y la oscuridad por años. La gente vivía, comía, dormía y moría en los túneles, a veces estando años bajo tierra. En el lugar te muestran además las "simpáticas" trampas con que repletaban la selva los Vietcongs, puntas afiladas, trampas para tigres adaptadas, etc. Así fue como los flacos y pobres vietnamitas les ganaron a la gran potencia, a base de ingenio y perseverancia. Al final, los gringos perdieron por que peleaban una guerra distinta a la de los locales: mientras unos peleaban por detener el comunismo, los vietnamitas peleaban por su independencia.


Aún no sé como podían vivir dentro de esos túneles. Yo estuve unos 15 minutos y salí cansado, traspirado y sucio. Menos mal que nos recibían con un delicioso té y algo de tapioca, comida tradicional de los guerrilleros.


Y ya de vuelta en HCMC, paseando por sus calles, descubrí un gran juego llamado Kau, una pluma con un peso que se patea con los pies, tratándo de mantenerla en el aire. Terminé jugando con un oficina y un par de adolescentes vietnamitas en una plaza, dándome cuenta que no todos los habitantes de este lugar tratan de estafarte, sino que pueden ser amables y sonrientes, disfrutando un sencillo juego aunque te sea imposible comunicarte con palabras. Pero da lo mismo, ya aprendí el valor de una sonrisa honesta.