viernes 11 de diciembre de 2009

Vietnam- Ho Chi Minh City



Motocicletas. Si hay algo que puede describir Vietnam, especialmente HCMC son las motocicletas. Cientos, miles de motos circulando en un torrente sin fin llenando el aire de un zumbido permanente, como una maquinal música ambiental que repleta todos los rincones de la ciudad y de tu mente. En moto crucé la frontera y en moto terminamos medio estafados: en vez de llevarnos a la estación de autobuses de Ha Tien, la ciudad ubicada a unos cuantos kilómetros del puesto fronterizo (donde tuvimos que pagar una pequeña coima al militar de turno) terminamos en una feria donde otros choferes, ahora vietnamitas, nos esperaban para llevarnos a otra ciudad donde sí o sí encontraríamos buses para HCMC. Y ahora voy yo, mi mochila y el chofer líder, un vietnamita flaco (como todos acá) con unos largos y gruesos pelos que la salen desde la garganta. Ya todo esto me huele a tongo, porque hay que pagarles nuevamente y el chofer no para de hablar por celular (con su señora, me dice él) y que se puede hacer, estás en un país donde no entiendes nada de nada porque hablan un idioma que parece lamento de gato y ni siquiera sé muy bien donde diablos estoy, geográficamente hablando. Prefiero, entonces, disfrutar el paisaje: me doy cuenta que estoy cruzando el delta del Mekong.

Hermosísimos arrozales y empinadas montañas al lado de un tranquilo mar, pequeños poblados sugen de la nada y hermosísimas escolares vestidas con prístinos trajes blancos que las hacen ver más estilizadas de lo que son salpican el camino mientras se dirigen a sus clases en bicicleta. El paisaje es de ensueño, cada color resalta en esa luminosa e incierta mañana hasta que llegamos a otra ciudad cuyo nombre no registré solo para comprobar que éramos víctimas de un tongo: nos dejaron en una choza donde un bus nos estaba "esperando", con una tarifa unos 200% superior a lo que nosotros sabíamos que debería ser. Terminamos tomando un minibus hacia otra ciudad, Rách Gía, la más grande en este rincón del mundo y donde terminamos siendo objeto de curiosas miradas, para tomar otro minibus hacia HCMC, lugar donde llegamos cansados, fastidiados y de madrugada al Distrito 1, donde alojamos en el Golden Hotel.

Motos, muchas motos. Hay dos cosas que son características de HCMC: sus millones de motos y las masas de cables en sus postes. Cruzar la calle puede ser toda una experiencia dado que, como podrán adivinar, nadie se detiene por un simple peatón. Así que la técnica es simple: ser parte del fluido. Simplemente llegar a una esquina y cruzar, ser uno con el fluido de vehículos y llegar hasta la otra acera mientras atrás siguen y siguen pasando motos y más motos. Pero nuestro viaje tení auna misión y hacia allá nos dirigimos al día siguiente: Cu Chi Tunnels.



Fue un viaje raro. Primero nos llevaron a una fábrica de artesanías donde los artesanos hacían cuadros con cáscaras de huevos, entre otras cosas. Luego el viaje continuó hacia unas de las cosas más raras que he visto en mi vida: el "Vaticano" de la religión Cao Dai, ubicado en la localidad de Tay Ninh, un extraño culto que mezcla cristianismo con budismo, taoísmo, confucianismo y una pizca de islam, con cuatro sesiones de culto diarios donde los feligreses se visten de blanco y realizan algunos ritos en su iglesia, que viene siendo como una iglesia católica pero con muchos, muchos dragones y ojos y otras figuras. El templo no posee sillas, hay zonas que solamente algunos pueden pisar, está lleno de figuras y cada pilar o figura en el piso tiene un significado espiritual. Los miembros del culto, que a nivel mundial llegan a unos 3 millones, son amables y te indican sonrientes donde puedes andar y donde no. Toda la ceremonia es alegrada con música en vivo y se elevan misteriosos cánticos al cielo. Si toda esta mezcla les parece rara, la cosa se retuerce más cuando descubres que uno de los tres santos más importantes de la religión es ¡¡¡ el escritor francés Víctor Hugo!!!.


Los túneles de Cu Chi son estrechos, oscuros y asfixiantes. Una inmensa red de más de 200 kms de túneles subterráneos ocupados durante los años de la Guerra de Vietnam por parte de la guerrilla para enfrentar a los gringos, una gran muestra de ingenio para sobrevivir y pasar desapercibidos bajo condiciones dificiles, soportando bombardeos y la oscuridad por años. La gente vivía, comía, dormía y moría en los túneles, a veces estando años bajo tierra. En el lugar te muestran además las "simpáticas" trampas con que repletaban la selva los Vietcongs, puntas afiladas, trampas para tigres adaptadas, etc. Así fue como los flacos y pobres vietnamitas les ganaron a la gran potencia, a base de ingenio y perseverancia. Al final, los gringos perdieron por que peleaban una guerra distinta a la de los locales: mientras unos peleaban por detener el comunismo, los vietnamitas peleaban por su independencia.


Aún no sé como podían vivir dentro de esos túneles. Yo estuve unos 15 minutos y salí cansado, traspirado y sucio. Menos mal que nos recibían con un delicioso té y algo de tapioca, comida tradicional de los guerrilleros.


Y ya de vuelta en HCMC, paseando por sus calles, descubrí un gran juego llamado Kau, una pluma con un peso que se patea con los pies, tratándo de mantenerla en el aire. Terminé jugando con un oficina y un par de adolescentes vietnamitas en una plaza, dándome cuenta que no todos los habitantes de este lugar tratan de estafarte, sino que pueden ser amables y sonrientes, disfrutando un sencillo juego aunque te sea imposible comunicarte con palabras. Pero da lo mismo, ya aprendí el valor de una sonrisa honesta.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Sihanoukville

Me entretenía observando desde la arena como los lugareños y locales disfrutaban las olas, metiéndose al agua tal como anduviesen vestidos, ya sea con jeans y camisa o zapatillas y chapoteando como niños recién salidos de vacaciones. La playa principal de Sihanoukville, Serendipity, está flanqueado por decenas de pequeños restoranes y bares que ofrecen comida al hambriento y cerveza al sediento. Es época de vacaciones me dicen, y es por eso que la playa está repleta. Y llegan niños y familias completas con grandes cámaras de camiones para flotar y jugar en el agua, y yo me sonrío de tanto relajo, cuando de la nada se me acerca Makará.

Serendipity, Sihanoukvile, Cambodia.

Habíamos llegado luego de varias horas en bus, viaje amenizado con un paisaje montañoso cubierto de vegetación, suaves precipitaciones y una película de Van Damme cuyo doblaje era tan malo que llegaba a ser hipnótico. Por estos lados, solo una voz dobla todas las voces de los personajes, ya sea hombre o mujer, y generalmente la música de fondo desaparece cuando alguien habla, lo que hace que ver una peli de artes marciales occidental que está ambientada en Hong Kong pero doblada al khmer sea un poco, por decir, raro. La ciudad es el único puerto de Cambodia, por lo que posee una mejor economía que es fácilmente observable en las construcciones y calles. Además, es un centro vacacional donde la gente del lugar, y cada vez más turistas extranjeros, vienen a relajarse y darse uno que otro chapuzón en sus playas. Es de noche pero no nos importa, ahí está el taxista amigo de Peter con un cartel esperándonos. Él y su sombrero vaquero nos lleva a algunos hoteles hasta que desembarcamos en un hostal sumamente cómodo, donde su dueño estonio proporcionaba las cosas básicas para vivir: mesas de pool, piscina, cerveza y una tele constantemente sintonizada en CNN o ESPN. Frente a nosotros está el hostal más famoso de la zona: Monkey Republic. Y unos pasos más allá, otro de los secretos bien guardados del país: The Pink Pigout, un carrito rosado de propiedad de una australiana (novia del dueño del mentado Monkey Republic, como después pudimos descubrir) donde sirven unos banana pancakes de excelencia. Varios pubs y restoranes con expatriados que por alguna razón decidieron que este lugar casi desconocido era su lugar en el mundo alegraban la calle que da hacia la playa de Serendipity.

Y si, en un lugar como Sihanoukvile la gente se baña con ropa. Y bueno, niños y mujeres se pasean en pijamas durante el día, una extraña moda que se repite en otras latitudes del Sudeste Asiático. Y sí, también andan algunos mendigos, niños pidiendo comida y todo eso, así como adultos con notorios daños físicos y mentales, cortesía de Pol Pot y sus secuaces. Pero que esperabas, tendrás piscina fuera de tu pieza pero no por eso dejas de estar en Cambodia. Mejor es terminar de llenar el estanque y acelerar, que en moto a Otres Beach hay que llegar. Y luego a Victoria Beach recorriendo las calles repletas de otras motos que no saben el significado de un semáforo en rojo, y otros caminos silenciosos donde de la nada aparece un grupo de personas invitándote a jugar un partido de volley , ¿porqué no hay nadie en estas playas? - no, allá hay alguien, están pescando- Bueno, disfruta Álvaro, disfruta mejor, que en este lugar no sabes que día ni hora es, y de los dos días te quedas 3 y podrían ser 4, y quizás cuantos.


Arriba, Victoria Beach. Abajo, nuestros motos con las cuales nos movíamos de playa en playa.

Y como lok-lak o chicken amok rice o beef más salsas agridulces o cualquiera de las delicias culinarias camboyanas en el Monkey mientras cae un aguacero de proporciones que no dura más de 15 minutos. Justo para a tiempo para ir al Pink a comer un buen banana-nutella pancake, o mejor que eso, un sugar lime pancake !!!

Arriba: la moda pijama, lo que la lleva esta temporada. Abajo, los chicos del Pink Pigout preparando sus deliciosos pancakes.

Y no, no quiero un mango, tampoco una piña. Pero ella insiste, y no ceja su esfuerzo en que yo ele compre algo, cualquier cosa. Un gusto Makará, si, así se pronuncia mi nombre, Álvaro- le dijo a la joven mientras ella deja su bandeja repleta de fruta que segundos antes llevaba sobre su cabeza, y reordena su krarup, el tradicional pañuelo del país. Ella me mira pícaramente y me cuenta que se llama Makará, y que no, los budistas no celebramos los cumpleños, jijijiji, y no me quiere decir su edad. Va a la escuela de 6 a 10 de la tarde aunque yo no le creo mucho. Le gusta inglés, y es casi lo único que le enseñan, hablando inglés pueden venderle a los turistas extranjero que poco a poco están repletando el lugar, o incluso trabajar en uno de los hoteles que se están cosntruyendo, incluso en el nuevo mall a punto de ser inaugurado. Y no, la historia no le interesa ¿para qué?- y me cuesta creer que la historia no importe, que todo se olvide tan pronto, que los antiguos guerrilleros sean ahora gobierno, cambiando de la ideología maoísta por la del dinero, mientras los chinos poco a poco trasladan sus fábricas a países como Cambodia. ¿No sabían? Bueno, los chinos ya empezaron a mover sus fábricas a países con menores sueldos y normas laborales y ambientales ( si, existen países con normas aún más bajas). Con razón varios países africanos están llenos de médicos e ingenieros chinos. Con razón G.W. Bush fue el presidente gringo que más veces visitó África. Saquen sus conclusiones. Bueno, ya me desvié del tema (desvariando nuevamente?). Por un momento pienso que ella me está coqueteando descaradamente y yo solo estoy atinando a hacerme el tonto (y meses después, una foto tomada con zoom por uno de mis compinches parece corroborarlo, lo de coqueteo y lo de mi cara de tonto).

-Bueno, si no me quieres comprar frutas, también tengo collares, para tu esposa.
-No tengo esposa.
-Tu novia.
- (cara de pena eterna) No , no tengo.

Ella vuelve a reirse pícaramente, dice algo en su idioma y se ríe. Sabe que no compraré nada, pero me promete reconocerme la próxima vez que me vea, conversar conmigo y yo prometo que le compraré algo, una fruta o un collar. Vuelve a colocarse su bandeja repleta de frutas en su cabeza, se despide de mí y sigue su trabajo. Ella no sabe que no habrá una próxima vez.

Y el relajo se acaba. Nuestro chofer de sombrero vaquero nos lleva bordeando la costa y las boscosas montañas rumbo a Vietnam, pasando por arrozales y campos de sal, mientras no para de hablar de política y economía, reclamando por la corrupción de su país, por la falta de caminos y la mala educación. Y llegamos a un paso fronterizo en medio de la nada, quedando en las manos de un grupo de motociclistas que llevarán nuestras cosas y a nosotros en medio de la tierra de nadie, y de ahí al primer pueblo para tomar un bus hacia Ho Chi Mih City. Pero esa es otra historia.

sábado 21 de noviembre de 2009

Phom Penh


Atrás quedaba Angkor y en un vetusto bus nos dirijíamos al sur para llegar a Phom Penh, capital de Cambodia. Un viaje somnoliento por el cansancio y el calor, aderezado con los constantes bocinazos de nuestro chofer para apartar del camino a personas, bicicletas, carretas, animales y otros vehículos. Cruzábamos enormes campos de arroz salpicados con chozas construidas sobre pilotes que aparecían por aquí y por acá, interrumpidas por canchas de volley y carteles proselitistas de apoyo al actual (y corrupto) gobierno. Finalmente, agotados, llegamos a nuestro destino. La ciudad es un caos repleto de motos y tuk-tuks que circulan por cualquier lado (muchas veces contra el tránsito, como pude comprobarlo más tarde), construcciones de todo tipo y muchas veces a medio construir. Peatones andrajosos se mezclan con Lexus del año sin apenas mirarse mientras aparecen más y más motos tocando sus bocinas, como es habitual por estas latitudes, para avisar su paso por alguna esquina o luz roja.

La suerte nos volvió a llamar. Apenas decendidos de nuestro bus se nos acerca un chofer de tuk-tuk para llevarnos a nuestro guesthouse. Se presenta como"Peter", habla un inglés fluido y está siempre sonriente. Me cuenta que es chofer de día y estudiante de turismo e inglés de noche. "Sé que mi país es conocido solo por cosas malas, quiero que Uds conozcan la parte buena de mi país porque es la única forma de superar la pobreza" me dice, y estoy al borde de las lágrimas, más que por sus valiosas palabras sino debido al aspecto de nuestro guestohuse. A pesar de estar ubicado en el barrio de las embajadas, el Sunday era simplemente deprimente. Bueno, habrá que soportarlo por algunos días pienso, mientras nos dirijimos a la embajada de Vietnam para sacar, en un cortísimo trámite, nuestras visas a Vietnam.

Peter, nuestro amable y honesto chofer.

Y empieza nuestra visita a la ciudad. Primero visitamos el Palacio Real (hace poco se reinstauró la monarquía constitucional) y la llamada Silver Pagoda. Ésta última es famosa por tener el piso construido en plata y tener en su interior un Buda de oro puro de 90 kgs y con más de 2.000 diamantes. Continuamos recorriendo hasta que el hambre pudo más y descubrimos cerca un pequeño y muy buen restaurante llamado Khmer Saravan, donde entre las paredes cubiertas de saludos encontramos una en español con una bandera tricolor y estrella solitaria dibujada. Con el estómago lleno fuimos a un night market en el sector "bonito" de la ciudad, un mercado tranquilo donde, a pesar de ser casi los únicos occidentales, nadie se extrañó de nuestra presencia. Lo mejor del mercado además de sus precios era la cantidad de puestos de comida existentes, los cuales formaban un semicírculo donde al medio se extendían variadas alfombras donde los parroquianos se sentaban a comer, beber, socializar y enamorarse. Lejos debe ser el mejor "food market" que he visto en mi vida. Luego de comprar un extraño charqui de búfalo, dulce y picante a la vez, fuimos al sector de bares internacionales a beber algunas cervezas mientras trataba de borrar mentalmente la larga fila de niños y discapacitados pidiendo limosnas.


Durante ese día me llevé una buena impresión de la gente: amables, sencillos, honestos y siempre sonrientes, a pesar de la pobreza reinante. Y ya en mi cuarto de hotel pensaba como fue posible de que gente tan humilde y amable hubiese surgido aquella abominación llamada Khmer Rouge.

El 17 de abril de 1975, la guerrilla maoísta del Khmer Rouge hace ingreso en Phom Penh, poniendo fin a la guerra civil y tomando el control del país. Inmediatamente, Pol Pot y los demás líderes guerrilleros ponen en marcha su plan de convertir a Cambodia en una utopía maoísta: declaran que desde ese momento es el Año Cero, el inicio de una nueva sociedad estrictamente agraria y campesina, por lo que todo lo que representa el pasado debe ser destruido. Intelectuales, artistas, monjes y diplomáticos son ejecutados sumariamente. Paradojalmente, para alcanzar su utopía de una sociedad de iguales el Khmer Rouge divide a la población en dos grupos: los llamados "old people" y los "new people". Los primeros son los dóciles e ignorantes campesinos que habían sido "liberados" antes de la caída de la capital. Según el nuevo orden, ellos son personas puras, aptas para convertirse en ciudadanos revolucionarios. Los segundos fueron los habitantes de las ciudades, impuros, sosepechosos de ser enemigos, desprovistos de todos sus derechos y considerados de segunda clase. También eran llamados "gente del 17 de abril".

Las ciudades fueron desalojadas a la fuerza para relocalizar a la población en centros de trabajo. Hombres, mujeres, niños y ancianos fueron obligados a realizar una larga marcha hacia estos centros. Los enfermos eran dejados a su suerte en los hospitales, las mujeres daban a luz en los caminos, los niños fallecían en las orillas de los caminos. Dos millones de personas fueron movilizadas, alejadas de sus hogares mientras las familias eran deliberadamente separadas ya que este concepto debía desaparecer para la construcción de una nueva sociedad. Padres, madres e hijos eran enviados a campos de trabajos ubicados en posiciones geográficamente opuestas para separarlas de por vida. Toda la vida se hizo comunitaria, se prohibió todo tipo de cantos o arte anterior a la toma de poder. El matrimonio se transformó en un rito meramente legal cuyo fin era el procrear nuevos revolucionarios.

Pronto empezó la persecución hacia el "enemigo interno". Se establecieron los llamados "killing fields", como el que pude conocer a las afueras de Phom Penh. Al entrar, una stupa conmemorativa que guarda los cráneos de 8 mil personas te da la bienvenida, dejándome shockeado. Un carte invita a rezar por los muertos y a meditar por unos minutos. Una muestra fotográfica y un corto video me dejan con un nudo en la garganta: el nivel de crueldad alcanzada no tuvo límites. Los líderes del Khmer Rouge, a pesar de todos contar con estudios universitarios en el extranjero, hicieron matar a todas las personas que tuviesen un nivel cultural superior, como profesionales y monjes. Parte de su paranoide política fue la de eliminar no sólo al supuesto "enemigo", sino que a toda su familia para evitar retaliaciones futuras.
Stupa (monumento budista) con 8 mil cráneos de víctimas. Killing Field.

Los prisioneros que llegaban a los campos de exterminios, luego de haber sobrevivido a la tortura, eran ejecutados a palos o con instrumentos de labranza transformados en armas, lanzados a fosas comunes y degollados. No había diferencias: se han encontrado restos de mujeres embarazadas y niños pequeños. Los bebés eran azotados contra el tronco de un árbol hasta la muerte. Miles de restos han sido encontrados por todo el país.

Antes de ser enviados a estos campos de la muerte, los prisioneros de la capital pasaban al centro conocido como "S-21" (actual Museo del Genocidio"), un antiguo colegio transformado en centro de detención y tortura, donde las salas de clases fueron transformadas en lugares de interrogación, separadas por tabiques donde en diminutas celdas los prisioneros esperaban su fatal destino. Ellos eran mantenidos encadenados al piso, y muchas veces encadenados entre ellos para evitar cualquier movimiento. Un cartel muestra la feroz reglamentación del centro, donde los prisioneros estaban a la completa merced de sus verdugos, sin ningún tipo de derechos, dando lo mismo si eras mujer o un simple niño. Fotos de los prisioneros con sus rostros emanando terror son exhibidas: bajo el régimen de Pol Pot cualquiera podía ser enemigo. Pasé minutos observando una enorme foto sacada de los archivos del centro donde una mujer, con su rostro aterrorizado, sostiene entre sus brazos a su pequeño bebé. Una lágrima cae por su mejilla. No dejo de pensar que para las mismas fechas compatriotas míos sufrieron vejámenes parecidos en mi país, y de la importancia de no olvidar para que esto no se vuelva a repetir.

Cualquiera podía ser catalogado de enemigo del estado. La imagen de la mujer y su bebé me conmovió completamente.

En otras salas se muestra la historia del Khmer Rouge, testimonios de los sobrevivientes y de una delegación sueca que, de visita en los 70s, encontraron (o quisieron encontrar, o los hicieron encontrar, osea, tontos útiles) todo perfecto y en orden. Herramientas de tortura y cuadros pintados por alguno de los 7 sobrevivientes ( de los 20.000 que pasaron por sus celdas) del centro mostrando el horror vivido me dejan profundamente conmovido.

Los Khmeres iniciaron una serie de obras para aumentar la producción de arroz en los convertidos campos comunitarios de trabajo. El sistema fracasó y el hambre se extendió por todo el país, sumado a la inexistencia de transporte público, hospitales y profesionales de la salud significó el hambre para miles. Pronto el "enemigo" fue interno y se iniciaron purgas, donde incluso cercanos a Pol Pot fueron ejecutados. Siempre en busca de enemigos, las próximas víctimas fueron vietnamitas o cualquiera que tuviese alguna relación con ellos, incluso saber el idioma vietnamita fue motivo para ser ejecutado. Una incursión militar a territorio de Vietnam donde se masacró a una aldea de campesino significó la invasión de éste en 1979 y el derrocamiento del régimen, que pasó a ser una guerrilla nuevamente.

El ejército vietnamita encontró un país desolado y una población completamente traumatizada. Se estima que unas dos millones de personas murieron durante los 4 años de terror, un 30% de la población, entre ejecuciones, desplazamientos forzados, hambre y enfermedades. Increíblemente, el nuevo régimen impuesto por los vietnamitas no fue reconocido por la comunidad internacional, quien también hizo oídos sordos a las historias de sufrimiento y a la sed de justicia de los sobrevivientes. Y la justicia tardó en llegar, lamentablemente no para Pol Pot y otros genocidas, quienes murieron antes de ser enjuiciados por un tribunal internacional.

Así dejo Phom Penh una calurosa tarde y, nuevamente en bus, tomamos dirección sur hacia un lugar del cual no teníamos casi nada de información: Sikhanouville.

viernes 13 de noviembre de 2009

Siem Reap

Puede resultar extraño que una de tus primeras conversaciones en Cambodia esa en español, pero ahí estaba yo ingresando al Babel Siem Reap Guesthouse, administrado por Juan, un español que por esas cosas de la vida decidió que su lugar en el mundo era Cambodia. Era de noche y como de costumbre el calor y la humedad hacían sentirme pegajoso, mientras me aplicaba repelente para que los mosquito no festinaran con mi sangre. Cansado luego del largo viaje, las habitaciones e instalaciones del guesthoause resultaron de lo más agradable.

El viaje fue duro. El destartalado autobús no era gran la comodidad, carecía de aire acondicionado y realmente ir a su baño era, por así decirlo, una experiencia. Y una inesperada parada cerca de la frontera para almorzar y entregar una "comisión" para agilizar las visas condimentaron el viaje. Y así fuimos dejando atrás Tailandia hasta llegar a la frontera, un lugar repleto de vehículos y personas moviéndose de un lado a otro. Con la mochila al hombro hicimos la fila para salir de Tailandia y recorrer a pie los 100 metros de "tierra de nadie" entre ambos países, un lugar extraño repleto de casinos donde los cambodianos no pueden ingresar porque los juegos de azar están prohibidos. Luego de sacar la visa correspondiente nos cambiamos de bus y como una cachetada me percaté de que estaba en otro país. Las fronteras tienen ese efecto extraño de ser un cambio radical de ambiente, de sonidos y olores, de todo. En apenas 100 metros todo cambió, y como un puñetazo ves una pobreza que en Tailandia no viste, los rostros, el idioma y el alfabeto cambian y en apenas un par de segundos tu mente empieza a digerir la marea de información nueva. Nuevos transbordos y continuamos nuestro camino, una parada a descansar y con sorpresa niños se te acercan a conversar o jugar con una inocencia increíble. Con razón hay tantos letreros en el camino pidiendo "proteger a la infancia", con la inocencia de estos niños un pedófilo puede hacer lo que quiera. Y los niños te regalan sonrisas y alegran la tarde que ya se va.
En mi mente me imaginé a Siem Reap como un pueblo medio perdido en la selva, pero estaba completamente equivocado. Enormes hoteles se han levantado en los últimos años, repletos de japoneses, chinos y coreanos que vienen de vacaciones a ver la gran atracción del lugar: Angkor. Las calles están repletas de tuk tuks y motos. La gente es amable, ríe permanentemente y hablan muy suave, tanto que parece que grito a cada segundo. Muchas calles son de tierra, y en medio de un pasaje repleto de otros hostales llegamos a nuestro destino.

¿Como podría describir Angkor en palabras? ¿Sería posible que en mi ultra amateur estilo pudiese describir tamaña maravilla? Desde los 15 años uno de mis sueños fue conocer Angkor y sus enormes templos y palacios ricamente decorados. Y ahí estaba yo, estoico a pesar del insufrible calor y tratando de esquivar al ejército de niños que intentan venderte algo que no necesitas ( o si, en el caso de unas buenas botellas de agua) y que son capaces de seguire a donde sea, solo para insultarte cuando se convences que no comprarás las postales de Angkor.


Y ahí están las imponentes ruinas del que una vez fue un poderoso imperio, el Khmer, que impuso su dominio en buena parte del sudeste asiático y que fue en su esplendor la ciudad más grande del mundo, cuando las urbes europeas eran meras villas. Dedicado a Vishnu e iniciado por Suryavarman II, rey-dios, el lugar es un enorme complejo de templos y palacios que puden tomar días recorrer. Lamentablemente yo solo contaba con un día, así que mi recorrido fue maratónico-extenuante. La entrada por un día sale US$20, un tuk-tuk por el día (para que no tengas que caminar tanto) sale por US$15. La felicidad y asombro es simplemente infinita. Y me asombro de cada construicción, de cada tallado o bajorrelieve, de los enormes rostros de piedra de los reyes, de Angkor Wat y Angkor Thom, de Bayón y de la Terraza de los Elefantes, de Preah Ko y Preah Rup, de la niña que vende pañuelos y que se sabe todas las capitales del mundo, de las raíces invadiendo lo que alguna vez fuera una esplendorosa ciudad levantando hacia el cielo enormes ramas que cubren el infinito cielo azul, del enorme Buda recostado semidestruido. Y es tanta la maravilla y tantos los detalles que no sabes donde mirar, tu mente está saturada de imágines y sensaciones, y en un momento solo quiero volver al hostal y descansar, extasiado y feliz, feliz de haber cumplido uno de mis sueños.




sábado 7 de noviembre de 2009

Bangkok 4

Bangkok está atravesada por múltiples canales que le dieron el apelativo de "Venecia del este", por donde surcan botes de diversos tamaños. Y uno de los usos más llamativos que le dan a los canales es el de ocuparlos para vender productos de diferente índole formando pintorescos y coloridos mercados que son un imperdible de la ciudad. Y para allá se dirijieron mis pasos, en busca de los mercados flotantes. Luego de una hora y media de bus pudimos llegar a Damnoen Saduk, uno de los mercados flotantes más conocidos de la ciudad. Nuestro bus nos dejó afuera de unas casas a las que había que hacer ingreso para llegar a uno de los canales, donde una señora dirijía el largo y angosto bote camino al mercado, pasando por fuera de las casas del poblado y observando las atividades cotidianas de sus habitantes: lavando ropa, cocinando, conversando con los vecinos, etc. Luego de un par de vueltas por los canales se hace ingreso al corazón del mercado, un lugar repleto de botes de diferente embergadura todos, completamente todos, repletos de turistas.

Escenas del mercado flotante: locatarios y la nuestra señora conductora del bote.

Un poco de desazón sentí al ver un mercado en teoría tan típico pero al mismo tiempo tan hecho a la medida del turista. Decenas de botes se nos acercaban a ofrecernos frutas, artesanías o souvenirs de diversos precios; en otros, parrillas y cocinillas ad-hoc preparaban diversos manjares. En las orillas otras tiendas ofrecían sus productos o algunos snacks y bebestibles para campear el fuerte sol que nos golpeaba.


El mercado es bonito, a pesar de las hordas de turistas, es un momento grato el observar todo el barullo sentado en tu bote vanvaleándose suavemente al comás de las olitas que formaban los otros botes, sacando las mismas fotos que tu has sacado y comprando, al igual que tu, algunas rodajas de dulce mango. Es hora de recorrer el mercado a pie, a sentir un poco más de cerca el lugar.


Hace mucho tiempo atrás hablé del durian. Si, ese mismo con el que me encontré anteriormente en Singapur, Malasia o Tailandia y del que siempre dije: mi destino es comerte. Y el destino golpeó la puerta al pasar por un puesto de frutas. Sentí su fuerte olor, su forma redondeada con puntas siendo ofrecido y consumido por los tailandeses como si de una de nuestras suaves uvas se tratase. Respiré profundo, le paso la cámara a Jose para que inmortalizara este momento, compro un trozo de pulpa blanca y maloliente y con un tenedorcito de plástico saco un bocado.......
Si el durian huele mal, definitivamente sabe peor. Su pulpa blanquecina es pastosa, el olor se incrementa y definitivamente sabe a algo en descomposición. Mi cara se arruga y apenas puedo tragar, pero ya estoy en esto, saco otro bocado más mientras algunos locatarios no pueden contener su risa al ver a este extranjero tragando a duras penas algo que ellos consideran un manjar. Jose decide probar un poco y su reacción fue la misma: asco. Boto lo que queda de durian y solo me queda decir: lo hice, comí durian, primera y última vez.

No quise colocar mi expresión post-durian........ acá armándome de valor.

Menos mal que me pasaron un rambután para pasar el sabor descompuesto del durian. El rambután es un fruto popular en sudeste asiático, tiene una cáscara dura color rojo con pelos, pero es fácil de pelar y dentro es como una gran uva, fresca y dulce. Continuamos nuestro camino hasta encontrarnos con una simpática y sonriente anciana que sobre un bote ofrece unas masas rellenas con pescado, ¡¡¡ delicioso!!!! Ni idea de que era en realidad, pero rico estaba.

La señora de las masitas de pescado envueltas en hojas.

Partimos de regreso a Bangkok, a retirar nuestras ansiadas visas a Myanmar. Caminamos por los barrios de Silom y Patong, y ya es el turno de conocer China Town. ¿Porqué Santiago no tendrá un Chinatown? siempre han sido lugares donde se ven cosas sorprendentes, muchísima actividad comercial, y magníficos olores de comida, lugares imperdibles en casi todas las ciudades por mi recorridas en estos meses. En el caso de Bangkok está ubicado en el barrio de Yawarat y consta de una calle principal rodeada de muchos pequeños pasajes donde se vende ropa, telas, comida, té, especias , incienso, ofrendas, muñecos de Doraemon y cosas así. En las esquinas destacan tiendas de joyerías, principalmente oro. Y claro está, las carnicerías con sus animales colgando a la intemperie sin ningún tipo de cadena de frío. Empieza a oscurecer y nos dirijimos, luego de mi insistencia de todos los días, a la esquina de Surawong Rd con Patpong: el barrio rojo.
Las guías de turismo indican que existen múltiples barrios rojos en Bangkok. Como he explicado anteriormente, la prostitución no es algo mal visto en Tailandia, sino como una forma normal de salir de la pobreza especialmente para jóvenes venidas desde pequelas aldeas del interior. Esto se remonta a la práctica de la poligamia, recién derogada a principios del siglo XX y al carácter relajado de los tailandeses en ese sentido. También es importante cosiderar que la mayoría de los clientes son tailandeses y no occidentales, a pesar de que muchos de ellos se dedican a buscar amante, novia o incluso esposa a este país. Y este barrio rojo es uno considerado "para turistas", con espectáculos eróticos donde resalta a todas luces el "ping-pong show", espectáculo erótico cuya descripción se la dejaré a su imaginación. Para bien o para mal mis amigos hicieron presión sicológoca para no entrar a ninguno de los locales así que me perdí de otro imperdible de la ciudad (pero otros amigos, en otra ocación si entraron, y por eso sé de que se tratan los shows, es en serio, no miento!!!).

Chinatown

Última noche en Bangkok, adiós Hostal Udee. Tempranísimo tomamos un roñoso y destartalado bus para nuestra próxima aventura: llegar a Siem Riep, Cambodia, por tierra.

domingo 1 de noviembre de 2009

Bangkok 3

Si uno lanzase la hipótesis de que los países son como sus embajadas, al contemplar la embajada de Myanmar en Bangkok uno podría hasta cierto punto validarla, pero eso sería adelantarme un par de semanas de viaje. Sólo diré que el piso era pegajoso, había que llenar un par de burocráticos papeles, los baños eran un asco y uno que otro turista estaba en lo mismo que uno, pagando y haciendo la fila para obtener la mentada visa. Lo bueno es que entre conversa y conversa salieron datos que sirvieron para el resto del viaje.

La entrada pasada hablé algo sobre el rey de Tailandia y sobre cómo los tailandeses profesan un culto alrededor de él. Y bueno, si es alguien tan importante y distinguido debe tener un palacio acorde con su posición, así que hacia allá dirigimos nuestros pasos. Tomamos un bote, nos bajamos en una de las estaciones que daba a un pequeño mercado repleto de cosas deshidratadas y nos encontramos con unas inmensas murallas: el Prha Borom Maha Ratcha Wang, mejor conocido como Grand Palace, residencia tradicional de los reyes tailandeses. Hay que tener cuidado ya que son famosas las estafas a turistas en este lugar, estafas realizadas principalemente por los choferes de tuk-tuk que "gentilmente" te compran la entrada para terminar quizás en que tienda de souvenirs o simplemente desaparecen con tu dinero, lo cual es fácilemente evitable entrando por la entrada principal, la cual es bastante más grande que las entradas "pequeñas". Y ahí estaba yo poniéndome unos pantalones calurosos y ridículos porque está prohibido entrar con pantalones cortos. Describir el palacio es bastante complicado: está lleno de estatuas enormes, pagodas recubiertas de oro, templos, un buda de jade verde, murales, etc. A pesar del fuerte calor ( y mis pantalones) pude recorrerlo completo incluyendo Phra Siti Rattana Chedi (pagoda cubierta de oro), Prasat Phra Thap Bidon (palacio de la coronación, con su trono de oro) y Chakri Mahaprasat Hall. Con razón, un par de meses después, contemplando el palacio de Buckingham en Londres lo encontré sin gracia, porque este sí que es un Grand Palace.
Nuestra segunda visita cultural del día fue el enorme Buda recostado, como no de oro con pies de madreperla.....realmente enorme. El calor y el hambre ya estaban haciendo estragos (el tentenpié de anticucho de cerdo ya era historia) así que comimos en un carrito en la calle una arroz delicioso. Es que la comida tai es tema aparte: es increíble como mezclan sabores, uno es capaz de sentir el sabor picante, agridulce y salado perfectamente en un bocado, ningún sabor enmascara a otro y se mezclan de forma mágica en la boca; la comida es algo importante y la gente la prepara con dedicación y cariño, aunque sea en un humilde carrito callejero.






De vuelta en Khao San para ver los pasajes a Siem Riep, y de ahí a ver otro de los imperdibles de Bangkok: Muai Thai, conocido como boxeo tailandés o kick boxing, pasión de los tailandeses y un espectáculo que de verdad hay que ver. Más que por las peleas (me hubiera sentido estafado dado el precio de las entradas para extranjeros) lo que rodea al espectáculo es lo interesante. Primero los peleadores salen al ring, uno con pantaloncillos color rojo, el otro de color azul. Realizan todo un ritual, rezan con un collar de flores en su cuello, dan vueltas en círculos muy concentrados, se arrodillan, todo mientras una pequeña banda toca música tradicional lo que da un toque místico al asunto. Suena la campanilla, primer round de cinco, se mueven, se estudian, un golpe loco por ahí, una patada por allá, el público en silencio observa. Fin del primer round, un descanso, empieza el segundo y ahora hay más golpes y movimientos. El público empieza a levantarse de su asiento. Fin de segundo round y el gimnasio estalla: todos se paran, gritan y hacen raros movimientos con sus manos, es la hora de apostar y todos buscan con quién. Algunos pasan con billetes en su mano llamandose mutuamente y moviendo sus dedos, hablando por celular y gritando quizás que cosa. Llegamos al último round, es hora de pagar las apuestas y los peleadores, delgados pero ágiles y musculosos se saludan y se van conversando a pesar de las patadas a la cara y los puñetes recibidos.

Y así hasta que nos aburrimos a la sexta pelea (memorable, un chico que parecía tener todas las de perder entregó un huracán de golpes de puños a su flaco y alto contrincante, ídolo) y regresamos al hotel ya que al día siguiente nos embarcábamos en otro de los imperdibles de Bangkok: los mercados flotantes.

(Fotos del Muai Thai no tengo lamentablemente, se me acabó la batería justo !!!)

martes 27 de octubre de 2009

Bangkok 2

Dejamos atrás el Chatuchak Market y tomamos el metro que pasa en sus cercanías. Luego de algunas estaciones nos bajamos y caminamos algunas cuadras hasta toparnos con un canal, llamado Klong Sam Rap,rodeado de casas hasta sus bordes, donde algunos colegiales esperaban el paso del bote para llevarlos a sus hogares. A pesar de los nauseabundo que olía el canal en cuestión, decidimos tomarlo ya que es considerado uno de los "imperdibles" de Bangkok. Luego de algunos calurosos y hediondos minutos se acerca un largo bote que lejanamente nos recordó el querido Citycat de Brisbane, aunque éste era bastante más rústico y humilde. Ya sentados y pensando que haría si me saltaba una gota de agua en la boca el bote inició su marcha a través del canal, pasando muy cerca de las casas donde los tailandeses realizan sus actividades cotidianas. Luego un giro y llegamos al Chao Phraya River, el río que atraviesa la ciudad. Una magnífica vista de los altos edificios, barrios, mercados, casas, autopistas y templos se puede observar mientras el bote recoge niños, adultos, monjes y turistas en las numeradas estaciones, confirmando mi gusto por las ciudades cruzadas por ríos, lástima que en Chile sean tan pocas, destacándose Valdivia en ese sentido (no me vengan a decir que el Mapocho es un río, menos que es bonito).
Servicio de botes por el río Chao Phraya y sus canales.

Nos bajamos en una de las estaciones y llegamos al Golden Mouthen, un complejo de templos localizado sobre una pequeña colina artificial coronada con una gran cúpula dorada y rodeada de hermosos jardines que llaman a la meditación y reflexión en medio de esta siempre ajetreada urbe. A pesar del calor, humedad y del miedo constante de estar deshidratados subimos , encontrándonos con antiguas estatuas, campanas de oración y muchos monjes rezando, tanto como las estatuas doradas de Buda. En uno de los costados de la colina un gran Buda dorado en actitud de meditar, rodeado de flores, incienso y ofrendas nos sorprende.


Imágenes de Golden Mouthen

Satisfechos con nuestra visita espiritual del día bajamos y nos topamos con The City Parapet Phrakan Fortress, que mucho la atención no nos llamó. Caminamos por una amplia avenida que estaba completamente repleta de gigantografías de la reina, ya que su cumpleaños es justamente en agosto y la ciudad se estaba preparando para tan especial fecha. Nos topamos prontamente con oto complejo de templos, llamado Loha Prasat, con construcciones hermosas pero para nuestro pesar se encontraban cerradas. Siguiendo por la avenida nos encontramos con el enorme Monumento a la Democracia, cosa singular en un país donde el rey tiene tanto poder y se han sucedido régimenes militares y golpes de estado.
Loha Prasat

Un par de cuadras más allá el orden simétrico del Monumento a la Democracia se desvanece al ingresar a Khao San Road, la meca del mochilero. Una calle repleta de tiendas de ropa, convenience stores, artesanías, restoranes y bares, gente de todo el mundo paseando y comprando chucherías, preparándose para otros viajes o solo disfrutando de los días en Bangkok. Esta calle concentra buena parte de hoteles, hostales y backpackers de la ciudad, por lo que es un sector bullicioso, siempre repleto de gente y actividad. Infaltables son las vendedoras de "ranas", un ejército de mujeres vestida con un traje típico que venden unas ranas de madera hueca que, al pasar un palo por su espalda, provocan un sonido idéntico al de una rana. Novedoso, si es que yo no lo hubiese comprado meses atrás en Phuket, y simpático si no fuese porque la jauría de vendedoras de rana se te acercan cada 5 minutos haciendo el famoso sonido hasta que quedas completamente hastiado de ellas. En esta calle y en las adyacentes se pueden realizar buenas compras, siempre regateando (pero no tanto) especialmente poleras que sabes que destruirás en las próximas semanas, y otras chucherías como imanes o gorros. Oscurece y el hambre ataca, nos metemos por un estrecho pasaje para decubrir el "De Hippie" restorán, agradable rincón donde comí una exquisita y picante costilla de cerdo con arroz (como no). Para bajar semejante manjar, nada mejor que tomar una refrescante cerveza. Nos atiende una sonriente y guapísima chica tai enfundada en un diminuto y apretado traje que provoca que mi sudoración aumentase. El mini traje de la chica corresponde a una marca de cerveza, así que adivinando un poco el cuento me hago el lindo y le pido la marca que ella promociona. Y acerté, dado que a las chicas les dan una comisión por cerveza vendida de la marca impresa en su ropa, así que te atienden de lo mejor, lo cual siempre es grato considerando la sensualidad exótica que emanan estas chicas a cada segundo. No me malentiendan, esto no es Phuket y su ejército de prostitutas, sino simples bares (algunos instalados a la mala en plena vereda, ¡¡y hasta con música en vivo !!!) donde se preocupan de atender bien al cliente, y bueno, si pasa algo más ya será cosa de cada uno. Yo por mi parte me retiré al hostal ya que mañana teníamos una "misión imposible" que cumplir: sacar nuestras visas a Myanmar.


Khao San Road y las deliciosas costilitas