Motocicletas. Si hay algo que puede describir Vietnam, especialmente HCMC son las motocicletas. Cientos, miles de motos circulando en un torrente sin fin llenando el aire de un zumbido permanente, como una maquinal música ambiental que repleta todos los rincones de la ciudad y de tu mente. En moto crucé la frontera y en moto terminamos medio estafados: en vez de llevarnos a la estación de autobuses de Ha Tien, la ciudad ubicada a unos cuantos kilómetros del puesto fronterizo (donde tuvimos que pagar una pequeña coima al militar de turno) terminamos en una feria donde otros choferes, ahora vietnamitas, nos esperaban para llevarnos a otra ciudad donde sí o sí encontraríamos buses para HCMC. Y ahora voy yo, mi mochila y el chofer líder, un vietnamita flaco (como todos acá) con unos largos y gruesos pelos que la salen desde la garganta. Ya todo esto me huele a tongo, porque hay que pagarles nuevamente y el chofer no para de hablar por celular (con su señora, me dice él) y que se puede hacer, estás en un país donde no entiendes nada de nada porque hablan un idioma que parece lamento de gato y ni siquiera sé muy bien donde diablos estoy, geográficamente hablando. Prefiero, entonces, disfrutar el paisaje: me doy cuenta que estoy cruzando el delta del Mekong.

Hermosísimos arrozales y empinadas montañas al lado de un tranquilo mar, pequeños poblados sugen de la nada y hermosísimas escolares vestidas con prístinos trajes blancos que las hacen ver más estilizadas de lo que son salpican el camino mientras se dirigen a sus clases en bicicleta. El paisaje es de ensueño, cada color resalta en esa luminosa e incierta mañana hasta que llegamos a otra ciudad cuyo nombre no registré solo para comprobar que éramos víctimas de un tongo: nos dejaron en una choza donde un bus nos estaba "esperando", con una tarifa unos 200% superior a lo que nosotros sabíamos que debería ser. Terminamos tomando un minibus hacia otra ciudad, Rách Gía, la más grande en este rincón del mundo y donde terminamos siendo objeto de curiosas miradas, para tomar otro minibus hacia HCMC, lugar donde llegamos cansados, fastidiados y de madrugada al Distrito 1, donde alojamos en el Golden Hotel.
Motos, muchas motos. Hay dos cosas que son características de HCMC: sus millones de motos y las masas de cables en sus postes. Cruzar la calle puede ser toda una experiencia dado que, como podrán adivinar, nadie se detiene por un simple peatón. Así que la técnica es simple: ser parte del fluido. Simplemente llegar a una esquina y cruzar, ser uno con el fluido de vehículos y llegar hasta la otra acera mientras atrás siguen y siguen pasando motos y más motos. Pero nuestro viaje tení auna misión y hacia allá nos dirigimos al día siguiente: Cu Chi Tunnels.




Fue un viaje raro. Primero nos llevaron a una fábrica de artesanías donde los artesanos hacían cuadros con cáscaras de huevos, entre otras cosas. Luego el viaje continuó hacia unas de las cosas más raras que he visto en mi vida: el "Vaticano" de la religión Cao Dai, ubicado en la localidad de Tay Ninh, un extraño culto que mezcla cristianismo con budismo, taoísmo, confucianismo y una pizca de islam, con cuatro sesiones de culto diarios donde los feligreses se visten de blanco y realizan algunos ritos en su iglesia, que viene siendo como una iglesia católica pero con muchos, muchos dragones y ojos y otras figuras. El templo no posee sillas, hay zonas que solamente algunos pueden pisar, está lleno de figuras y cada pilar o figura en el piso tiene un significado espiritual. Los miembros del culto, que a nivel mundial llegan a unos 3 millones, son amables y te indican sonrientes donde puedes andar y donde no. Toda la ceremonia es alegrada con música en vivo y se elevan misteriosos cánticos al cielo. Si toda esta mezcla les parece rara, la cosa se retuerce más cuando descubres que uno de los tres santos más importantes de la religión es ¡¡¡ el escritor francés Víctor Hugo!!!.




Los túneles de Cu Chi son estrechos, oscuros y asfixiantes. Una inmensa red de más de 200 kms de túneles subterráneos ocupados durante los años de la Guerra de Vietnam por parte de la guerrilla para enfrentar a los gringos, una gran muestra de ingenio para sobrevivir y pasar desapercibidos bajo condiciones dificiles, soportando bombardeos y la oscuridad por años. La gente vivía, comía, dormía y moría en los túneles, a veces estando años bajo tierra. En el lugar te muestran además las "simpáticas" trampas con que repletaban la selva los Vietcongs, puntas afiladas, trampas para tigres adaptadas, etc. Así fue como los flacos y pobres vietnamitas les ganaron a la gran potencia, a base de ingenio y perseverancia. Al final, los gringos perdieron por que peleaban una guerra distinta a la de los locales: mientras unos peleaban por detener el comunismo, los vietnamitas peleaban por su independencia.


Aún no sé como podían vivir dentro de esos túneles. Yo estuve unos 15 minutos y salí cansado, traspirado y sucio. Menos mal que nos recibían con un delicioso té y algo de tapioca, comida tradicional de los guerrilleros.

Y ya de vuelta en HCMC, paseando por sus calles, descubrí un gran juego llamado Kau, una pluma con un peso que se patea con los pies, tratándo de mantenerla en el aire. Terminé jugando con un oficina y un par de adolescentes vietnamitas en una plaza, dándome cuenta que no todos los habitantes de este lugar tratan de estafarte, sino que pueden ser amables y sonrientes, disfrutando un sencillo juego aunque te sea imposible comunicarte con palabras. Pero da lo mismo, ya aprendí el valor de una sonrisa honesta.


Hermosísimos arrozales y empinadas montañas al lado de un tranquilo mar, pequeños poblados sugen de la nada y hermosísimas escolares vestidas con prístinos trajes blancos que las hacen ver más estilizadas de lo que son salpican el camino mientras se dirigen a sus clases en bicicleta. El paisaje es de ensueño, cada color resalta en esa luminosa e incierta mañana hasta que llegamos a otra ciudad cuyo nombre no registré solo para comprobar que éramos víctimas de un tongo: nos dejaron en una choza donde un bus nos estaba "esperando", con una tarifa unos 200% superior a lo que nosotros sabíamos que debería ser. Terminamos tomando un minibus hacia otra ciudad, Rách Gía, la más grande en este rincón del mundo y donde terminamos siendo objeto de curiosas miradas, para tomar otro minibus hacia HCMC, lugar donde llegamos cansados, fastidiados y de madrugada al Distrito 1, donde alojamos en el Golden Hotel.
Motos, muchas motos. Hay dos cosas que son características de HCMC: sus millones de motos y las masas de cables en sus postes. Cruzar la calle puede ser toda una experiencia dado que, como podrán adivinar, nadie se detiene por un simple peatón. Así que la técnica es simple: ser parte del fluido. Simplemente llegar a una esquina y cruzar, ser uno con el fluido de vehículos y llegar hasta la otra acera mientras atrás siguen y siguen pasando motos y más motos. Pero nuestro viaje tení auna misión y hacia allá nos dirigimos al día siguiente: Cu Chi Tunnels.
Fue un viaje raro. Primero nos llevaron a una fábrica de artesanías donde los artesanos hacían cuadros con cáscaras de huevos, entre otras cosas. Luego el viaje continuó hacia unas de las cosas más raras que he visto en mi vida: el "Vaticano" de la religión Cao Dai, ubicado en la localidad de Tay Ninh, un extraño culto que mezcla cristianismo con budismo, taoísmo, confucianismo y una pizca de islam, con cuatro sesiones de culto diarios donde los feligreses se visten de blanco y realizan algunos ritos en su iglesia, que viene siendo como una iglesia católica pero con muchos, muchos dragones y ojos y otras figuras. El templo no posee sillas, hay zonas que solamente algunos pueden pisar, está lleno de figuras y cada pilar o figura en el piso tiene un significado espiritual. Los miembros del culto, que a nivel mundial llegan a unos 3 millones, son amables y te indican sonrientes donde puedes andar y donde no. Toda la ceremonia es alegrada con música en vivo y se elevan misteriosos cánticos al cielo. Si toda esta mezcla les parece rara, la cosa se retuerce más cuando descubres que uno de los tres santos más importantes de la religión es ¡¡¡ el escritor francés Víctor Hugo!!!.
Los túneles de Cu Chi son estrechos, oscuros y asfixiantes. Una inmensa red de más de 200 kms de túneles subterráneos ocupados durante los años de la Guerra de Vietnam por parte de la guerrilla para enfrentar a los gringos, una gran muestra de ingenio para sobrevivir y pasar desapercibidos bajo condiciones dificiles, soportando bombardeos y la oscuridad por años. La gente vivía, comía, dormía y moría en los túneles, a veces estando años bajo tierra. En el lugar te muestran además las "simpáticas" trampas con que repletaban la selva los Vietcongs, puntas afiladas, trampas para tigres adaptadas, etc. Así fue como los flacos y pobres vietnamitas les ganaron a la gran potencia, a base de ingenio y perseverancia. Al final, los gringos perdieron por que peleaban una guerra distinta a la de los locales: mientras unos peleaban por detener el comunismo, los vietnamitas peleaban por su independencia.
Aún no sé como podían vivir dentro de esos túneles. Yo estuve unos 15 minutos y salí cansado, traspirado y sucio. Menos mal que nos recibían con un delicioso té y algo de tapioca, comida tradicional de los guerrilleros.
Y ya de vuelta en HCMC, paseando por sus calles, descubrí un gran juego llamado Kau, una pluma con un peso que se patea con los pies, tratándo de mantenerla en el aire. Terminé jugando con un oficina y un par de adolescentes vietnamitas en una plaza, dándome cuenta que no todos los habitantes de este lugar tratan de estafarte, sino que pueden ser amables y sonrientes, disfrutando un sencillo juego aunque te sea imposible comunicarte con palabras. Pero da lo mismo, ya aprendí el valor de una sonrisa honesta.