El mercado es bonito, a pesar de las hordas de turistas, es un momento grato el observar todo el barullo sentado en tu bote vanvaleándose suavemente al comás de las olitas que formaban los otros botes, sacando las mismas fotos que tu has sacado y comprando, al igual que tu, algunas rodajas de dulce mango. Es hora de recorrer el mercado a pie, a sentir un poco más de cerca el lugar.
Hace mucho tiempo atrás hablé del durian. Si, ese mismo con el que me encontré anteriormente en Singapur, Malasia o Tailandia y del que siempre dije: mi destino es comerte. Y el destino golpeó la puerta al pasar por un puesto de frutas. Sentí su fuerte olor, su forma redondeada con puntas siendo ofrecido y consumido por los tailandeses como si de una de nuestras suaves uvas se tratase. Respiré profundo, le paso la cámara a Jose para que inmortalizara este momento, compro un trozo de pulpa blanca y maloliente y con un tenedorcito de plástico saco un bocado.......
Si el durian huele mal, definitivamente sabe peor. Su pulpa blanquecina es pastosa, el olor se incrementa y definitivamente sabe a algo en descomposición. Mi cara se arruga y apenas puedo tragar, pero ya estoy en esto, saco otro bocado más mientras algunos locatarios no pueden contener su risa al ver a este extranjero tragando a duras penas algo que ellos consideran un manjar. Jose decide probar un poco y su reacción fue la misma: asco. Boto lo que queda de durian y solo me queda decir: lo hice, comí durian, primera y última vez.
Partimos de regreso a Bangkok, a retirar nuestras ansiadas visas a Myanmar. Caminamos por los barrios de Silom y Patong, y ya es el turno de conocer China Town. ¿Porqué Santiago no tendrá un Chinatown? siempre han sido lugares donde se ven cosas sorprendentes, muchísima actividad comercial, y magníficos olores de comida, lugares imperdibles en casi todas las ciudades por mi recorridas en estos meses. En el caso de Bangkok está ubicado en el barrio de Yawarat y consta de una calle principal rodeada de muchos pequeños pasajes donde se vende ropa, telas, comida, té, especias , incienso, ofrendas, muñecos de Doraemon y cosas así. En las esquinas destacan tiendas de joyerías, principalmente oro. Y claro está, las carnicerías con sus animales colgando a la intemperie sin ningún tipo de cadena de frío. Empieza a oscurecer y nos dirijimos, luego de mi insistencia de todos los días, a la esquina de Surawong Rd con Patpong: el barrio rojo.
Las guías de turismo indican que existen múltiples barrios rojos en Bangkok. Como he explicado anteriormente, la prostitución no es algo mal visto en Tailandia, sino como una forma normal de salir de la pobreza especialmente para jóvenes venidas desde pequelas aldeas del interior. Esto se remonta a la práctica de la poligamia, recién derogada a principios del siglo XX y al carácter relajado de los tailandeses en ese sentido. También es importante cosiderar que la mayoría de los clientes son tailandeses y no occidentales, a pesar de que muchos de ellos se dedican a buscar amante, novia o incluso esposa a este país. Y este barrio rojo es uno considerado "para turistas", con espectáculos eróticos donde resalta a todas luces el "ping-pong show", espectáculo erótico cuya descripción se la dejaré a su imaginación. Para bien o para mal mis amigos hicieron presión sicológoca para no entrar a ninguno de los locales así que me perdí de otro imperdible de la ciudad (pero otros amigos, en otra ocación si entraron, y por eso sé de que se tratan los shows, es en serio, no miento!!!).
