sábado 7 de noviembre de 2009

Bangkok 4

Bangkok está atravesada por múltiples canales que le dieron el apelativo de "Venecia del este", por donde surcan botes de diversos tamaños. Y uno de los usos más llamativos que le dan a los canales es el de ocuparlos para vender productos de diferente índole formando pintorescos y coloridos mercados que son un imperdible de la ciudad. Y para allá se dirijieron mis pasos, en busca de los mercados flotantes. Luego de una hora y media de bus pudimos llegar a Damnoen Saduk, uno de los mercados flotantes más conocidos de la ciudad. Nuestro bus nos dejó afuera de unas casas a las que había que hacer ingreso para llegar a uno de los canales, donde una señora dirijía el largo y angosto bote camino al mercado, pasando por fuera de las casas del poblado y observando las atividades cotidianas de sus habitantes: lavando ropa, cocinando, conversando con los vecinos, etc. Luego de un par de vueltas por los canales se hace ingreso al corazón del mercado, un lugar repleto de botes de diferente embergadura todos, completamente todos, repletos de turistas.

Escenas del mercado flotante: locatarios y la nuestra señora conductora del bote.

Un poco de desazón sentí al ver un mercado en teoría tan típico pero al mismo tiempo tan hecho a la medida del turista. Decenas de botes se nos acercaban a ofrecernos frutas, artesanías o souvenirs de diversos precios; en otros, parrillas y cocinillas ad-hoc preparaban diversos manjares. En las orillas otras tiendas ofrecían sus productos o algunos snacks y bebestibles para campear el fuerte sol que nos golpeaba.


El mercado es bonito, a pesar de las hordas de turistas, es un momento grato el observar todo el barullo sentado en tu bote vanvaleándose suavemente al comás de las olitas que formaban los otros botes, sacando las mismas fotos que tu has sacado y comprando, al igual que tu, algunas rodajas de dulce mango. Es hora de recorrer el mercado a pie, a sentir un poco más de cerca el lugar.


Hace mucho tiempo atrás hablé del durian. Si, ese mismo con el que me encontré anteriormente en Singapur, Malasia o Tailandia y del que siempre dije: mi destino es comerte. Y el destino golpeó la puerta al pasar por un puesto de frutas. Sentí su fuerte olor, su forma redondeada con puntas siendo ofrecido y consumido por los tailandeses como si de una de nuestras suaves uvas se tratase. Respiré profundo, le paso la cámara a Jose para que inmortalizara este momento, compro un trozo de pulpa blanca y maloliente y con un tenedorcito de plástico saco un bocado.......
Si el durian huele mal, definitivamente sabe peor. Su pulpa blanquecina es pastosa, el olor se incrementa y definitivamente sabe a algo en descomposición. Mi cara se arruga y apenas puedo tragar, pero ya estoy en esto, saco otro bocado más mientras algunos locatarios no pueden contener su risa al ver a este extranjero tragando a duras penas algo que ellos consideran un manjar. Jose decide probar un poco y su reacción fue la misma: asco. Boto lo que queda de durian y solo me queda decir: lo hice, comí durian, primera y última vez.

No quise colocar mi expresión post-durian........ acá armándome de valor.

Menos mal que me pasaron un rambután para pasar el sabor descompuesto del durian. El rambután es un fruto popular en sudeste asiático, tiene una cáscara dura color rojo con pelos, pero es fácil de pelar y dentro es como una gran uva, fresca y dulce. Continuamos nuestro camino hasta encontrarnos con una simpática y sonriente anciana que sobre un bote ofrece unas masas rellenas con pescado, ¡¡¡ delicioso!!!! Ni idea de que era en realidad, pero rico estaba.

La señora de las masitas de pescado envueltas en hojas.

Partimos de regreso a Bangkok, a retirar nuestras ansiadas visas a Myanmar. Caminamos por los barrios de Silom y Patong, y ya es el turno de conocer China Town. ¿Porqué Santiago no tendrá un Chinatown? siempre han sido lugares donde se ven cosas sorprendentes, muchísima actividad comercial, y magníficos olores de comida, lugares imperdibles en casi todas las ciudades por mi recorridas en estos meses. En el caso de Bangkok está ubicado en el barrio de Yawarat y consta de una calle principal rodeada de muchos pequeños pasajes donde se vende ropa, telas, comida, té, especias , incienso, ofrendas, muñecos de Doraemon y cosas así. En las esquinas destacan tiendas de joyerías, principalmente oro. Y claro está, las carnicerías con sus animales colgando a la intemperie sin ningún tipo de cadena de frío. Empieza a oscurecer y nos dirijimos, luego de mi insistencia de todos los días, a la esquina de Surawong Rd con Patpong: el barrio rojo.
Las guías de turismo indican que existen múltiples barrios rojos en Bangkok. Como he explicado anteriormente, la prostitución no es algo mal visto en Tailandia, sino como una forma normal de salir de la pobreza especialmente para jóvenes venidas desde pequelas aldeas del interior. Esto se remonta a la práctica de la poligamia, recién derogada a principios del siglo XX y al carácter relajado de los tailandeses en ese sentido. También es importante cosiderar que la mayoría de los clientes son tailandeses y no occidentales, a pesar de que muchos de ellos se dedican a buscar amante, novia o incluso esposa a este país. Y este barrio rojo es uno considerado "para turistas", con espectáculos eróticos donde resalta a todas luces el "ping-pong show", espectáculo erótico cuya descripción se la dejaré a su imaginación. Para bien o para mal mis amigos hicieron presión sicológoca para no entrar a ninguno de los locales así que me perdí de otro imperdible de la ciudad (pero otros amigos, en otra ocación si entraron, y por eso sé de que se tratan los shows, es en serio, no miento!!!).

Chinatown

Última noche en Bangkok, adiós Hostal Udee. Tempranísimo tomamos un roñoso y destartalado bus para nuestra próxima aventura: llegar a Siem Riep, Cambodia, por tierra.

domingo 1 de noviembre de 2009

Bangkok 3

Si uno lanzase la hipótesis de que los países son como sus embajadas, al contemplar la embajada de Myanmar en Bangkok uno podría hasta cierto punto validarla, pero eso sería adelantarme un par de semanas de viaje. Sólo diré que el piso era pegajoso, había que llenar un par de burocráticos papeles, los baños eran un asco y uno que otro turista estaba en lo mismo que uno, pagando y haciendo la fila para obtener la mentada visa. Lo bueno es que entre conversa y conversa salieron datos que sirvieron para el resto del viaje.

La entrada pasada hablé algo sobre el rey de Tailandia y sobre cómo los tailandeses profesan un culto alrededor de él. Y bueno, si es alguien tan importante y distinguido debe tener un palacio acorde con su posición, así que hacia allá dirigimos nuestros pasos. Tomamos un bote, nos bajamos en una de las estaciones que daba a un pequeño mercado repleto de cosas deshidratadas y nos encontramos con unas inmensas murallas: el Prha Borom Maha Ratcha Wang, mejor conocido como Grand Palace, residencia tradicional de los reyes tailandeses. Hay que tener cuidado ya que son famosas las estafas a turistas en este lugar, estafas realizadas principalemente por los choferes de tuk-tuk que "gentilmente" te compran la entrada para terminar quizás en que tienda de souvenirs o simplemente desaparecen con tu dinero, lo cual es fácilemente evitable entrando por la entrada principal, la cual es bastante más grande que las entradas "pequeñas". Y ahí estaba yo poniéndome unos pantalones calurosos y ridículos porque está prohibido entrar con pantalones cortos. Describir el palacio es bastante complicado: está lleno de estatuas enormes, pagodas recubiertas de oro, templos, un buda de jade verde, murales, etc. A pesar del fuerte calor ( y mis pantalones) pude recorrerlo completo incluyendo Phra Siti Rattana Chedi (pagoda cubierta de oro), Prasat Phra Thap Bidon (palacio de la coronación, con su trono de oro) y Chakri Mahaprasat Hall. Con razón, un par de meses después, contemplando el palacio de Buckingham en Londres lo encontré sin gracia, porque este sí que es un Grand Palace.
Nuestra segunda visita cultural del día fue el enorme Buda recostado, como no de oro con pies de madreperla.....realmente enorme. El calor y el hambre ya estaban haciendo estragos (el tentenpié de anticucho de cerdo ya era historia) así que comimos en un carrito en la calle una arroz delicioso. Es que la comida tai es tema aparte: es increíble como mezclan sabores, uno es capaz de sentir el sabor picante, agridulce y salado perfectamente en un bocado, ningún sabor enmascara a otro y se mezclan de forma mágica en la boca; la comida es algo importante y la gente la prepara con dedicación y cariño, aunque sea en un humilde carrito callejero.






De vuelta en Khao San para ver los pasajes a Siem Riep, y de ahí a ver otro de los imperdibles de Bangkok: Muai Thai, conocido como boxeo tailandés o kick boxing, pasión de los tailandeses y un espectáculo que de verdad hay que ver. Más que por las peleas (me hubiera sentido estafado dado el precio de las entradas para extranjeros) lo que rodea al espectáculo es lo interesante. Primero los peleadores salen al ring, uno con pantaloncillos color rojo, el otro de color azul. Realizan todo un ritual, rezan con un collar de flores en su cuello, dan vueltas en círculos muy concentrados, se arrodillan, todo mientras una pequeña banda toca música tradicional lo que da un toque místico al asunto. Suena la campanilla, primer round de cinco, se mueven, se estudian, un golpe loco por ahí, una patada por allá, el público en silencio observa. Fin del primer round, un descanso, empieza el segundo y ahora hay más golpes y movimientos. El público empieza a levantarse de su asiento. Fin de segundo round y el gimnasio estalla: todos se paran, gritan y hacen raros movimientos con sus manos, es la hora de apostar y todos buscan con quién. Algunos pasan con billetes en su mano llamandose mutuamente y moviendo sus dedos, hablando por celular y gritando quizás que cosa. Llegamos al último round, es hora de pagar las apuestas y los peleadores, delgados pero ágiles y musculosos se saludan y se van conversando a pesar de las patadas a la cara y los puñetes recibidos.

Y así hasta que nos aburrimos a la sexta pelea (memorable, un chico que parecía tener todas las de perder entregó un huracán de golpes de puños a su flaco y alto contrincante, ídolo) y regresamos al hotel ya que al día siguiente nos embarcábamos en otro de los imperdibles de Bangkok: los mercados flotantes.

(Fotos del Muai Thai no tengo lamentablemente, se me acabó la batería justo !!!)

martes 27 de octubre de 2009

Bangkok 2

Dejamos atrás el Chatuchak Market y tomamos el metro que pasa en sus cercanías. Luego de algunas estaciones nos bajamos y caminamos algunas cuadras hasta toparnos con un canal, llamado Klong Sam Rap,rodeado de casas hasta sus bordes, donde algunos colegiales esperaban el paso del bote para llevarlos a sus hogares. A pesar de los nauseabundo que olía el canal en cuestión, decidimos tomarlo ya que es considerado uno de los "imperdibles" de Bangkok. Luego de algunos calurosos y hediondos minutos se acerca un largo bote que lejanamente nos recordó el querido Citycat de Brisbane, aunque éste era bastante más rústico y humilde. Ya sentados y pensando que haría si me saltaba una gota de agua en la boca el bote inició su marcha a través del canal, pasando muy cerca de las casas donde los tailandeses realizan sus actividades cotidianas. Luego un giro y llegamos al Chao Phraya River, el río que atraviesa la ciudad. Una magnífica vista de los altos edificios, barrios, mercados, casas, autopistas y templos se puede observar mientras el bote recoge niños, adultos, monjes y turistas en las numeradas estaciones, confirmando mi gusto por las ciudades cruzadas por ríos, lástima que en Chile sean tan pocas, destacándose Valdivia en ese sentido (no me vengan a decir que el Mapocho es un río, menos que es bonito).
Servicio de botes por el río Chao Phraya y sus canales.

Nos bajamos en una de las estaciones y llegamos al Golden Mouthen, un complejo de templos localizado sobre una pequeña colina artificial coronada con una gran cúpula dorada y rodeada de hermosos jardines que llaman a la meditación y reflexión en medio de esta siempre ajetreada urbe. A pesar del calor, humedad y del miedo constante de estar deshidratados subimos , encontrándonos con antiguas estatuas, campanas de oración y muchos monjes rezando, tanto como las estatuas doradas de Buda. En uno de los costados de la colina un gran Buda dorado en actitud de meditar, rodeado de flores, incienso y ofrendas nos sorprende.


Imágenes de Golden Mouthen

Satisfechos con nuestra visita espiritual del día bajamos y nos topamos con The City Parapet Phrakan Fortress, que mucho la atención no nos llamó. Caminamos por una amplia avenida que estaba completamente repleta de gigantografías de la reina, ya que su cumpleaños es justamente en agosto y la ciudad se estaba preparando para tan especial fecha. Nos topamos prontamente con oto complejo de templos, llamado Loha Prasat, con construcciones hermosas pero para nuestro pesar se encontraban cerradas. Siguiendo por la avenida nos encontramos con el enorme Monumento a la Democracia, cosa singular en un país donde el rey tiene tanto poder y se han sucedido régimenes militares y golpes de estado.
Loha Prasat

Un par de cuadras más allá el orden simétrico del Monumento a la Democracia se desvanece al ingresar a Khao San Road, la meca del mochilero. Una calle repleta de tiendas de ropa, convenience stores, artesanías, restoranes y bares, gente de todo el mundo paseando y comprando chucherías, preparándose para otros viajes o solo disfrutando de los días en Bangkok. Esta calle concentra buena parte de hoteles, hostales y backpackers de la ciudad, por lo que es un sector bullicioso, siempre repleto de gente y actividad. Infaltables son las vendedoras de "ranas", un ejército de mujeres vestida con un traje típico que venden unas ranas de madera hueca que, al pasar un palo por su espalda, provocan un sonido idéntico al de una rana. Novedoso, si es que yo no lo hubiese comprado meses atrás en Phuket, y simpático si no fuese porque la jauría de vendedoras de rana se te acercan cada 5 minutos haciendo el famoso sonido hasta que quedas completamente hastiado de ellas. En esta calle y en las adyacentes se pueden realizar buenas compras, siempre regateando (pero no tanto) especialmente poleras que sabes que destruirás en las próximas semanas, y otras chucherías como imanes o gorros. Oscurece y el hambre ataca, nos metemos por un estrecho pasaje para decubrir el "De Hippie" restorán, agradable rincón donde comí una exquisita y picante costilla de cerdo con arroz (como no). Para bajar semejante manjar, nada mejor que tomar una refrescante cerveza. Nos atiende una sonriente y guapísima chica tai enfundada en un diminuto y apretado traje que provoca que mi sudoración aumentase. El mini traje de la chica corresponde a una marca de cerveza, así que adivinando un poco el cuento me hago el lindo y le pido la marca que ella promociona. Y acerté, dado que a las chicas les dan una comisión por cerveza vendida de la marca impresa en su ropa, así que te atienden de lo mejor, lo cual siempre es grato considerando la sensualidad exótica que emanan estas chicas a cada segundo. No me malentiendan, esto no es Phuket y su ejército de prostitutas, sino simples bares (algunos instalados a la mala en plena vereda, ¡¡y hasta con música en vivo !!!) donde se preocupan de atender bien al cliente, y bueno, si pasa algo más ya será cosa de cada uno. Yo por mi parte me retiré al hostal ya que mañana teníamos una "misión imposible" que cumplir: sacar nuestras visas a Myanmar.


Khao San Road y las deliciosas costilitas

lunes 19 de octubre de 2009

Bangkok

Nuestro primer destino en nuestro viaje fue Bangkok, capital de Tailandia. Luego de un largo viaje (incluyendo un largo retraso en Kuala Lumpur) pudimos arribar al enorme y moderno aeropuerto de Suvarnabhumi, que se distingue por su moderna arquitectura y por su intenso tráfico que se refleja en decenas de aviones procedentes de todo el mundo. Como era cerca de la medianoche tomamos un taxi para llegar a nuestro hostal, el que resultó una agradable sorpresa. A pesar de estar alejado de Khao San Road, la meca del mochilero y donde se concentran la mayoría de backpackers y hoteles, el Udee Bangkok es un pequeño rincón de tranquilidad en medio de las ajetreadas y siempre bulliciosas calles de la ciudad. Con no más de cuatro meses de funcionamiento y atendido por sus dueños, permite una estadía tranquila, barata y acogedora en sus instalaciones, además de proporcionar abundante y confiable información sobre la ciudad. Lo bueno de su ubicación es que se encuentra bastante cerca del Chatuchak Market, uno de los mercados más grandes del mundo que funciona solo los fines de semana.

Y hacia allá dirigimos nuestros pasos a la mañana siguiente. Con casi 5 mil puestos, es posible encontrar desde de chucherías a artesanía de calidad, desde ropa de segunda mano a poleras con diseño, discos, antigüedades y plantas son ofrecidos en los distintos pasillos. Buenos precios y el omnipresente regateo dan vida a este mercado. Variados puestos de comida Thai permiten una alimentación deliciosa por no más de US$3 (incluyendo cerveza local, llámese Chang o Singha). Por su enormidad y variedad es mejor pensar bien que quiere ver o comprar, o se corre el riesgo de perderse infinitamente por sus largos pasillos. Porque muy interesante será, pero Bangkok ofrece un sinnúmero de atracciones para recorrer y vivir.

Algunas imágenes del Chatuchak Weekend Market

Los 8 millones de habitantes de la ciudad realizan buena parte de su existencia en las calles. Cada cuadra y cada esquina esconden alguna sorpresa, porque si hay algo que me sorprendió de la ciudad es la extraña cohabitación de lo sagrado y mundano. Así, los templos conviven con vendedores ambulantes o prostitutas mientras los monjes recorren la ciudad hablando por celular, todo bajo la omnipresente mirada de Bhumibol Adulyadej, Rama IX, soberano constitucional de Tailandia. Gigantografías del rey o de la familia real adornan las calles y es común encontrarse con la cara del rey en tiendas, kioskos o incluso al interior de los hogares. Bueno, y si metes tus manos al bolsillo también lo verás, ya que la figura del rey aparece en todas las monedas y billetes. El pueblo profesa un verdadero culto a la familia real y la considera semi-divina, lo que provoca que, a pesar de ser Tailandia una monarquía constitucional el rey tenga un poder político y social considerable. Perder el favor del rey puede hacer caer un gobierno, como sucedió algunos años atrás cuando se produjo un golpe de estado y el pueblo lo apoyó dado que tenía la venia del rey. Es tanto el culto que existen tiendas dedicadas exclusivamente a vender imágenes del rey y de la familia real. El origen de esto debe, según yo, a que Tailandia jamás fue colonizado por potencia occidental alguna (aunque sí recibió influencia) en buena medida gracias a las maniobras políticas de los monarcas de la dinastía Chakri. Mientras sus vecinos se transformaban en meras colonias inglesas o francesas, los tailandeses siguieron siendo una nación independiente, cosa que hasta el día de hoy los llena de orgullo.

Imágenes como ésta, el rey saludando a su pueblo, son comúnes en las calles de Tailandia.

Esto es importante a la hora de viajar por tierras tailandesas. Famoso es el caso del turista suizo que en medio de una borrachera se le ocurrió pintarle bigotes a una imagen real. El resultado: 10 años de cárcel (aunque fue perdonado). Criticar a la monarquía tiene una pena máxima de 15 años de cárcel, así que es mejor tratar con respeto las infinitas imágenes del rey y alabarlo cuando se habla con los tailandeses, así se evitan problemas mayores. Y como la imagen del rey aparece en los billetes, es mejor no tenerlos arrugados ni sucios si se quiere evitar miradas de reprobación por parte de los tailandeses. Porque el dinero es tema: cuando se compra se debe pasar el dinero con las dos manos, y sonriendo, de lo contrario puede entenderse como un signo de desprecio. Y por supuesto, saludar y dar gracias en tai siempre será bienvenido y ayuda a tener un buen recibimiento por parte de los siempre sonrientes tailandeses. Sawadee-krab (para los hombres) y sawadee-ka (si quien lo dice es mujer) son los saludos corrientes en el país, así como jhop kum krab y jhop kum ka son las formas de decir gracias (para hombres y mujeres, respectivamente).

Como pueden darse cuenta, las normas de protocolo son un tanto diferentes a las que uno está acostumbrado, y es de suma importancia tratar de aprender algunas de ellas antes de viajar para tener un pasar mejor en el país. Los tailandeses me parecieron gente bastante amable que sonríe permanentemente, aunque como en casi todos los países asiáticos la sonrisa no significa necesariamente que estén felices. La sonrisa es una forma de ocultar las verdaderas emociones que siente la persona, ya que manifestarla puede significar una pérdida de “face”, o sea, la posición que tiene esa persona con respecto a los demás, o la forma cómo los demás te ven en cuanto a respeto y prestigio. La palabra face es de idioma inglés y significa prestigio o apariencia, y es la que comúnmente se utiliza para describir esta forma de encarar las relaciones personales. Perder face es algo que siempre se querrá evitar, y las emociones expresadas libremente pueden acarrear una pérdida del equilibrio en las relaciones interpersonales y la pérdida de prestigio. Esto se traduce a que alguien puede estar enojado contigo pero te seguirá sonriendo, todo para mantener el equilibrio social y evitar la pérdida del mentado face.

Muchas de estas formas de encarar la vida pueden resultar un tanto inexplicables o difíciles de entender para un latinoamericano, por lo que es mejor tener sensibilidad y tenerlas presentes a cada momento. Hay que dejar algunos de nuestros esquemas mentales y abrir la mente, aceptando que ya no estamos actuando bajo parámetros judeo-cristianos sino budistas, donde el significado de la existencia es diferente. Y bueno, también te das cuenta de eso cuando te topas con un calendario y ves que estás en el año 2552 y no en el 2009.

Pero es hora de dejar estos desvaríos interculturales y seguir la marcha. Una de las cosas que caracterizan a Bangkok es que está surcado por el río Chao Phraya y por múltiples canales, transformándose los paseos en bote por la ciudad en uno de los imperdibles que cualquier viajero/turista debe realizar. Y hacia allá encamino mis pasos, a tomar un bote en un canal medio maloliente, pero ese relato mejor lo dejo para la próxima ocasión.

miércoles 9 de septiembre de 2009

La ruta del Mekong (¿O del banana pancake?)

Hacía tiempo ya que no me metía a mi blog. El proceso de cerrar la vida en Brisbane y preparar las cosas para el mes de agosto me consumió bastante tiempo y energía. Pero esa estapa de mi aventura ya se cerró definitivamente y fue así como desde el primero de agosto empecé lo que podría llamar la segunda etapa. En ese período, que cubrió todo ese mes, tuve la oportunidad de recorrer buena parte del Sudeste Asiático, una tierra que no hace mucho me parecía sumamente lejana y exótica y que ahora puedo ver con otros ojos. Fue un viaje alucinante por lugares que ni sabía que existían, observando y viviendo cosas que antes solo pude imaginar y que ahora poseen una valoración diferente, más cercana y al mismo tiempo repleta de interrogantes. A medida que viajaba mi cabeza se llenaba de ideas, imágines y preguntas; miles de cosas que traté de plasmar cada noche en una pequeña libreta a medio mal traer. Me preguntaba si sería capaz de plasmar todo eso después y compartirlo con Uds en este blog, porque me fui dando cuenta que me es imposible hablar de los lugares donde estuve sin nombrar el contexto histórico, social y político presente; de otra forma el relato sería solo una larga lista de anécdotas y pequeñas historias sin mayor contenido. ¿Podría hablar de Tailandia sin nombrar a Rama IX? ¿O de Cambodia sin señalar las secuelas que dejó el Khmer Rouge? ¿Quién es Aung San Suu Kyi?

Los países por mi visitados, a pesar de estar todos en una misma área geográfica llamada "Sudeste Asiático", son completamente diferentes entre sí. No solo cada uno de ellos tiene su propia idioma, sino que también su propio alfabeto y su propia identidad nacional, condimentada con variadas minorías étnicas y diferencias políticas e históricas que moldean la sociedad de cada país. Esta inmensa variedad hace que cada rincón posea sus maravillas y secretos que se reflejan en aspectos como la comida, el vestuario, las costumbres o la forma como ven la vida.

La primera parada del viaje fue la capital de Tailandia, Bangkok, urbe de calles electrizantes llenas de movimiento donde se mezclan sin prejuicios lo más sagrado y lo más profano, viviendo ambos juntos y revueltos sin mayor problema. De ahí inicié un largo camino por tierra hasta la ciudad de Siem Riep en Cambodia, para visitar las grandiosas ruinas de Angkor, antigua capital del imperio Khmer, un lugar mágico y sobrecogedor con sus enormes templos de piedra y maravillosa arquitectura. El viaje por tierra siguió hacia Phnom Penh, capital del país donde pude ser testigo de la tenebrosa huella dejada por el Khmer Rouge, y de la situación actual del país. Un descanso de templos e historia resultó ser Sihanoukville, ciudad puerto y balneario ubicada en el sur del país con hermosas playas y un ambiente de relajo increíble.

Cruzando montañas, campos de arroz y pequeñas villas llegué hasta la frontera con Vietnam, donde se inició una de las etapas más complicadas del viaje, en un largo y por momento desagradable viaje en moto y bus hacia Ho Chi Minh City, condimentado con los hermosos paisajes del delta del Mekong. Una vez en la ciudad fui testigo de las huellas de la guerra y de las afiebradas calles repletas de motos moviéndose en cualquier dirección todo el día. El viaje continuó, esta vez por aire, hacia Saigón, capital de país. Una ciudad hermosa, repleta de mercados donde pude conocer al famoso tío Ho. De ahí se inició un viaje por 3 días hacia Ha Long Bay, en el golfo de Tonkín, una maravilla natural y Patrimonio de la Humanidad repleta de rocosas islas que surgen de las aguas.

Ya era tiempo de dejar Vietnam y volar hacia Lao, un país casi completamente desconocido para mí y que se transformó en uno de mis lugares favoritos. Luangprabang fue la ciudad donde por cinco días me sentí viviendo en otro tiempo y ritmo, disfrutando de sus mercados coloridos y alegres, sus templos y monasterios repletos de monjes de todas las edades, y principalmente de su tímida y amable gente que hizo que la estadía fuera casi de ensueño. Pero el tiempo se iba acabando y era hora de volver a Tailandia, pero a Chiang Mai, ordenada y limpia ciudad ubicada en el norte donde fui testigo de su vibrante Sunday Market, de elefantes entrenados y de las exóticas mujeres Karen, quienes se someten a un proceso que les provoca un "alargamiento del cuello", cosa por el cual son conocidas como "Mujeres Jirafa". Un brevísimo paso por Bangkok y se inició el que creo fue la parte más alucinante del viaje: Myanmar. Un país en donde uno retrocede 30 años al pasado, donde entran pocos turistas y que es más famoso por ser gobernado por una despótica y corrupta dictadura militar que aplasta con violencia todo lo que enfrente a su tiranía, incluyendo gravísimas violaciones a los derechos humanos. En la capital Yangón pude conocer la opinión de algunos ciudadanos sobre el estado de su país, y también maravillarme en el hermoso complejo de templos conocido como Shwedagon, con su enorme estupa cubierta de oro. Ahí tuve la oportunidad de conversar con unos estudiantes de filosofía budista quienes me mostraron templos y ritos. El camino siguió hacia Bagán, con sus decenas de templos, pagodas y estupas construidas hace cientos de años, un lugar sencillamente sublime y difícil de describir. La última parada de la aventura birmana fue el lago Inle, lugar donde se pueden encontrar a pueblos que siguen viviendo en forma tradicional, incluyendo villas flotantes donde la gente cultiva tomates en islas artificiales.

Y luego el regreso a Bangkok y de ahí a Australia, donde inicié hace algunos días atrás la última etapa de mi viaje como parte de un Study Tour organizado por la University of Melbourne, viaje que será un tanto distinta a la anterior. Seguiré viajando y viviendo en forma itinerante, pero ahora el foco será más académico que aventurero. Conoceré y estudiaré por un par de semanas a los dos gigantes que moldean y moldearán de una u otra manera nuestra vida: India y China. De ahí, un largo camino de regreso a casa, a través de Japón, Inglaterra y España.

Es por eso que he decidido retomar mi blog una vez regresado a Chile. Ahí podré retomar mis notas, repasar fotos, documentarme y pensar con más calma sobre lo vivido estos meses. Así creo que podré entregarles de mejor manera mis vivencias, y también continuar con mi proceso de conocer y acercarme a un nuevo mundo. Por que siento que el viaje por algunos de los países que he conocido aún no termina.

sábado 25 de julio de 2009

University of Queensland


Última semana en Brisbane y ya solo me queda entregar un trabajo y dar un último examen. Después de eso me retiro de sus aulas, bibliotecas y jardines. Lástima que no estaré en octubre para graduarme y ver los jacarandás florecidos tiñiendo todo de color lila mientras alumnos de diferentes procedencias caminan, ríen y estudian en cada uno de sus rincones.

La Univesity of Queensland es la universidad más grande el estado de Queensland, tiene unos 40.000 alumnos de los cuales unos 7.000 son "overseas students" como yo, o sea, alumnos extranjeros que vienen a realizar estudios de pre y post grado. Además, hay cientos de alumnos en el Instituo de Idiomas, donde personas de todo el mundo aprenden y mejoran su inglés. La mayoría de los alumnos extranjeros son chinos, taiwaneses o indios. Una cantidad no despreciable proviene de Malasia, Indonesia y Corea. Los latinos son minoría dentro de la minoría, y los chilenos están principalmente en las escuelas de minería y geología, y en el anteriormente señalado instituto de idiomas.


La universidad es una de las 5 mejores universidades de Australia, y rankeada dentro de las 100 mejores del mundo según varias publicaciones. Cuenta con tres campus: St. Lucia, Gatton e Ipswich. Yo solo conocí St. Lucia, dado que la Business, Economics and Law Faculty donde realicé mis estudios está ubicada ahí, junto con varias otras facultades además de la cancillería y las principales bibliotecas y servicios.
Justificar a ambos lados
St. Lucia es un microcosmos, donde se observa una diversidad sorprendente. No es raro ver en cosa de pocos minutos chicas aussies con apretada y diminuta ropa, mujeres islámicas a las cual con suerte se le ven los ojos, grupos de chinos hablando y comiendo noodles mientras un monje budista pasa tranquilamente en dirección quizás donde. Las bicicletas se amontonan en los estacionamientos y los buses llegan a los paraderos que están al interior de la univesidad cargados de esudiantes, o en la estación de Citycat alguien espera que llegue el catamarán mientras lee algún libro. Las canchas, piscinas y gimnasios son ampliamente usados por los estudiantes. Sucursales de bancos, farmacias, museos, cine, post office, agencias de viajes, librerías y hasta una peluquería se pueden encontrar en su interior. Varios cafés y restoranes lanzan sabrosos aromas al aire y crean momentos de tranquilidad y relajo en medio del quehacer académico.

Los días miércoles son "market day" lo que significa que desde las 8 am se instalan diversos puestos de ropa, lentes, cachureos, libros usados, plantas o artesanías. Mis amigos Tania y Pancho lograron obtener un permiso para instalarse con un pequeño puesto de artesanías que le ayudaban a mejorar el presupuesto. Esos días además es común ver jóvenes socialistas repartiendo panfletos apoyando la causa palestina o el chavismo, activistas ecológicos o pro derechos humanos o aborígenes junto a miembros de algún club vendiendo salchichas para juntar fondos. Al frente del Subway y de la pizzería no faltaba el cantante que armado de una guitarra y amplificadores hacía más grata la hora del almuerzo.


Lamentablemente todo esto lo dejaré atrás. Ayer, mientras compartíamos algunos tragos junto a los amigos en la casa de Cristián y luego en el RE Hotel que está a una cuadra de mi edificio lo mucho que extrañaríamos la ciudad y la universidad, lo bueno que ha sido la experiencia y que puede que la calidad de vida que hemos tenido acá no la volvamos a tener. Pero todo tiene que acabar en algún momento y ya es hora de terminar esta etapa y parte de esta aventura. ¿Que me viene ahora? Esta semana de locos dejar muchas cosas terminadas y cerradas, preparar maletas y viajar durante un mes por el sudeste asiático. Esto significa que probablemente durante agosto mi actividad en internet y específicamente en el blog disminuya posiblemente a cero dado que estaré errante, sin residencia fija y por lo tanto sin conexión con el mundo. Pero no se preocupen, dentro de las cosas que llevaré estarán un lápiz y una pequeña libreta donde tomaré apuntes de lo que vea y sienta, para luego transmitírselos a ustedes cuando regrese a Australia la primera semana de septiembre. Espero tener ahí tiempo para escribir algo antes de iniciar la "última patita" del viaje: Melbourne-Bangalore-Shanghai-Beijing-Tokio-Londres-Madrid-Santiago.

martes 21 de julio de 2009

Brisbane

Ayer caminaba por la Bicentennial Pathway mientras los ciclistas me hacían el quite, aprovechando la tibia tarde que el invierno de Brisbane me regalaba. Caminaba solitario mientras el cielo se oscurecía y las luces de los rascacielos de la CBD empezaban a alumbrar el cielo a medida que me acercaba a ellos. Sentía las máquinas trabajando en el río mientras el CityCat bajaba su velocidad y pensaba que será una lástima que no alcance a ver terminado el Kurilpa Bridge, ese raro puente colgante que cruza el río y que será, según veo, solo para ciclistas y peatones. Ya divisaba las luces del Treasure Casino y ya era hora de regresar, había caminado varios kilómetros y me estómago empezaba a gruñir exigiendo alimento.

Trasure Casino (foto tomada otro día) y la multiculturalidad presente en Queen St.

Y mientras caminaba de regreso pensaba que podría ser la última vez en ver todo eso. Me quedan menos de dos semanas para terminar mi vida en Brisbane y pensaba lo rápido que ha pasado todo este tiempo, desde que llegué un caluroso y húmedo primero de enero, un tanto desilucionado de lo que veía, hasta ahora, ya acostumbrado al ritmo de vida de esta ciudad. ¿Algún día volveré? pensaba, uno nunca sabe, si alguien me hubiese dicho un año y medio atrás que estaría embarcado en esta aventura me hubiese reído en su cara. Pero acá estoy, acabando mis estudios y despidiéndome de la realidad que me ha acompañado por todos estos meses. ¿Volveré? No lo sé, al final uno nunca sabe donde lo lleva la vida.

Toowong Village y Edgwaters Units, el edificio donde he vivido todos estos meses.

Por lo menos tengo la certeza de donde estaré en agosto, si es que todo sale como está planeado. Dado que tengo libre todo este mes esperando el inicio del study tour en septiembre (si, seguiré viajando) y en Brisbane me quedo sin techo ni abrigo, es que me largo a Bangkok por un tiempo. Bueno, Bangkok será solo una escala, por que si estás ahí sería un crimen no ir a Angkor Wat, en Cambodia. Pero claro, para llegar allá hay que pasar a Pnom Phen, y si estás ahí no cuesta nada llegar a Ho Chi Mihn City, en Vietnam. Y si ya estás en el sur de Vietnam porque no ir al norte y conocer Hanoi. Y si estás en Hanoi, cruzar la fronterra y llegar a Laos no es descabellado. Y bueno, ahí se te acaba el tiempo y hay que regresar a Australia para empezar un nuevo viaje.......

No es mi afán sacar "pica" o algo así. Durante años veía con cierta envidia a la gente que contaba sus historias en lugares lejanos, lugares que veía sólo en Discovery Channel y soñaba con visitar, tocar y oler. Y estando tan cerca, con tiempo y con algo de dinero en el banco, ¿porqué no? ¿por qué no cumplir no cumplir esos sueños que desde la infancia me invade, ver el atardecer en Angkor, recorrer el Mekong, comer bichos asados en Hanoi? Si antes estaba atraído por la cultura asiática, ahora tengo ganas de abarcarlo todo, abarcar lo inabarcable con parajes, gente, sonrisas y comida incluída. Un bicho viajero a crecido en mí, de ir a lugares hermosos y no muy conocidos. El mundo se hace pequeño pero aún existen rincones, muchos rincones por conocer y descubrir, siempre y cuando cuente con el dinero y tiempo para hacerlo....¿Y si busco un trabajo donde haya que viajar mucho? O mejor, ¿y si me pongo a trabajar en China y me caso con una china? Ya me puse a fantasiar.......

El proceso de desarmar la vida en Brisbane ya se inició. Casi sin querer la fiel bici que me acompañó todos estos meses como mi principal medio de transporte desapareció para no volverla a ver más. Iba en camino a hablar con el viejo hippie de la bikeshop que está en UQ cuando me encuentro con mi amiga Mila hablando con un tipo, tipo que resultó ser un abogado chileno quien hace poco había llegado a estudiar a Brisbane como parte de las Becas Bicentenario. Mila había puesto su femenina bici a la venta y conté que vendía la mía. ¿Y cómo es? me dice. Bueno, espérame cinco minutos y te la traigo. Voy hasta el estacionamiento de la Social Science Library y en el camino me encuentro con una pareja de chilenos (¿invasión?) tratando de inscribir ramos. Bueno, le digo, ésta es - a ver, y a cuanto? Solo A$300, a mi me costó A$500, una ganga. OK me dice y saca los 300 backs de la billetera y eso sería, se va pedaleando y yo me quedo a pie nuevamente.

Mi cleta......te extrañaré !!!!!

Siento un golpe en la espalda, es Chris, amigo que mañana se gradúa y regresa a su natal China junto con sus orgullosos padres. Le recuerdo que estaré en Beijing en octubre y bueno, el vive a 100 kms de Beijing........podrán suponer para donde va la cosa, guía local asegurado. Voy con Mila a juntarme con el resto de mis chilean classmates a retirar nuestros pasaportes a la empresa que le hace outsourcing al consulado de India: mi visa está lista. Mañana a sacar la visa a China. Mi pasaporte se llena de timbres y visas poco a poco. Comemos en un restorán japonés en Fortitute Valley (comida japonesa, no sushi), caminamos por China Town viendo sus boutiques de ropa alternativa y tiendas de diseño. La tarde se va y tengo que estudiar, nuevamente la tarde está tibia. Parece que el invierno se retira de Brisbane.